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La Gran Mezquita de Bruselas, ¿granero de la yihad en Europa?


Por Michael Birnbaum / The Washington Post

La Gran Mezquita de Bruselas es la sede de culto musulmán más grande y antigua de Bélgica.

Este lugar ha sido señalado por funcionarios belgas como un semillero del extremismo islamista respaldado por Arabia Saudita, por lo que el Parlamento pretende transferir el control del extenso complejo, próximo a las oficinas centrales de la Comisión Europea, a los líderes políticos del país. Esta iniciativa es parte de un nuevo intento por reforzar la seguridad, después de que se revelara la participación de belgas radicalizados en los ataques terroristas perpetrados en París y Bruselas en los últimos tres años.

Muchos funcionarios piensan que permanecieron ecuánimes por largo tiempo ante la interpretación ultraconservadora del islam predicada por los imanes en la Gran Mezquita de Bruselas, misma que asumen las autoridades religiosas en Arabia Saudita y Qatar, y que incita al aislamiento de los descendientes de los inmigrantes del norte de África.

Por su parte, la agencia de inmigración de Bélgica también está tratando de expulsar al principal imán de la mezquita, un clérigo egipcio acusado de predicar una visión ultraconservadora del islam durante sus 13 años en Bélgica.

La campaña contra la mezquita supone un dilema para los legisladores belgas, puesto que deben escoger entre las facciones del islam para proteger la libertad de religión y la democracia. Esta disyuntiva ganó complejidad después de los ataques terroristas consumados en Europa e inspirados por el Estado Islámico, a menudo perpetrados por ciudadanos europeos.

Los ataques terroristas cometidos en el aeropuerto y el metro de Bruselas en marzo del 2016 fueron liderados por belgas con raíces marroquíes. No se cree que estos eventos se relacionen con la mezquita, pero la violencia perturbó los servicios de seguridad belgas y condujo al replanteamiento de su estrategia de seguridad.

Los líderes de la mezquita “viven en un suntuoso aislamiento, mantienen un punto de vista radical y su objetivo no es integrarse en nuestra sociedad. Y ese es un gran problema”, dijo Servais Verherstraeten, uno de los líderes de una comisión parlamentaria belga que recomendó el mes pasado terminar el contrato libre de alquiler de la mezquita.

El contrato fue entregado en 1969 al rey saudí Faisal como gesto de buena voluntad del rey belga Balduino, y se acordó un plazo de 99 años. “Queremos que las personas que practican el islam en Bélgica respeten nuestra constitución, que busquen integrarse a nuestro país”, dijo Verherstraeten.

Los líderes de la mezquita y el centro comunitario, administrado por la Liga Musulmana Mundial, con sede en La Meca, niegan haber asumido una visión conservadora del islam y dicen trabajar para promover la apertura.

“No encuentro ninguna contradicción entre lo que nosotros pretendemos y el ideal del islam europeo”, dijo Tamer Abou El Saod, director ejecutivo del Centro Islámico y Cultural de Bélgica, quien supervisa la mezquita.

Por otra parte, funcionarios antiterroristas belgas reconocen que un movimiento contra la mezquita no será de utilidad para contener la radicalización, pues ésta se esparce con mayor frecuencia en Internet o en la calle. Pero también admiten que fue un error adoptar una actitud indolente ante la mezquita de hormigón, achaparrada y llana escondida en la esquina del Parque Cincuentenario del centro de Bruselas, frente a los edificios de apartamentos y el bloque de oficinas cuadrado de la sede diplomática de Estados Unidos, pues su ubicación puede ser problemática: cada viernes, los fieles se mezclan con corredores y burócratas que caminan por el parque.

La reacción del gobierno belga coincide con el ascenso del recién nombrado príncipe heredero saudita, Mohammed bin Salman, quien anunció en Riad que quería luchar contra las interpretaciones extremistas del Islam. Aunque el gobierno saudí es el principal patrocinador de la Liga Musulmana Mundial, el grupo es independiente y más de 50 naciones musulmanas contribuyen a sus operaciones.

El principal líder de la liga, el secretario general Muhammad Al-Issa, fue ministro de Justicia saudí hasta el año pasado.

Finalmente, a pesar de las protestas, el gobierno belga parece dispuesto a terminar con el contrato de arrendamiento y expulsar a sus imanes. Las autoridades dijeron que no han percibido un cambio reciente en la mezquita. En cambio, reconocieron que Bélgica sí había cambiado. Los políticos han endurecido su actitud en una desafiante era de terrorismo. “Muchos en la comunidad musulmana dicen no ser violentos, pero en realidad sí predican el odio”, dijo un funcionario de seguridad que está familiarizado con la investigación y habló bajo condición de anonimato para discutir asuntos de inteligencia interna.

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