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La Gran Invasión


Por Yolanda Couceiro Morín | 

La destrucción de nuestra cultura y nuestra civilización es algo real, no elucubraciones de mentes calenturientas. En España llevamos muchos frentes abiertos a la vez, lo que llama poderosamente la atención. En muchos blogs alternativos, es decir, no pagados, financiados o simplemente servidores del Sistema, se habla incluso de una conspiración para destruirla.

La situación en Cataluña nos ha dejado perplejos y sorprendidos a una buena mayoría de españoles que hemos asistido, atónitos, cómo el Gobierno central se entretenía intercambiando cartas con el tal Puigdemont mientras éste llevaba a cabo su intentona golpista. Hablé de eso en este artículo: "El golpista sí tiene quien le escriba").

Mientras en las redes, en muchos medios y en la calle se escuchaba el clamor popular reclamando aplicar la ley y hacer justicia, el gobierno perdía el tiempo dando una oportunidad tras otra a los separatistas, esperando, tal vez, que el conflicto se resolviera por aburrimiento. La tibia aplicación de un descafeinado 155, la promesa de elecciones en diciembre, un pueblo dividido, con familias enfrentadas, fuga continua de empresas que buscan instalarse en lugares garantes con la ley, no parece ser un resultado satisfactorio para nadie. La reciente eliminación de Barcelona como sede de la Agencia Europea del Medicamento no debe haber sorprendido a nadie (¿qué empresa u organismo quiere instalarse en un lugar donde no se garantiza la ley? Antes Tegucigalpa que Barcelona, estando las cosas cómo están), pero curiosamente, mientras hemos visto en las calles manifestaciones y "performances" pidiendo la libertad de "los jordis", no se ha visto ninguna pidiendo la vuelta de las empresas que ya se han ido. Da mucho que pensar sobre las prioridades del "buen pueblo de Cataluña", es decir los separatistas, que los que no lo son pueden irse a Cádiz.

En medio de todo este circo, donde los payasos le hacen la competencia a los malabaristas y los contorsionistas van de la mano de la mujer barbuda, la respuesta de la alcaldesa de Barcelona a todos estos problemas ha sido tajante, como no podía ser menos: en plena crisis por la intentona golpista, en medio del creciente deterioro de la convivencia, con la ruina económica llamando a las puertas y mil problemas más, no se le ocurre otra cosa que lanzar una campaña contra... la islamofobia!, concepto acuñado única y exclusivamente para imponer una cultura ajena a la nuestra y someter nuestra civilización, nuestras costumbres y nuestro modo de vida a la foránea. Curiosamente, la esquizofrenia manifiesta del progrerío en este tema llama la atención a cualquier observador que no tenga el cerebro lavado por la ideología: defender a la mujer, y a la vez, defender el sometimiento de la mujer, pues tal es el sentido del velo islámico.

La ciudadanía catalana está dividido entre independentistas y "españolistas", la región cae en picado en todos los terrenos, habrá una presumible pérdida de empleo por las empresas que no se instalarán en una Cataluña sin garantías legales (y quizás por las que ya se han ido), pero que lo que realmente parece importante para los políticos es, ni más ni menos, la supuesta islamofobia.


Sin embargo, hay un tema tabú que sigue siendo candente y que tanto los medios como los propios políticos se empeñan en que consideremos insignificante: la gran invasión que continúa silenciosa, pero eficaz, con la complicidad de ONGs que se frotan las manos al ver subir sus ingresos (de hecho, se ha acusado ya a muchas de ellas de colaborar con las mafias para poder traer más inmigrantes y "refugiados" a España, ya que eso se traduce en mayores ingresos par ellas), y de los medios, que siguen hablando de "pobres refugiados e inmigrantes que vienen en busca de un futuro mejor".

En lo que va de año han llegado a nuestras costas más inmigrantes que en todo 2016. Todos ellos son alojados, a todos ellos se les da una ayuda económica que no han hecho nada para merecer, se les concede atención médica y sanidad gratuita (es decir: que otros pagan), por el simple hecho de estar aquí. Muchos españoles son desalojados de sus viviendas, pero eso no parece importar a nadie. Muchos españoles no tienen ni trabajo ni ayuda mensual, y tienen que malvivir de la ayuda de sus familiares o desconocidos que, sabiendo que son tachados de fascistas y nazis, eligen ayudar a los españoles primero, pero eso no parece importar a nadie. Muchos españoles viven a las puertas de la miseria, otros ya han cruzado el umbral de la pobreza. Pero lo importante es concienciarnos de que la inexistente islamofobia es el peor problema que tenemos en España. Y en esto, los medios son más que cómplices, culpables, ya que contribuyen a manipular y estupidizar a la población con el buenismo rastrero y miserable de "ayudar a españoles es xenófobo y racista, hay que ayudar a los de fuera", del mismo modo que las ONGs.

Y mientras seguimos hablando de islamofobia, de obligarnos a ceder en nuestras costumbres porque debemos ser tolerantes y abiertos, de despejar el terreno a una ideología vestida de religión que es incompatible con todos nuestros valores (democracia, libertad, derechos, igualdad de sexos, tolerancia....), la gran invasión continúa silenciosa, pero imparable.

Pareciera que todas estas campañas, todas esta división, toda esta manipulación de la sociedad, no tienen sino un único objetivo: llevarnos como corderos al matadero de nuestra civilización y nuestra cultura. Porque aquellos con los que somos tolerantes no lo son con nosotros. Porque aquellos que presuntamente vienen en busca de un futuro mejor no se contentan con trabajar y ganarse la vida, sino que quieren buenas casas y buenas subvenciones sin hacer nada por merecerlo. Porque aquellos que presuntamente deberían protegernos cerrando las fronteras, expulsando a todos aquellos, legales o no, que no quieran integrarse en nuestra sociedad, nos llaman racistas e inventan leyes de odio para evitar que podamos defendernos de la invasión. Porque aquellos que presuntamente nos informan de lo que sucede en realidad están pagados por el sistema para contarnos una verdad a medias, o una mentira competa, manipulando términos como xenófobo, fascista, racista, al servicio de la gran invasión. Porque aquellos que presuntamente por su buen corazón corren a ayudar a los que llegan en realidad están haciendo caja con el negocio de la falsa solidaridad. Porque los que vemos la realidad como es somos pocos, estamos solos y nadie nos quiere escuchar: muchos prefieren prefieren mentiras piadosas que verdades dolorosas. Porque la Gran Invasión ya es un hecho imparable, y nadie está haciendo nada contra ella: unos la niegan, otros no quieren verla.

Europa ha dejado de ser, España ha dejado de ser. De la indiferencia a la pasividad y de ahí a la sumisión. Finalmente, seremos un pueblo sin cultura, y por tanto sin raíces, seres atomizados y dispersos, dominado por los más fuertes, no por los más tolerantes, sometido a la ideología más intolerante, no a los cantos de sirena del multiculturalismo. La Gran Invasión no está a nuestras puerta, ya ha penetrado en nuestros muros, y continúa imparable hasta que llegue el fin. Y no habremos hecho nada para evitarlo.

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