No, no es islamofobia - LA GACETA EUROPEA

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martes, 16 de abril de 2019

No, no es islamofobia


Por Yolanda Couceiro Morín |

El auge de la Nueva Derecha en Europa asusta a los peones del Sistema. Y por eso, a la vez que aumentan los votos para partidos identitarios, los medios despiertan y agitan a los fantasmas del odio y azuzan el miedo al racismo, a la xenofobia, y más recientemente, a la islamofobia. Es un tema que preocupa a muchos lectores, y por eso mismo he considerado oportuno escribir sobre el mismo.

Se califica a la llamada "extrema derecha" como "xenófoba", "racista", "fascista", "nazi".... y ahora parece ser que también quieren llamarla "islamófoba". Y aunque esos adjetivos carecen de sentido si se hace un análisis exhaustivo y profundo, sí es cierto que detrás de cada uno de ellos hay jugosas subvenciones que quienes las reciben no desean perder. En román paladino: si la xenofobia (o el racismo, la islamofobia...) no existiera, ¿cómo iban a pedir ayudas económicas para luchar contra ella los que viven sin trabajar de ese cuento de nunca acabar?. El mundo en que vivimos desgraciadamente no siempre funciona con honestidad cuando hay dinero que percibir de por medio.

Pero, en fin, no es ése el tema de este artículo. De lo que quiero hablar es de cómo se llama islamófobo, racista, xenófobo, o cualquier lindeza por el estilo, a quienes se oponen a la pérdida de la identidad cultural europea, a quienes alertan por la pérdida de libertades en Europa, especialmente, la libertad de expresión, a quienes se quejan de la pérdida de seguridad en las calles, o a los que denuncian la imposición de costumbres ajenas a nosotros, que ni nos gustan ni queremos adoptar: ablación del clítoris, uso de pañuelos en la cabeza o de niqabs y burkas, matrimonios concertados contra la voluntad de los contrayentes, menores en muchos casos, sobre todo en el de ellas, crímenes de honor...

Lo primero que hay que aclarar es que criticar las costumbres no supone criticar a quienes las practican. Si critico determinadas prácticas o costumbres del cristianismo no estoy atacando ni a la religión cristiana, ni a quienes la practican, y lo mismo sucede con la religión islámica. Decir que algo no es bueno para Europa, y dar argumentos de por qué opino así es simplemente ejercer mi derecho a la libertad de expresión en un sano debate. Y eso no es ni debería ser calificado como "delito de odio". Sin embargo, la realidad es que estamos retrocediendo al tiempo en que criticar una religión te podía costar la hoguera, aunque sea metafóricamente. Estamos perdiendo derechos y retrocediendo en libertades. Ya no podemos exponer nuestras ideas sin miedo a la represalia o al castigo, que es, por otro lado, la característica principal de las dictaduras. En Europa, en España, vivimos una dictadura soterrada, disfrazada de democracia, pero que no es tal si no puedes pensar libremente, si no puedes decir libremente que no quieres esto o aquello para tu país. Y cada vez hay más gente harta de que le digan lo que tiene que pensar, lo que tiene que decir, lo que tiene que creer, aunque sea mentira. Por eso suben los votos hacia esos partidos que proponen liberarnos de una vez de esta dictadura de lo políticamente correcto y poder decir la verdad tal cual es.

Y la verdad es que es innegable que la inmigración masiva procedente de países musulmanes ha cambiado las sociedades europeas, y no siempre para bien. El islam es un sistema religioso que abarca y engloba todos los aspectos de la vida: social, económico, cultural, político. Y esto se ha manifestado en múltiples conflictos en los países de origen, en los que los musulmanes han pedido, o exigido, cambiar sus costumbres, que les ofenden, pero respetar las suyas, nos ofendan o no. La situación ha llegado a extremos tales como no celebrar la Navidad (que en muchos sitios ya denominan "fiestas de invierno"), prohibir los villancicos en las escuelas, prohibir los belenes en los sitios públicos, prohibir cualquier manifestación religiosa... pero sólo a los cristianos. O imponer la comida halal en los comedores escolares, queramos o no, porque somos nosotros, los no musulmanes, los que debemos ceder siempre, so pena de ser calificados de "islamófobos". Creo que una cosa es que nuestras fiestas o costumbres desaparezcan "per sé", es decir, por agotamiento, porque ya nadie asiste a ellas o no les interesa, y otra muy distinta es que se prohíban por miedo a ofender a otros que, además, no cuentan con nuestra opinión ni les importa. A pesar de que continuamente escuchamos la frase de "son sus costumbres y hay que respetarlas" cuando se habla de fenómenos que no entendemos en nuestra cultura, nunca decimos alto y claro que "son nuestras costumbres y hay que respetarlas". No pido que renuncien a sus costumbres. Pido que no me hagan renunciar a las mías. Y eso, queridos lectores, no es ser islamófoba.

Por otro lado, también es innegable que la ley sharia (ley islámica) en muchas de sus imposiciones es incompatible con la cultura y la legislación europea, en especial en lo que a los derechos de la mujer se refiere, pero no sólo en eso, por supuesto. De hecho, la sharia y su imposición a cualquier precio es lo que da lugar al fenómeno yihadista. Algunos musulmanes afirman que la yihad entendida como la muerte de infieles es una perversión del islam, mientras que otros afirman que no, que ese es el verdadero islam. En los propios países musulmanes se ven diferencias a la hora de interpretarla o aplicarla: en muchos países musulmanes los cristianos son perseguidos, torturados o asesinados; sin embargo, en otros, los cristianos son tolerados y respetados. He denunciado muchas veces esas persecuciones, reales, esas torturas, reales, esas muertes, reales. ¿Contar la verdad me convierte en islamófoba? En Europa, en España, no se persigue, se tortura ni se mata a nadie por ser musulmán. Sin embargo, sí que vemos con frecuencia que ha habido detenciones de yihadistas que captaban seguidores en tal barrio o en tal lugar. Hablar de ese peligro real, pedir que se controle ese peligro real, pedir a las autoridades más control, ¿me convierte en islamófoba?

Es posible que exista una gran diferencia entre los musulmanes digamos radicales o yihadistas, que quieren la aplicación literal de la ley sharia para todos a la fuerza y del modo que sea, y los musulmanes que no quieren imponer su sistema de vida a los infieles, sino simplemente vivir en paz. No me importa cuál de los dos grupos está más cerca del verdadero islam, que lo discutan entre ellos y lleguen a un acuerdo. Pero no puedo estar de acuerdo con los primeros, y sin embargo, sí respeto a los segundos, de la misma manera que respeto a los budistas, a los protestantes, a los ortodoxos, en definitiva, a los adeptos de cualquier creencia que no atente contra mis derechos, que no se me intente imponer y que no me exija renunciar a mis costumbres. Si los budistas, por poner un ejemplo, vinieran en gran número a España, y además, intentaran imponerme sus costumbres o exigieran que renunciara a las mías, mi discurso sería contra eso. No por budistas, como no es por musulmanes en el otro caso, no por pertenecer a una religión u otra, sino por exigir que renuncie a mis costumbres o mis tradiciones para imponerme las suyas.

Decía Ayaan Hirsi Ali que la islamofobia es un mito, que no existe, que es sólo una excusa que ha encontrado el islam radical para impedir cualquier crítica a sus métodos. No existe "cristianofobia", no existe "budismofobia" o "protestantismofobia". ¿No resulta curioso que sólo el islam pretenda despertar fobias, a pesar de que todas las religiones lo hacen? Y, ¿no es más curioso todavía que una chica que se presenta con los pechos al aire en una capilla criticando la religión sea absuelta porque es libertad de expresión, mientras que una simple observación sobre las costumbres extrañas a nosotros pueda ser considerada delito de odio?. ¿Es entonces que unas religiones tienen más derecho que otras? Porque precisamente, España, en 2018, fue el segundo país europeo donde más ataques ha habido contra la fe cristiana (el primero, Francia. Fuente: Observatorio contra la discriminación de los ataques a cristianos en Europa).

No, sinceramente, no hay islamofobia en mis denuncias ni en mis escritos. Lo que hay es una exposición cruda y dura de la verdad. No soy pirómana por informar de que hay una casa ardiendo. No soy psicópata por contar que hay asesinos. No soy islamófoba por exponer determinadas realidades del islam en Europa. No creo que las ideologías o las religiones o las creencias sean buenas o malas en sí. Pero sí afirmo que, de atentar contra mis propias ideas o creencias, o de ver que se me pretende imponer que renuncie a mis costumbres, a mis tradiciones, quiero tener la libertad de expresarlo, de decir lo que quiero o no para mi país, para mi gente, para mis hijos: quiero tener voz, si no puedo tener voto.

Lo que yo quiera será viable o no, pero no quiero tener que callarme y aceptar lo que me impongan simplemente porque algún político ha hecho un cálculo en posibles votos futuros, o una oenegé se está frotando las manos pensando en la subvención que va a recibir para impedirme decir libremente lo que pienso y deseo y tachándome de algo que no soy ni me siento.

Y no, ni soy ni me siento islamófoba.

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