Feministas: No habléis ni por mí ni en mi nombre


Por Yolanda Couceiro Morín | 

No puede decirse que nos ha pillado de sorpresa la movilización de la izquierda andaluza y por extensión la española ante la pérdida de su feudo particular, su chiringuito favorito, su cortijo privado: la comunidad autónoma de Andalucía, donde, desde que empezó la democracia, ha gobernado el PSOE. Muchos comentarios en las redes sociales apuntaban a que no iban a dejar perder el poder "sin liarla parda", que algo harían, y no precisamente bueno ni dentro de lo que podríamos llamar "talante democrático", dado que el PSOE parece regirse, en todos sus actos y palabras, y en los cuatro puntos cardinales de nuestra geografía, por una Ley del Embudo exclusiva: "Si lo hago yo, está bien hecho; si lo hacen los demás, está mal".

El berrinche que ha cogido el PSOE tiene una doble lectura en la que no voy a entrar, porque no es el tema de este artículo y lo haría extensísimo. Simplemente, en resumen, una primera lectura es la que ya he indicado arriba, la de de utilizar la democracia como medio de obtener el poder, que parece ser el fin en sí mismo para ellos. La democracia vale si salgo yo, y si las urnas no me dan la razón, tomo las calles: pateo el tablero. Que es lo que han hecho en realidad. Y una segunda lectura, que también he apuntado un poco más arriba, es la rabia por la pérdida de su chiringuito particular, Andalucía.

En otras comunidades, PP y PSOE van alternando mal que bien con pactos y votos cambiantes. En Andalucía nunca se había dado esta coyuntura. Perder Andalucía supone que, además de perder los beneficios de ese cuerno de la abundancia que son los dineros públicos de la comunidad, empezarán a salir a la luz trapicheos, enchufes, corruptelas, que ya se han ido apuntando durante estos años, y que probablemente suponga para muchos la pérdida de sus privilegios (colocaciones a dedo, prevaricación de todo tipo, clase y condición, nepotismo... ). En fin, todo lo que han podido montar durante cuarenta años de impunidad absoluta, algunas cosas ya se han ido sabiendo (mariscadas, putas, cocaína a cargo del contribuyente, puestos de trabajo adjudicados a dedo, puestos heredados de padres a hijos, etc...) y otras que nos quedan por saber.

En cualquier caso, como digo, no es la misión de este artículo profundizar en ninguna de las dos lecturas, sino ir a los hechos: manifestaciones en muchas capitales de España contra el pacto PP-VOX que ha arrebatado el poder al PSOE.

No, nos engañemos ni permitamos que nos engañen. La realidad es que las manifestaciones simplemente han sido una pataleta infantil, una manifestación de inmadurez política y democrática. Nos han querido vender, siempre con la complicidad de los medios del sistema, que las salidas "espontáneamente preparadas" se han debido a la pretendida derogación de la ley de violencia de género.

La izquierda, que sabe manipular como nadie, ha escogido, de todas las propuestas de VOX, la que le ha parecido mejor, quizás porque ha previsto que con ella sería más fácil mangonear a más gente. Podría haber escogido otra cualquiera, ya que eran bastantes las propuestas de este partido que supongo no son de su agrado, pero escogieron ésa. La propuesta de VOX es algo lleno de sentido común. Copio textualmente de su programa electoral: "Derogación ley de violencia de género y de toda norma que discrimine a un sexo de otro. En su lugar, promulgar una ley de violencia intrafamiliar que proteja por igual a ancianos, hombres, mujeres y niños. Supresión de organismos feministas radicales subvencionados, persecución efectiva de denuncias falsas. Protección del menor en los procesos de divorcio." ¿Qué encierran esas frases para levantar tantas ampollas? En ningún momento se dice que la mujer va a ser ninguneada o que va a perder derechos o que va a pasar a ser ciudadana de segunda. Así que habrá que buscar alguna explicación.

Voy a obviar el hecho de que hay muchos hombres que se suicidan por falsas acusaciones de ex-parejas vengativas, o que la palabra de la mujer sin más pruebas es suficiente para encarcelar al hombre ninguneando la presunción de inocencia y saltándose a la torera el Estado de Derecho, que para los hombres no existe, o que hay muchas mujeres que matan o maltratan a hijos y parejas, y son sistemática y vergonzosamente excluidos de los medios.

Voy a obviar también el hecho de que por ser mujer no hay que creerla "sí o sí", porque la mujer puede mentir igual que puede mentir un hombre, y que en un presunto Estado de Derecho, son los hechos los que deben proporcionar condenas o absoluciones, no la ideología.

Voy a seguir obviando el hecho de que la mayoría de las muertes de mujeres a manos de ex-parejas suelen ser extranjeros (en lo que llevamos de año hasta el momento de escribir esto, todas).

Voy también a obviar el hecho de que la ley se ha demostrado completamente ineficaz para proteger a las mujeres realmente maltratadas, pero sí ha demostrado ser excepcionalmente útil para demonizar al hombre. En realidad no es una ley de igualdad, sino de supremacismo feminista, en la cual el hombre ni siquiera puede defenderse (recordemos el "a la mujer hay que creerla sí o sí" de la ministra Carmen Calvo, que hubiera tenido que ser suficiente para la dimisión inmediata de su autora por tener tal concepto de justicia).

Voy también a obviar el hecho de que cuando el dinero público se ha gastado (o malgastado) en putas, cocaína y mariscadas, ninguna feminista se ha quejado ni ha salido en defensa de la dignidad de la mujer ni por asomo.

Y el último hecho que voy a obviar es que en una democracia hay que aceptar los resultados, te gusten o no. En fin, obviemos todos estos hechos evidentes e incuestionables que ya de entrada convierten a estas manifestaciones en auténticas tomaduras de pelo.

No voy sin embargo a obviar dos hechos incuestionables que me parecen importantes para entender por qué tantas mujeres han salido a la calle a gritar contra el pacto PP-VOX. Y tampoco voy a obviar los titulares de la prensa pesebrera, que, cuanto menos, son escandalosamente manipuladores.

Uno de estos hechos incuestionables es la tasa de paro femenina en Andalucía, que a septiembre del 2018 era del 28,6 % (la nacional es del 16,20 %). Esto engloba a todas las mujeres en edad laboral, y los datos están sacados de la EPA. Pero mirando datos anteriores, nacional y andaluz, de distintos años, en todos, sin excepción, la tasa de paro femenina en Andalucía es una de las más altas de España, y muy por encima de la media nacional. Parece ser que a las feministas este dato no les ha importado excesivamente, pues no se han manifestado por su precariedad laboral durante los cuarenta años de reinado absoluto del PSOE en su comunidad.


El otro hecho incuestionable es la tasa de violencia de género en Andalucía, la mayor de España a pesar de las leyes y del gobierno del PSOE durante varios años. El informe, que he sacado de la web de la Junta de Andalucía y que está actualizado a 10 de enero de este año, nos dice que la tasa de violencia de género con resultado de muerte es del 25, 5 %, del total nacional. Eso en 2018, porque si se juntan los datos desde el 2003 hasta el 2018, Andalucía agrupa el 19.9 % del total de muertes por violencia de género de toda España. Creo poder afirmar, con estos datos, que la ley de género se ha mostrado ineficaz en la protección de mujeres maltratadas y mucho más ineficaz todavía en la de mujeres asesinadas en esa comunidad. Y, sin embargo, desde 2003 hasta ahora, no he conseguido encontrar una manifestación "contra el machismo" en ningún pueblo andaluz. Algo curioso, teniendo en cuenta las que han sucedido estos últimos días, coincidiendo con el cambio de gobierno. (¿Será que no conocen estas estadísticas?).

Dado que ni la elevada tasa de paro femenina de la comunidad ni la no menos elevada tasa de muertes por violencia de género han conseguido movilizar a las feministas durante las décadas de gobierno socialista ¿no cabría pensar que hay una razón más poderosa que la defensa de la mujer? ¿Quizás se deba a que, según el dato que saco también de la página web de la Junta de Andalucía, existen más de dos mil asociaciones feministas en esta comunidad, que, sin embargo, tiene declarados 778 pueblos?. Quizás no todas, pero seguro que una buena parte sí recibe subvenciones más o menos importantes o jugosas, supongo que según la afinidad ideológica con el partido hasta ahora "reinante". Subvenciones, que, eso sí, el pacto PP-VOX pretende cortar. Y hay que convenir que es "ligeramente" sospechoso que frente a las estadísticas anteriores nadie se haya manifestado y ante un cambio de gobierno que promete recortar subvenciones inútiles sí.

Pero la prensa pesebrera, casi siempre a favor de la izquierda, no se cortaba un pelo en los titulares, manipuladores, tendenciosos y, como suele suceder cuando lo que importa no es la verdad, sino la pela, falsos. Así, leo en un periódico digital : "Barcelona se alza contra el machismo en solidaridad con las mujeres andaluzas". ¿Qué machismo? Porque evidentemente, el que ha dado lugar a tantas muertes durante el gobierno socialista, no ha merecido nunca solidaridad alguna. Otro: "Las mujeres se movilizan en toda España a favor de la igualdad". Es tan absurdo que no merece una línea siquiera por mi parte.

Sin embargo, ningún periódico del Sistema cae en la cuenta de que esas mismas mujeres que gritan "contra el machismo" pertenecen o simpatizan o simplemente están manipuladas precisamente por los partidos que se niegan a la presión permanente revisable, que hubiera evitado la muerte de varias mujeres y las violaciones de muchísimas más. ¡Curioso cuanto menos! No tienen ningún problema con ese punto, ni han salido a la calle a pedir seguridad manteniendo a los casos perdidos en la cárcel, cuando el hecho de haberlos liberado sí ha costado vidas y dolor.

Las conclusiones están ahí para quien quiera verlas. Y la incoherencia de los socialistas andaluces ha tenido su eco en las redes sociales. Mucha gente ha entendido a la primera que lo que peligra no es la igualdad, ni es que ahora vaya a haber más machismo que el que hubiera. Lo que peligra son las subvenciones que reciben. Los chiringuitos. Las redes clientelares. El vivir de la sopa boba. Muchas mujeres (y muchos hombres) se preguntaban cómo es posible un día laboral por la mañana asistir a una manifestación. Y muchas mujeres -entre las que me incluyo- se desligaban de ese despropósito diciendo alto y claro: si perdéis las subvenciones, no es mi problema. Pero no habléis por mi, ni en mi nombre.

https://www.juntadeandalucia.es/export/drupaljda/informe_magnitudes_10_01_2019_0.pdf

https://www.juntadeandalucia.es/temas/familias-igualdad/mujeres/asociaciones.html

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