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No a la guerra, pero sobre todo ¡No a Podemos!


Por Yolanda Couceiro Morín |

EEUU, Gran Bretaña y Francia acaban de agredir a un Estado soberano contra el que no han declarado la guerra. El bombardeo contra Siria no sólo viola el derecho internacional, sino que beneficia exclusivamente a los islamistas que están perdiendo la guerra y retrocediendo en todos los frentes.

El día siguiente al ataque así titulaba "La Vanguardia" este atropello a la legalidad internacional: "Europa saca pecho ante Siria". Nada de eso: Europa le ha puesto el culo a los EEUU. España ha estado a la altura de siempre: a ras de tierra.

La reacción de los partidos españoles del arco parlamentario ha sido la esperada. Estos caniches hacen su gracia cuando se les pide. Merece la pena detenerse en el caso de Podemos, que por boca (o tweet) de su "líder máximo" ha condenado el ataque en términos correctos y adecuados (sin demasiado énfasis, sin embargo). Y ha añadido como final de su texto: "No a la guerra".

Pues bien, ese "No a la guerra" llega con 7 años de retraso. Y eso tiene su explicación. Renace de sus cenizas el "No a la guerra" porque en este tramo de la guerra en Siria (que Podemos ha ignorado durante todo ese tiempo) han entrado en escena los EEUU y unos cuantos acólitos más del mismo bando (diríamos: de la misma banda). El "No a la guerra" del "coletas" viene determinado exclusivamente por su antiamericanismo (que es perfectamente legítimo, por otra parte). Es un "No a la guerra" hemipléjico. Mientras los yihadistas cortadores de cabezas han estando arrasando Siria y masacrando a su pueblo durante años estos podemitas se han callado como putas. Ahora que los EEUU protagonizan una agresión abierta y masiva contra Siria y su "régimen", entonces se manifiestan. Simple oportunismo. Agua para el molino podemita.

A Podemos y a su tropa no les importan ni Siria ni el pueblo sirio. Por el contrario están mucho más cerca de sus enemigos: los barbudos que degüellan berreando "¡Alá Akbar!". Durante más de 7 años no han manifestado la menor simpatía o solidaridad con el gobierno legal sirio, sus dirigentes o su ejército. Al entrar en escena de forma tan brutal los EEUU, interviniendo a cara descubierta y con sus propios medios militares, estos revolucionarios de la Srta Pepis se acuerdan de pronto que hay una guerra en Siria y un derecho internacional que algunos se pasan por el arco del triunfo.

No es el amor a la legalidad internacional (que viene siendo violada a diario en Siria desde hace más de 7 años), ni la solidaridad con los sirios lo que motiva la condena de Pablo Iglesias. Es simplemente su hostilidad contra los EEUU.

Esto es un poco (o un mucho) como los antitaurinos que están contra las corridas por antiespañolismo. No es el amor a los toros, la compasión por los animales lo que les anima. Su rechazo a la llamada "fiesta nacional" es simplemente una manera de manifestar su desprecio y odio a España. Eso pasa en Cataluña pero también en otros lugares de España. Y esos mismos "animalistas" que tanto gritan contra el sufrimiento de los toros en las plazas son los mismos que no dicen palabra contra el sacrificio halal de los corderos del ramadán o de cualquier otra festividad musulmana. Animalismo de geometría variable.

En el primer caso es el antiamericanismo que anima esa crítica, en el segundo es el antiespañolismo. En ambos casos estamos frente a farsantes, hipócritas sin ninguna credibilidad, unos oportunistas sin escrúpulos para los que cualquier agua les viene bien para su molino. En ambos casos estos impostores son izquierdistas o reaccionarios que van de progresistas. Y curiosamente, o no tan curiosamente, los beneficiarios indirectos de esta hipocresía, de esta doble vara de medir, son los musulmanes, los bárbaros islamistas degolladores en un caso o los musulmanes en general en el otro.

No a la guerra, por supuesto, pero sobre todo ¡No a Podemos!

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