Notre Dame ¿Ataque de falsa bandera? - LA GACETA EUROPEA

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jueves, 9 de mayo de 2019

Notre Dame ¿Ataque de falsa bandera?



Por Xiomara Ramírez | 

Antes que nada, quiero dar las gracias a Beatriz Andrade, Adrien Darde, Carlos Powell, JotaEme y Bilyana Martinovski. Juntos hemos atado todos los cabos de la investigación que os traigo.

Hace unas semanas os anticipé, datos mediante, que sospechaba que el incendio de Notre Dame podía ser lo que conocemos como un ataque de falsa bandera. Hoy, ante los nuevos indicios, me reafirmo en mi acusación.

A medida que pasan los días, ha salido nueva información concerniente a lo acontecido el pasado lunes 15 de abril, cuando el corazón de todos los que nos preocupamos por nuestra identidad y cultura se convirtió en cenizas junto con el ático de la católica Catedral Notre Dame de París.

Lamentablemente, el fuego que ha destrozado la Catedral no ha sido más que la representación gráfica de una Francia que ya llevaba meses ardiendo. Y lo que tengo claro es que el responsable de ambos incendios ha sido el gobierno francés, y no es una figura retórica.

Las políticas así como la actitud de Macron han ocasionado que 6 de sus ministros hayan presentado su dimisión en los últimos meses, siendo especialmente llamativa la del ministro del interior Gerard Collomb, quien en su momento se refiriese al presidente como si de un hijo se tratara, para marcharse declarando al Dépeche du Midi: “Muy pocos pueden hablar ya con él… Ha perdido toda humildad”.

La principal preocupación del ahora ex ministro del interior era el exceso de inmigración y la falta de integración por parte de ésta, la cual, juzgaba, está empujando al país hacia un colapso social, como recogía en una entrevista que le hiciera la revista Valeurs Actuelles: “Las relaciones entre la población son muy difíciles. Ya no quieren vivir juntos… Las comunidades en Francia están chocando cada vez más y volviéndose más violentas. Yo diría que de aquí a 5 años la situación puede ser irreversible. Sí, tenemos 5 o 6 años para evitar lo peor. Después…”.

Lo cito una vez más en el mismo momento de su dimisión, cuando se despedía diciendo que “Hoy, vivimos uno junto al otro. Pero, como siempre digo: Temo que mañana viviremos cara a cara”.

Pero sus ministros no son los únicos que se han cansado de sus políticas.

El 17 de noviembre del pasado año, casi 300.000 franceses salían a la calle a protestar en lo que sintieron como la gota que colmó el vaso tras el aviso de una nueva subida de impuestos al combustible. Por ello, vistieron los chalecos amarillos que están obligados a llevar en los vehículos, naciendo así el famoso movimiento que lleva ya 24 protestas consecutivas sábado tras sábado, que cuenta con el apoyo del 61% de la población y que, aparte de exigir la dimisión de Macron, la convocatoria de elecciones anticipadas y un referéndum para dejar la Unión Europea, está harto de:
Su política migratoria de fronteras abiertas donde los inmigrantes reciben alojamiento, escolarización, atención médica, alimentos y demás a costa de los franceses, junto a su inacción y el ocultamiento del elevado índice de delitos cometidos por los mismos, sumado a la pérdida de control de hasta 751 zonas del país, de donde la población nativa, por norma general de clase obrera con pocos recursos, está teniendo que huir; todo lo cual ha derivado en unos cuerpos de la ley debilitados y sobrepasados al punto de estarse suicidando una media de 2 policías por semana.

Sus subidas de impuestos en productos básicos para la clase media y obrera como el combustible, tan necesario para la calefacción que utilizan el 80% de las viviendas en Francia, como para el desplazamiento, sobre todo de los más humildes que se ven obligados a vivir a kilómetros de sus lugares de trabajo por no poder afrontar los alquileres de las principales ciudades.

El cierre de hospitales y centros ambulatorios. La caída de la renta familiar cuyo poder adquisitivo es ahora más bajo que en 2008, año en que estalló la crisis. La firma del Pacto Migratorio de Marruecos. La pérdida de la soberanía nacional en favor de la Unión Europea o, lo que el pueblo siente que es lo mismo, en favor de Merkel, etc.

Si bien en un primer momento las manifestaciones fueron bastante pacíficas, el uso por parte de cuerpos de la autoridad adicionales -compuestos por civiles sin entrenamiento ni preparación- de una violencia desmedida, que incluso amnistía internacional ha criticado instando a que cesen, ha empujado a los Chalecos Amarillos a defenderse, proclamándose el mes de abril como el mes en el que el movimiento pasaba a ser una revolución. La solución de Macron: autorizar el uso de perros policía para enfrentarlos. La respuesta: la revolución dará lugar a una guerra civil.

No es de extrañar que tras dar lo que los medios calificaban previamente como su discurso a la nación más importante donde -se suponía- iba a hablar de las concesiones que iba a dar a los chalecos amarillos, las encuestas realizadas inmediatamente después por el periódico Le Figaro mostraran que el 63% de los franceses no se había creído ni una palabra, concluyendo que el 80% estaba seguro de que los Chalecos Amarillos no se rendirían.

Discurso que por cierto fue pospuesto hasta el jueves 25 de abril pues la fecha inicial coincidió con el oportuno incendio de Notre-Dame. Y digo oportuno porque después de escucharle, le resultó muy conveniente haber recuperado el amor de algunos franceses antes de darles la estacada final. Él mismo abogó por la unión del pueblo en su primera declaración frente a una Notre Dame aún en llamas.

¡Imaginad el resultado de la encuesta si no hubiese inclinado la balanza a su favor ni un poquito!

Y si algo bueno hemos sacado de ser testigos de la desaparición de parte de nuestra historia es que por fin muchos medios de comunicación se han decidido a hacer público el hecho de que, en los últimos cuatro años, se cuentan por cientos los actos de vandalismo y destrucción contra los templos cristianos en Francia. Y todos ellos tienen un denominador común en su motivación: acabar con la cristiandad.

El hecho de que en 2018 el número de iglesias vandalizadas e incluso quemadas por parte de extremistas de izquierda o islamistas superase los mil nos duele, pero lo que nos debe preocupar son las 2.500 mezquitas que hay hoy en terreno galo, muchas de ellas en lo que no hace mucho fuera una iglesia católica. Y es que la ley de Separación de la Iglesia y el Estado de 1905 no solo convirtió a todos los templos cristianos construidos hasta la fecha en propiedad del gobierno francés, sino que como tal pueden hacer con ellos lo que les plazca, lo que se está reflejando en la demolición cuando no la venta de estos ya sea para construir un centro comercial, un parking o una mezquita.

Esto nos despeja cualquier duda de si el gobierno puede o no edificar ahora una Notre Dame más moderna, “adaptada a las nuevas técnicas y desafíos de nuestra época”, como tuiteaba el Primer Ministro Edouard Philippe dos días después del incendio, quien ha anunciado que para ello se organizará un concurso internacional de arquitectos.

Supongo que por “desafío” entenderá la diversificación de la misma, pues se mostró firmemente defensor de la globalización en su debate para la nación del pasado día 9, con una intervención de 4 puntos de la que retiró intencionadamente la parte relativa a la inmigración. Aunque tampoco tenía nada que aclarar en ese punto después de haber agilizado la tramitación de asilo para los inmigrantes de 14 meses a 6.

Christophe Castaner, nuevo ministro del interior, tampoco dudó en declarar frente a uno de los templos de la fe católica más importante del mundo: “Notre Dame de París no una Catedral sino que es de todos”.

Por otro lado, para saber que visión puede tener Macron sobre la futura obra solo necesitamos remontarnos a su discurso en Lyon del 4 de febrero de 2017 cuando dijo que "Ya no existe una cultura francesa. Lo que hay es una cultura en Francia. Es diversa, es numerosa."

Y una vez más, esto nos puede doler pero no es lo verdaderamente alarmante. Lo que debería preocuparnos es que en 2015 el ex presidente de la república, François Hollande, y la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, solicitaron un informe al presidente del centro de monumentos nacionales Philippe Bélaval, y al arquitecto y urbanista Dominique Perrault, llamado Mission Isla de la Cité, con vistas a reformar la distribución así como la imagen de las edificaciones de la isla donde se ubica Notre Dame junto a otros 31 monumentos históricos.

De hecho, la totalidad de la isla de la Cité es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Por ello el informe señala que tamaño proyecto “no hay ninguna forma de que vea la luz”.

La presentación del plan se llamó “Perspectiva de una Metamorfosis”. Un nombre indudablemente poético y premonitorio pues ¿quién reconoce al gusano cuando muta en mariposa?

Cuatro días después de que el techo de la Catedral fuera pasto de las llamas, el arquitecto del informe, Dominique, comentaba en la revista Vanity Fair estar estupefacto ante -literalmente- “este acontecimiento inesperado e improbable.”

Y como no hay dos sin tres, el 24 de abril el consejo de ministros validaba un proyecto de ley supuestamente para permitir que la obra en Notre Dame se acelere en la medida de lo posible, por aquello de cumplir con la promesa de Macron de acabarla en un plazo de 5 años. Este proyecto de ley permitirá hacer excepciones en el Código que regula la contratación de obras públicas; es decir que el Gobierno podrá entregar la obra a quien considere. Y también plantea deshacerse del código de patrimonio para lugares donde haya menos de 35 monumentos históricos como es el caso de la Isla de la Cité que recordemos hemos dicho que tiene 32 monumentos históricos contando con la Catedral.

El plan de la Mission de la Isla de la Cité, además de estar pensado para ser finalizado antes de 2040 y requerir de un presupuesto exorbitante, recoge también la necesidad de reconstruir un lugar adaptado a la diversidad social y cultural no solo de los habitantes de París o Francia, sino de los millones de turistas que anualmente la visitan. Y, dado que el gobierno francés no tenía la Catedral asegurada y el incendio se ha registrado como un acontecimiento accidental y fortuito, queda totalmente justificado el hecho de que la isla se adapte a la inversión y visión de una recaudación globalizada.

Por otro lado, la actitud del ya conocido como antipapa Francisco ha terminado de sacar la carta católica del juego. Primero por tardar casi un día en expresar algún tipo de consideración para con tamaña pérdida histórico-religiosa. Segundo, por rechazar en dos ocasiones el acudir a visitar la Catedral. Y tercero, y tal vez lo más importante desde un punto de vista en el que a un gobierno lo que le importa es el dinero, al dejar claro que su apoyo será meramente técnico y no económico pues considera que, siendo Notre-Dame propiedad de Francia y no del Vaticano, como país autosuficiente los galos deben hacerse cargo del mantenimiento de la misma, recordándoles que pueden usar para ello los fondos que deberían haber recaudado con el precio de las entradas a la torre y a la cripta a lo largo de estos años.

Como respuesta al estilo Trump, ha sido divertida, pero si pensamos que viene del siervo de los siervos de Dios, no es precisamente un ejemplo de humildad, solidaridad, ni fraternidad para con los hermanos franceses. Por no hablar de la imagen que da del catolicismo como su máximo representante.

Y, después de hablar del pueblo y de la élite, ha llegado el momento de hablar de ella, de Nuestra Señora, de Notre-Dame de París, la cual se estima no abrirá sus puertas hasta dentro de 3 años.

Que estaba descuidada es un hecho, y que la culpa ha sido del gobierno de la República también. Recordemos que la ley de 1905, mientras establecía una separación entre la iglesia y el estado, tuvo a bien apropiarse de la Catedral por lo que su restauración es asunto del ministerio de cultura, desde donde destinan 2 millones de euros anuales para su mantenimiento. Pero ¡cuidado!; no hay que confundir mantenimiento estándar con 850 años de paso del tiempo, o al menos 150 desde la última restauración.

En un informe de la revista Time, la periodista Walt describía el nivel superior como un lugar angustioso en lugar de espiritual, comparando a las famosas gárgolas con el malo de Harry Potter, Voldemort, por el desgaste sufrido.

Siendo conscientes de las condiciones en las que se encontraba la Catedral, entre 2010 y 2013 se tuvo a bien prepararla al menos para evitar cualquier posible incendio, principalmente -e irónicamente- en la zona que fue pasto de las llamas: el ático.

Quien fuera el jefe de arquitectos de Notre Dame durante esos años y supervisara el diseño del sistema de seguridad antincendios, Benjamin Mouton, hablaba atónito al día siguiente de la tragedia en la cadena LCI:

“En mis 40 años de experiencia, jamás había visto un incendio de este tipo.”

“Durante el 2010, pusimos a punto toda la instalación eléctrica por lo que no hay posibilidad de un cortocircuito. Toda el sistema de detección y protección de incendios de la catedral fue renovado y adaptado en base a la normativa contemporánea.”

“Cuando me ocupé del sistema de detección de incendios, el cual costó muchísimo dinero… reemplazamos muchísimas puertas por otras resistentes al fuego, limitamos todas las instalaciones eléctricas las cuales además estaban prohibidas en el ático.”

“Es necesaria mucha llama para que arda el roble viejo. Es inverosímil que el fuego haya podido extenderse tan rápido en roble de 800 años.” 

“En la base de la catedral hay dos hombres permanentemente, día y noche, vigilando por si hay alguna alerta, para llamar a los bomberos… Estoy estupefacto”.

He de señalar que esos hombres cuya única misión es vigilar que no haya un incendio en la Catedral son bomberos y que además, como parte de las medidas antincendios una persona ha de comprobar tres veces al día que los detectores de calor y de humo funcionan.

Así mismo, la confirmación de que no había instalación eléctrica en la zona del ático conocida como “el bosque” la tenemos en el documental sobre Notre Dame emitido por el canal público de televisión France 2 hacía tan solo dos meses.

Y volviendo a lo descuidada de la Catedral, en estos últimos años fue la organización sin ánimo de lucro fundada por la Archidiócesis, “Los amigos de Notre-Dame”, la que lanzó una campaña para recaudar los 90 millones de euros necesarios para la restauración que se estaba llevando a cabo, pero los franceses, ahogados en impuestos, se mostraban reticentes a colaborar, considerando que el gobierno debía tener dinero de sobra para hacerse cargo.

Sería en Estados Unidos donde encontrarían donantes. Y finalmente, comenzaron las obras.

La renovación a la que estaba siendo sometida desde 2017 tenía un coste total de 150 millones de euros de los que 110 fueron recaudados por los mencionados Amigos de Notre Dame.

Uno de los asesores de esta organización, Michel Picaud, declaraba en la NBC: “El fuego se inició cerca del techo a la par que otro fuego comenzó en el campanario norte.”

El incendio redujo la aguja y el bosque a cenizas… Afortunadamente, 4 días antes las 16 estatuas que coronaban el techo de la catedral, incluidas aquellas que rodeaban la aguja, fueron retiradas para ser restauradas.

Sin embargo, la oficina del fiscal general de París descartó la causa terrorista o el incendio provocado a las 9 de la noche, centrando la investigación en lo que calificaron de accidente… cuando aún quedaban más de 9 horas para que pudieran extinguir el fuego.

Y ¿a quién culpan del involuntario accidente? A las obras de renovación, por supuesto. Se ha especulado acerca de un cortocircuito en cualquier parte del sistema eléctrico, en los ascensores temporales instalados para la obra o incluso en una campana, y también se ha hablado de no sé cuántas colillas que han aparecido entre los restos del ático.

Pero no han sido más que rumores filtrados a la prensa por autoridades que oportunamente han preferido permanecer en el anonimato. Repito que el propio ex jefe de arquitectos de Notre Dame, Benjamin Mouton, explicaba que todo el cableado fue renovado de forma que un cortocircuito simplemente no era posible.

La mayor revista de construcción y arquitectura de Francia, Batiactu, también se hacía eco de la declaración de un especialista del sector: “El incendio no puede haber sido provocado por un cortocircuito. Se necesita una inmensa fuente de calor inicial para que ocurra tamaño desastre. El roble es una madera particularmente resistente.”

Por otro lado, la opción que implicaba a los ascensores de la obra situados en el andamiaje externo, no fue más que un chisme de los medios pues como bien explica el portavoz de la empresa responsable de la misma, Marc Eskenazi, “…están muy lejos del campanario, y ya se ha concluido que el incendio comenzó en el interior del edificio”.

Respecto a las campanas, quien instalase el sistema eléctrico en algunas de las 10 campanas de la Catedral, Nicolas Gueury, afirmó que literalmente es imposible que se haya producido un cortocircuito en las mismas, destacando que triplicaron las precauciones instalando multitud de medidas preventivas redundantes, incluyendo disyuntores y blindajes. 

Y si hablamos de los cigarros… obviando la parte en la que no debieron fumar allí pues está prohibido, podríamos centrarnos en el hecho de que las noticias que hacían referencia a los mismos simplemente destacaban el hecho de que hubieran aparecido colillas entre los restos del ático a modo de titular tendencioso, explicando a posteriori que no podía relacionarse de ninguna forma con el incendio. Julien Le Bras, representante de la empresa encargada de restaurar la aguja, se pronunciaba al respecto: “Hablamos de carpintería de roble, de piezas enormes y auténticamente excepcionales. Se necesita una verdadera fuente de calor para prender este tipo de secciones de madera”.

Como vemos, muchas personas relacionadas con la Catedral de una forma o de otra han expresado cierto resquemor hacia la dirección tomada por la investigación oficial.

Desde la empresa responsable de la obra de la aguja, que no solo ha demostrado su capacidad y preparación para dicha tarea sino que ha podido probar su inocencia en tantas ocasiones como han querido inculparles, además de recalcar que el roble no prende sin una fuente de calor potente, remarcando así el testimonio del que fuera jefe de arquitectos de Notre Dame durante más de 10 años, quien además tuvo como misión garantizar y actualizar la seguridad antincendios de la misma haciéndola inmune a posibles fallos eléctricos. Lo mismo que defiende el encargado del sistema eléctrico de parte de los campanarios.

Y mientras la duda crece entre quienes analizamos un poco más lo acontecido la noche del 15 de abril, el gobierno de Macron alimenta la desconfianza al prohibir a los 39 arquitectos del país especializados en monumentos históricos hablar con los medios sin previa autorización del ministerio de cultura. Literalmente, si reciben una solicitud para una entrevista, deben comunicárselo a la oficina del ministerio desde donde les dirán qué preguntas y qué respuestas se les permite abarcar.

Centrémonos ahora en otros detalles.

En abril, según la web oficial de la oficina de turismo y congresos de París, el horario de apertura de Notre Dame para los tours guiados es de 10 a 18:30, permitiéndose el último pase 45 minutos antes del cierre. Esto significa que la última entrada se debía producir a las 17:45.

Sin embargo, desde marzo de 2018 la misma web alertaba, sin aportar razón alguna, de que el lunes 15 de abril de 2019 la Catedral cerraría de forma excepcional a las 17:30. Hablamos del lunes de incendio. Hablamos de la web oficial de turismo. Hablamos de que en otras ocasiones donde el horario o el acceso a la catedral se ha visto alterado sí que explican a qué se debe. Como cuando informaron de que tras el aviso de huelga programada para el 15 de septiembre de 2016, las torres estarían cerradas.

Por otro lado tenemos la última misa del día que, como así consta en la web oficial de la Catedral, comenzó a las 18:15. Cientos de parisinos asistían a la misma, acompañados de turistas paseando por los laterales por libre, cuando aproximadamente a las 18:20 sonó la primera alarma. Una alarma que, según el testimonio del durante quince años organista de la catedral, Johann Vexo: “ni el sacerdote, ni el cantante que me acompañaba ni yo la habíamos oído nunca. Comenzó con una sirena y luego un mensaje en francés e inglés que invitó a los visitantes a evacuar el edificio en paz”.

El organista explica que tras un minuto de desconcierto, poco a poco turistas y feligreses abandonaron el templo con mucha tranquilidad: no se percibía humo o fuego. Entonces se dirigió hacia la sacristía donde afirma haber visto el panel de control de la alarma que decía haber detectado fuego en el ático. Y siguió sin creérselo.

En ese momento, uno de los bomberos que vigilan la Catedral las 24 horas del día, subió al ático para averiguar qué estaba ocurriendo. No encontró señal alguna de fuego.

Sin embargo, a las 18:43, 23 minutos después, suena una segunda alarma y el bombero vuelve a subir al ático: esta vez las llamas en la cúpula eran visibles a 2 kilómetros de Notre Dame.

Muchos medios han criticado la falta de previsión de riesgos que acarrean los 6 minutos que se tarda en lograr acceder al ático aun estando en forma como es el caso de los bomberos que patrullan la catedral, y de cómo esto influyó en el tiempo que se tardó en poder pedir ayuda.

Una vez más, recurro al ex jefe de arquitectos Mouton para explicarlo: “Es cierto que, incluso para una persona en forma, se tarda un tiempo, pero nos pareció un tiempo razonable teniendo en cuenta que era roble viejo y no prende de esa forma”.

Ahora me gustaría compartir con vosotros las conclusiones de una par de personas que considero pueden tener cierto peso.

Primero, paso a citar al comandante del ejército francés Patrick Nicolle: “Este incendio podría ser y es de hecho un acto criminal, voluntario y bien calculado. Es imposible que un cortocircuito pudiese generar la chispa necesaria para ocasionar un fuego tan considerable. Es imposible. Los expertos con los que hablé esta misma mañana, al igual que yo confirman que es imposible. Así que todo sugiere que efectivamente este incendio es un acto criminal, perpetrado sin duda alguna por cuestiones políticas.”

Y en segundo lugar quiero citar a Steve Pieczenik, pero antes voy a presentaros una ínfima parte de su increíblemente extenso currículo para que podáis poner su opinión en perspectiva.

De ascendencia ruso-polaca, criado en Francia y con nacionalidad estadounidense, Steve Pieczenik domina 5 idiomas.

Ha ejercido de asistente Adjunto de la Secretaría de Estado para Kissinger; Secretario Adjunto de los presidentes Ford, Carter, Reagan y Bush; consultante para la reestructuración de la oficina de prevención de terrorismo del gobierno de los Estados Unidos; especialista en situaciones de rehenes en el extranjero; psiquiatra para la C.I.A.; miembro del consejo de relaciones exteriores; conocido como “un psiquiatra y científico de la política en el departamento de estado de los estados unidos, cuya experiencia y credenciales manejando situaciones de terrorismo son probablemente únicos entre los oficiales”.

Ahora paso a citarle: “El incendio de Notre Dame fue un ataque de falsa bandera… Macron es un niño consentido y mimado… es narcisista. Es un sociópata. Fue adiestrado por la familia Rothschild... Este incendio fue muy oportuno: justo antes del domingo de resurrección tienes una iglesia católica en llamas. Un símbolo de la cristiandad de 800 años en un país que perdió su cristiandad en la Primera Guerra Mundial. Así que tenemos un país de incrédulos a los que él no puede controlar: tenemos protestas (chalecos amarillos), rechazo al islam, un alto antisemitismo y, en pocas palabras, una economía que no está funcionando. ¿Qué haces? ¡Creas un ataque de falsa bandera! Cuando quieres… unificar un país, creas una falsa bandera”.

En resumen: tenemos un país donde el nacionalismo crece inspirado por el instinto de supervivencia de la población nativa, como advirtiera su propio ministro del interior hasta que optara por dimitir, cansado de un presidente que hace oídos sordos al llanto de su pueblo.

Un pueblo que lleva ya 24 semanas tomando las calles en unas protestas que han dado lugar a una revolución y que, al ritmo que está escalando el nivel de violencia, podría convertirse pronto en una guerra civil por la negativa de un líder al que el 63% de este pueblo no cree ya cuando habla.

Y por el camino tenemos al mayor símbolo de esa población convertido en la máxima representación gráfica de lo que están viviendo… y es que Nuestra Señora de París no lloró en la noche del lunes. Notre Dame fue quemada al igual que su gente.

850 años de historia quemados para posponer un discurso que no iba a gustar a nadie, en un último intento de unir al pueblo, tomándolo una vez más por imbécil pues muchos, más de los que cree el amo y señor, han atado cabos respecto al ataque de falsa bandera más burdo de la historia reciente.

Así pues, recapitulemos:

Un proyecto previo, calificado por sus mismos autores como inviable, para renovar no solo la Catedral sino la isla en la que se ubica, y que el oportuno accidente ha permitido redactar leyes que lo posibilitan, y que lleva implícita la intención de diversificar y multiculturalizar el mayor monumento al catolicismo del país, justificado con el hecho de que gente diversa y multicultural están colaborando en la reconstrucción del mismo.

La web oficial de turismo alertando con meses de antelación del cierre temprano.

Una alarma que empleados de más de 15 años de la Catedral no habían escuchado jamás.

Bomberos que no encuentran señal alguna de fuego.

Pareciera que alguien no quería víctimas… ¿sería por conciencia o por no requerir de una investigación más seria y profunda de interés internacional?

Arquitectos, ingenieros, carpinteros… ninguno encuentra explicación para tamaño fuego, para su rápida propagación, para su fiereza. Pero todos son capaces de desmontar una a una las teorías que se van lanzando al aire. Un fuego que individualmente es inexplicable, y además testigos afirman, se inició en dos puntos a la vez.

Un fuego que está siendo investigado únicamente como un accidente desde apenas tres horas después de iniciarse.

Estatuas casualmente retiradas días antes, cuyo peso al desplomarse desde tal altura habrían producido destrozos aún mayores en el interior.

Especialistas en monumentos históricos silenciados por el gobierno.

Y para rematar, Jean-Louis Georgelin, general del ejército francés y ex jefe del Estado Mayor, ha sido designado como responsable de velar por los futuros trabajos de reconstrucción de la Catedral en una maniobra que, como señala el comandante Nicolle, tiene la clara intención de que ningún civil tenga acceso a toda la información.

Termino con las palabras de una testigo de entre los millones que aquella noche observamos impotentes a Notre Dame consumirse entre llamas: “Estoy destrozada. Es un símbolo de París. Es un símbolo de la cristiandad. Es un mundo entero lo que está colapsando.”

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