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La guerra de las derechas por todo Occidente


Por Mathieu Bock-Côté

The Economist es una de las publicaciones más prestigiosas en el mundo anglosajón. Semanario de referencia de las élites mundialistas, fija los términos del pensamiento respetable, librecambista y diversitario.

Se lee para saber qué decir, o mejor dicho, qué no decir. Y es en esta línea que en uno de sus recientes números la revista trata de la derecha clásica occidental (sobre todo, anglosajona) que considera agonizante.

La tesis es la siguiente: durante mucho tiempo, la derecha se adhería a la visión del mundo llamada “modernidad”, si bien proponiéndose moderarla apelando a las virtudes de la mesura y el sentido de los límites. En torno a este programa minimalista, la derecha reunía a liberales y conservadores, reformadores prudentes y defensores del orden establecido. Los reaccionarios y otros delincuentes ideológicos que rechazaban dejarse llevar por el sentido de la historia eran condenados a vivir en los márgenes extremos de la Ciudad.

Pero el mundo ha cambiado. En estos tiempos trágicos, la derecha clásica estaría en retroceso ante el surgimiento de una nueva derecha, que los politólogos militantes califican de “populista”.

Racista, xenófoba, nativista, fascista, esta derecha populista jugaría con los instintos primarios de una población devorada por el miedo al otro y tentada por el repliegue identitario. Reconocemos aquí el habitual vocabulario del progresismo militante que tiene tendencia a “extremoderechizar” sistemáticamente a todos los que se le resisten frontalmente. Pero podemos contar esta historia de otra manera, alejándonos de la “demonología” mediática.

The Economist señala: la trama de fondo de la vida política se metamorfosea. La derecha de ayer se adhería a las instituciones. La derecha en auge estaría, sobre todo, preocupada por la identidad. The Economist quiere ver aquí una regresión tribal y no duda en sermonear a aquellos que participan en tal desliz. Pero las ideologías no flotan en el cielo. Si la cuestión de la identidad se impone en Occidente es, esencialmente, por la presión de la inmigración masiva y de la ideología multiculturalista. Reducir la cuestión identitaria a la acción de demagogos sobre la xenofobia de unas masas que están permanentemente en el odio es la mejor manera de no comprender nada.

A través de la cuestión identitaria, el debate político se recompone. Las divisiones políticas heredadas del Estado-providencia y de la época de la feliz mundialización han caído en desuso. No se trata ya simplemente de redistribuir los frutos del crecimiento en una sociedad apaciguada, sino de redefinir los fundamentos de la comunidad política en una época trágica. En otras palabras, la nueva derecha ya no juega según las reglas del juego. Y ya no es el partido progresista el que dicta a la derecha cómo debe actuar y comportarse. Mientras que la derecha “clásica” reduce la política a su dimensión gestionaria y se refugia en un frío economicismo, la nueva derecha está ideológicamente a la ofensiva. Busca menos esconderse en un consenso ideológico-mediático que asumir la parte conflictual de la vida política.

No se trata aquí de celebrar o de maldecir esta mutación de los códigos de la polarización política, sino de comprender las fuerzas de fondo que la representan. La guerra de las derechas, que corresponde a un cambio de época, se encarna de diversas maneras, teniendo en cuenta la cultura política y el sistema electoral de cada país.

En los Estados Unidos, se inscribe en el marco del conflicto entre conservadores clásicos, neoconservadores, liberal-conservadores, paleoconservadores y nacionalistas proteccionistas. En el sistema político americano, que deja muy poco lugar a los terceros partidos, esta disputa se desenvuelve en el interior del Partido republicano. Sucede lo mismo en Gran Bretaña, aunque su participación en el sistema europeo ha dejado un espacio a la política insurreccional, durante mucho tiempo asociada al UKIP y ahora al Brexit Party. Además, cuando el sistema electoral lo permite, el populismo emerge como una fuerza total, integrada en el juego político, como vemos en Italia con Matteo Salvini. A través del juego político, esta nueva derecha adquiere progresivamente una cierta cultura de gobierno.

En el paisaje global, Francia siempre difiere. Mientras la derecha clásica se ha hundido recientemente, la derecha populista permanece encerrada en su función de “tribuno” del pueblo. El sistema mediático continua diabolizando el patriotismo popular y conservador. Si bien la unión de las fuerzas de derecha continúa siendo una estéril hipótesis, que excita sobre todo a la prensa de izquierdas, estamos en nuestro derecho de preguntarnos cómo el conservadurismo y el populismo podrían conjugarse para encadenar una dinámica política nueva. En Francia, como en todo Occidente, las ideas, o toman cuerpo o se condenan a la impotencia.

■ Fuente: Le Figaro
La guerra de las derechas por todo Occidente La guerra de las derechas por todo Occidente Reviewed by LA GACETA on 3.10.19 Rating: 5

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