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Aunque Europa no forma parte del mundo musulmán, muchas autoridades europeas parecen no obstante sentirse obligadas a someterse al islam de formas más o menos sutiles. Esta sumisión voluntaria no parece tener precedentes: dhimi, en términos históricos, es el término árabe para los no musulmanes conquistados, que acceden a vivir como ciudadanos de segunda clase, "tolerados", bajo el régimen islámico, sometiéndose a un conjunto distinto y degradante de leyes y a las exigencias de sus señores islámicos.

En Europa, la sumisión a las exigencias del islam, en nombre de la "diversidad" y los "derechos humanos", también se ha producido de forma voluntaria. Esta sumisión al islam es, naturalmente, muy irónica, ya que los conceptos occidentales de "diversidad" y "derechos humanos" no existen en los textos fundacionales del islam. Al contrario: estos textos condenan en los términos más contundentes —y supremacistas— a los que se niegan a someterse al concepto islámico de divinidad —Alá—, ya que los infieles deben convertirse o pagar el impuesto de la yizia [protección] o morir.




Uno de los aspectos más perturbadores de esta rápida propagación de la dhimmitud es la aplicación de facto de las leyes islámicas sobre blasfemia en las jurisdicciones europeas. Las autoridades locales europeas han estado utilizando las leyes del "discurso del odio" para prohibir las críticas al islam, aunque el islam represente una idea —una religión y una ideología— y no una nacionalidad o etnia. El propósito convencional de la mayoría de las leyes sobre el "discurso del odio" es proteger a las personas del odio, no a las ideas. Se diría por tanto que las autoridades europeas no tienen la obligación legal de enjuiciar a la gente por criticar al islam, sobre todo porque la ley islámica, la sharía, no forma parte de la ley europea, y sin embargo lo están haciendo de excesivo buen grado.

El ejemplo más reciente de este tipo de dhimmitud proviene de Suecia, donde un pensionista ha sido imputado por decir en Facebook que el islam es una ideología "fascista". La norma legal por la que se le acusa (Brottsbalken, capítulo 16, párrafo 8-1) alude explícitamente a la "incitación" (en sueco: "hets mot folkgrupp") contra grupos de personas definidos por su "raza, color de piel, origen nacional o étnico, credo o preferencia sexual". Sin embargo, la norma no ilegaliza las críticas a la religión, la ideología o las ideas, porque las democracias occidentales, cuando eran democracias de verdad, no ilegalizaban el libre intercambio de ideas.

La dhimmitud también se manifiesta en Europa en muchos otros aspectos. En el Día Mundial del Hiyab, un acontecimiento que se celebra cada febrero y que fue fundado por una inmigrante bangladesí en EEUU, Nazma Jan, "para combatir la discriminación contra las mujeres musulmanas mediante la concienciación y la educación", varias diputadas británicas optaron por ponerse el hiyab. Entre ellas, Anne McLaughlin, Dawn Butler, exsecretaria de Igualdad de la oposición laborista, y Nasim Shah. Además, el Ministerio de Asuntos Exteriores británico, que parece ignorar la desesperada lucha de las mujeres iraníes por la libertad, y que ha guardado un elocuente silencio durante las recientes protestas de los iraníes contra su régimen[1] llegó nada menos que a repartir pañoletas gratuitas a su personal. Según el Evening Standard, los empleados recibieron un correo electrónico que decía:
¿Te gustaría probarte un hiyab o saber por qué las musulmanas llevan la pañoleta? Ven a nuestro acto de intercambio cultural. Se entregarán pañoletas gratuitas a las que decidan llevarla durante el día o parte del día. Las musulmanas, como muchas otras adeptas de otras religiones, deciden llevar el hiyab. Muchas encuentran la liberación, el respeto y la seguridad cuando lo llevan. #FuerteConHiyab. Únete a nosotras en el #DíaMundialdelHiyab.
Mientras, al menos 29 mujeres iraníes fueron detenidas por quitarse el hiyab, y probablemente sometidas a violaciones y otras torturas, como es habitual en las cárceles iraníes. Sin embargo, las diputadas y empleadas del Ministerio de Asuntos Exteriores estaban celebrando neciamente el hiyab como una suerte de instrumento distorsionado de "empoderamiento femenino".

Este incidente no es tan extraño: en Gran Bretaña abundan algunos de los ejemplos más estremecedores de dhimmitud. Las autoridades británicas tienen desde hace años conocimiento de las violaciones colectivas de menores por pandas de musulmanes, y no hicieron nada para detener estos delitos por temor a parecer "racistas" o "islamófobas".

La dhimmitud se puede ver también en las molestias que se toman las autoridades británicas para excusar o explicar costumbres que se están practicando en las comunidades musulmanas británicas. El jefe de la policía responsable de luchar contra los crímenes por honor, la mutilación genital femenina (MGF) y el matrimonio forzoso, Ivan Balchatchet, escribió hace poco una carta en la que decía que la razón por la que no había habido ninguna condena por MGF (ilegalizada en 1985), a pesar de que se calcula que unas 137.000 mujeres y niñas son víctimas de la MGF en Inglaterra y Gales, es que el delito "tiene muchos matices". Después se disculpó por sus palabras:
Pido disculpas por la carta [...] La MGF es un terrible maltrato infantil. Es inaceptable que no haya habido condenas. Mediante la cooperación, esto es algo que hay que cambiar.
De forma similar, según nuevas cifras, cientos de delitos de violencia "por honor" y matrimonios forzosos quedan impunes en Londres. Los datos muestran que entre 2015 y 2017, la policía registró 759 delitos "por honor" y 265 matrimonios forzosos sólo en Londres, pero sólo se imputo a 138 personas por los delitos. Diana Nami, directora ejecutiva de la Organización por los Derechos de las Mujeres Iraníes y Kurdas, que proporciona refugio a las víctimas, dijo:
Lo que es muy alarmante es que las cifras obtenidas mediante peticiones amparadas por la ley de libertad de información demuestran que, desde la ilegalización del matrimonio forzoso en 2014, hay al mismo tiempo muchas más personas en riesgo que antes de que pidieran ayuda.
La dhimmitud, sin embargo, conduce no "sólo" a la violación de menores, la mutilación genital femenina y los asesinatos "por honor", todo ello propagándose bajo la ceguera voluntaria de las autoridades nacionales, sino también a la obstrucción de la lucha antiterrorista. En una reciente entrevista de la televisión pública SVT, Peder Hyllengren, investigador de la Universidad de la Defensa sueca, dijo:
Corres el riesgo de que te identifiquen como racista de una forma insólita en otros países europeos. Aquí, la cuestión ha sido tan poco polémica como la importancia de combatir el nazismo y la extrema derecha. Pero en Suecia, se tardó mucho tiempo en considerar aceptable hablar sobre el yihadismo de la misma manera como hemos hablado del nazismo.
Hyllengren está siendo demasiado duro con Suecia: los líderes occidentales han estado obstaculizando las medidas contra el yihadismo desde el 11-S, cuando el presidente George W. Bush declaró que el "islam es la paz". El presidente Obama eliminó todas las referencias al islam en los manuales de formación antiterrorista del FBI que a los musulmanes les parecían ofensivas. Theresa May afirmó que el islam es una "religión de paz". El actual gobierno municipal de Nueva York amenazó a los neoyorquinos, inmediatamente después del atentado del pasado octubre en Manhattan, para que no vincularan el atentado con el islam.

Más recientemente, el observador sobre terrorismo del gobierno y analista independiente de leyes antiterroristas, el consejero de la Reina Max Hill, dijo que es "esencialmente erróneo" emplear la expresión "terrorismo islamista" para referirse a los atentados perpetrados en Gran Bretaña y otros lugares. Según un reportaje del Evening Standard, dijo que la palabra "terrorismo" no se debería adherir a "ninguna de las religiones del mundo", y que se debería usar en su lugar el término "terrorismo inspirado por el Daesh". El año pasado, Max Hill opinó que algunos yihadistas que volvían de Siria e Irak no debían ser juzgados porque eran "ingenuos".

En Alemania, la dhimmitud tiene tanto arraigo que la ministra de Asuntos Familiares sugirió hace poco que se podrían evitar las agresiones sexuales cometidas por migrantes musulmanes invitando a más migrantes musulmanes al país, a las madres y hermanas de los migrantes musulmanes que ya están allí. Esta era la respuesta de la ministra alemana a una pregunta en el Bundestag sobre "qué medidas educativas y de prevención de riesgos concretas" estaba previendo su ministerio para "proteger e informar a las mujeres y niñas a la larga sobre el desproporcionado aumento de los ataques físicos, sexuales y las amenazas para la vida que vienen cometiendo los migrantes desde 2015". Esta fue la patética respuesta de la ministra:
Por un lado, esto atañe a los centros para refugiados donde viven los menores sin acompañante. También, por supuesto, está la... sí... cultura machista de la que suelen venir... Eso no es óbice para que intentemos ahora y otras veces debatir este tema aquí, y por supuesto hacer algo al respecto, eso es bastante evidente... Tenemos aquí el informe experto del profesor Pfeiffer, que aporta algunos puntos de partida muy concretos [...] Debemos trabajar con los jóvenes y también sabemos que la reagrupación familiar es importante [...] Él [el profesor] dice justo lo mismo de los hombres jóvenes, sean de aquí o de otra parte, que son más fáciles de manejar cuando sus madres y hermanas están con ellos.
En Europa abundan muchos otros ejemplos de dhimmitud, exhibidos por incontables actores estatales y comerciales. Está la retirada de la cruz, ordenada por un juez presidente de un tribunal alemán, durante el juicio de un afgano acusado de amenazar a otro musulmán por convertirse al cristianismo; H&M, que retira una gama de calcetines después de que los musulmanes se quejaran de que el patrón se asemejaba a la palabra "Alá" escrita en árabe en vertical; un tribunal francés retiró los cargos por delitos de odio de un escrito de la acusación contra un sospechoso de asesinato, que confesó haber asesinado a una vecina judía de 66 años, una mujer a la que había torturado antes de matarla tirándola por su balcón, mientras gritaba "Alá Akbar". Al parecer también llamó "sucia judía" a la hija de la víctima dos años antes del asesinato.

La lista sigue. El jeque Yusuf Qaradawi, el líder espiritual de los Hermanos Musulmanes, que dijo que Europa será conquistada no mediante la espada, sino mediante la dawa, no podría estar más contento, seguramente. Europa se está aprestando a satisfacer su petición.



Mujeres ataviadas con el niqab islámico, durante una manifestación ante la embajada de Francia en Londres, Inglaterra, celebrada el 11 de abril de 2011. (Foto: Peter Macdiarmid/Getty Images).

[1] El ministro de Exteriores, Boris Johnson, se limitó a decir:
Debería haber un debate a fondo sobre las causas legítimas e importantes que los protestantes están planteando, y esperamos que las autoridades iraníes lo permitan [...] Los ciudadanos deberían poder tener libertad de expresión y manifestarse pacíficamente dentro de la ley [...]. Pedimos a todos los concernidos que se abstengan de emplear la violencia y que se respeten todas las normas internacionales sobre derechos humanos.

Europa: Utilización de las leyes del "discurso del odio" para prohibir las críticas al islam

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Aunque Europa no forma parte del mundo musulmán, muchas autoridades europeas parecen no obstante sentirse obligadas a someterse al islam de formas más o menos sutiles. Esta sumisión voluntaria no parece tener precedentes: dhimi, en términos históricos, es el término árabe para los no musulmanes conquistados, que acceden a vivir como ciudadanos de segunda clase, "tolerados", bajo el régimen islámico, sometiéndose a un conjunto distinto y degradante de leyes y a las exigencias de sus señores islámicos.

En Europa, la sumisión a las exigencias del islam, en nombre de la "diversidad" y los "derechos humanos", también se ha producido de forma voluntaria. Esta sumisión al islam es, naturalmente, muy irónica, ya que los conceptos occidentales de "diversidad" y "derechos humanos" no existen en los textos fundacionales del islam. Al contrario: estos textos condenan en los términos más contundentes —y supremacistas— a los que se niegan a someterse al concepto islámico de divinidad —Alá—, ya que los infieles deben convertirse o pagar el impuesto de la yizia [protección] o morir.




Uno de los aspectos más perturbadores de esta rápida propagación de la dhimmitud es la aplicación de facto de las leyes islámicas sobre blasfemia en las jurisdicciones europeas. Las autoridades locales europeas han estado utilizando las leyes del "discurso del odio" para prohibir las críticas al islam, aunque el islam represente una idea —una religión y una ideología— y no una nacionalidad o etnia. El propósito convencional de la mayoría de las leyes sobre el "discurso del odio" es proteger a las personas del odio, no a las ideas. Se diría por tanto que las autoridades europeas no tienen la obligación legal de enjuiciar a la gente por criticar al islam, sobre todo porque la ley islámica, la sharía, no forma parte de la ley europea, y sin embargo lo están haciendo de excesivo buen grado.

El ejemplo más reciente de este tipo de dhimmitud proviene de Suecia, donde un pensionista ha sido imputado por decir en Facebook que el islam es una ideología "fascista". La norma legal por la que se le acusa (Brottsbalken, capítulo 16, párrafo 8-1) alude explícitamente a la "incitación" (en sueco: "hets mot folkgrupp") contra grupos de personas definidos por su "raza, color de piel, origen nacional o étnico, credo o preferencia sexual". Sin embargo, la norma no ilegaliza las críticas a la religión, la ideología o las ideas, porque las democracias occidentales, cuando eran democracias de verdad, no ilegalizaban el libre intercambio de ideas.

La dhimmitud también se manifiesta en Europa en muchos otros aspectos. En el Día Mundial del Hiyab, un acontecimiento que se celebra cada febrero y que fue fundado por una inmigrante bangladesí en EEUU, Nazma Jan, "para combatir la discriminación contra las mujeres musulmanas mediante la concienciación y la educación", varias diputadas británicas optaron por ponerse el hiyab. Entre ellas, Anne McLaughlin, Dawn Butler, exsecretaria de Igualdad de la oposición laborista, y Nasim Shah. Además, el Ministerio de Asuntos Exteriores británico, que parece ignorar la desesperada lucha de las mujeres iraníes por la libertad, y que ha guardado un elocuente silencio durante las recientes protestas de los iraníes contra su régimen[1] llegó nada menos que a repartir pañoletas gratuitas a su personal. Según el Evening Standard, los empleados recibieron un correo electrónico que decía:
¿Te gustaría probarte un hiyab o saber por qué las musulmanas llevan la pañoleta? Ven a nuestro acto de intercambio cultural. Se entregarán pañoletas gratuitas a las que decidan llevarla durante el día o parte del día. Las musulmanas, como muchas otras adeptas de otras religiones, deciden llevar el hiyab. Muchas encuentran la liberación, el respeto y la seguridad cuando lo llevan. #FuerteConHiyab. Únete a nosotras en el #DíaMundialdelHiyab.
Mientras, al menos 29 mujeres iraníes fueron detenidas por quitarse el hiyab, y probablemente sometidas a violaciones y otras torturas, como es habitual en las cárceles iraníes. Sin embargo, las diputadas y empleadas del Ministerio de Asuntos Exteriores estaban celebrando neciamente el hiyab como una suerte de instrumento distorsionado de "empoderamiento femenino".

Este incidente no es tan extraño: en Gran Bretaña abundan algunos de los ejemplos más estremecedores de dhimmitud. Las autoridades británicas tienen desde hace años conocimiento de las violaciones colectivas de menores por pandas de musulmanes, y no hicieron nada para detener estos delitos por temor a parecer "racistas" o "islamófobas".

La dhimmitud se puede ver también en las molestias que se toman las autoridades británicas para excusar o explicar costumbres que se están practicando en las comunidades musulmanas británicas. El jefe de la policía responsable de luchar contra los crímenes por honor, la mutilación genital femenina (MGF) y el matrimonio forzoso, Ivan Balchatchet, escribió hace poco una carta en la que decía que la razón por la que no había habido ninguna condena por MGF (ilegalizada en 1985), a pesar de que se calcula que unas 137.000 mujeres y niñas son víctimas de la MGF en Inglaterra y Gales, es que el delito "tiene muchos matices". Después se disculpó por sus palabras:
Pido disculpas por la carta [...] La MGF es un terrible maltrato infantil. Es inaceptable que no haya habido condenas. Mediante la cooperación, esto es algo que hay que cambiar.
De forma similar, según nuevas cifras, cientos de delitos de violencia "por honor" y matrimonios forzosos quedan impunes en Londres. Los datos muestran que entre 2015 y 2017, la policía registró 759 delitos "por honor" y 265 matrimonios forzosos sólo en Londres, pero sólo se imputo a 138 personas por los delitos. Diana Nami, directora ejecutiva de la Organización por los Derechos de las Mujeres Iraníes y Kurdas, que proporciona refugio a las víctimas, dijo:
Lo que es muy alarmante es que las cifras obtenidas mediante peticiones amparadas por la ley de libertad de información demuestran que, desde la ilegalización del matrimonio forzoso en 2014, hay al mismo tiempo muchas más personas en riesgo que antes de que pidieran ayuda.
La dhimmitud, sin embargo, conduce no "sólo" a la violación de menores, la mutilación genital femenina y los asesinatos "por honor", todo ello propagándose bajo la ceguera voluntaria de las autoridades nacionales, sino también a la obstrucción de la lucha antiterrorista. En una reciente entrevista de la televisión pública SVT, Peder Hyllengren, investigador de la Universidad de la Defensa sueca, dijo:
Corres el riesgo de que te identifiquen como racista de una forma insólita en otros países europeos. Aquí, la cuestión ha sido tan poco polémica como la importancia de combatir el nazismo y la extrema derecha. Pero en Suecia, se tardó mucho tiempo en considerar aceptable hablar sobre el yihadismo de la misma manera como hemos hablado del nazismo.
Hyllengren está siendo demasiado duro con Suecia: los líderes occidentales han estado obstaculizando las medidas contra el yihadismo desde el 11-S, cuando el presidente George W. Bush declaró que el "islam es la paz". El presidente Obama eliminó todas las referencias al islam en los manuales de formación antiterrorista del FBI que a los musulmanes les parecían ofensivas. Theresa May afirmó que el islam es una "religión de paz". El actual gobierno municipal de Nueva York amenazó a los neoyorquinos, inmediatamente después del atentado del pasado octubre en Manhattan, para que no vincularan el atentado con el islam.

Más recientemente, el observador sobre terrorismo del gobierno y analista independiente de leyes antiterroristas, el consejero de la Reina Max Hill, dijo que es "esencialmente erróneo" emplear la expresión "terrorismo islamista" para referirse a los atentados perpetrados en Gran Bretaña y otros lugares. Según un reportaje del Evening Standard, dijo que la palabra "terrorismo" no se debería adherir a "ninguna de las religiones del mundo", y que se debería usar en su lugar el término "terrorismo inspirado por el Daesh". El año pasado, Max Hill opinó que algunos yihadistas que volvían de Siria e Irak no debían ser juzgados porque eran "ingenuos".

En Alemania, la dhimmitud tiene tanto arraigo que la ministra de Asuntos Familiares sugirió hace poco que se podrían evitar las agresiones sexuales cometidas por migrantes musulmanes invitando a más migrantes musulmanes al país, a las madres y hermanas de los migrantes musulmanes que ya están allí. Esta era la respuesta de la ministra alemana a una pregunta en el Bundestag sobre "qué medidas educativas y de prevención de riesgos concretas" estaba previendo su ministerio para "proteger e informar a las mujeres y niñas a la larga sobre el desproporcionado aumento de los ataques físicos, sexuales y las amenazas para la vida que vienen cometiendo los migrantes desde 2015". Esta fue la patética respuesta de la ministra:
Por un lado, esto atañe a los centros para refugiados donde viven los menores sin acompañante. También, por supuesto, está la... sí... cultura machista de la que suelen venir... Eso no es óbice para que intentemos ahora y otras veces debatir este tema aquí, y por supuesto hacer algo al respecto, eso es bastante evidente... Tenemos aquí el informe experto del profesor Pfeiffer, que aporta algunos puntos de partida muy concretos [...] Debemos trabajar con los jóvenes y también sabemos que la reagrupación familiar es importante [...] Él [el profesor] dice justo lo mismo de los hombres jóvenes, sean de aquí o de otra parte, que son más fáciles de manejar cuando sus madres y hermanas están con ellos.
En Europa abundan muchos otros ejemplos de dhimmitud, exhibidos por incontables actores estatales y comerciales. Está la retirada de la cruz, ordenada por un juez presidente de un tribunal alemán, durante el juicio de un afgano acusado de amenazar a otro musulmán por convertirse al cristianismo; H&M, que retira una gama de calcetines después de que los musulmanes se quejaran de que el patrón se asemejaba a la palabra "Alá" escrita en árabe en vertical; un tribunal francés retiró los cargos por delitos de odio de un escrito de la acusación contra un sospechoso de asesinato, que confesó haber asesinado a una vecina judía de 66 años, una mujer a la que había torturado antes de matarla tirándola por su balcón, mientras gritaba "Alá Akbar". Al parecer también llamó "sucia judía" a la hija de la víctima dos años antes del asesinato.

La lista sigue. El jeque Yusuf Qaradawi, el líder espiritual de los Hermanos Musulmanes, que dijo que Europa será conquistada no mediante la espada, sino mediante la dawa, no podría estar más contento, seguramente. Europa se está aprestando a satisfacer su petición.



Mujeres ataviadas con el niqab islámico, durante una manifestación ante la embajada de Francia en Londres, Inglaterra, celebrada el 11 de abril de 2011. (Foto: Peter Macdiarmid/Getty Images).

[1] El ministro de Exteriores, Boris Johnson, se limitó a decir:
Debería haber un debate a fondo sobre las causas legítimas e importantes que los protestantes están planteando, y esperamos que las autoridades iraníes lo permitan [...] Los ciudadanos deberían poder tener libertad de expresión y manifestarse pacíficamente dentro de la ley [...]. Pedimos a todos los concernidos que se abstengan de emplear la violencia y que se respeten todas las normas internacionales sobre derechos humanos.

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