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Pedro Pitarch: “Si la seguridad pública en Cataluña hubiera estado a cargo de la Guardia Civil, la matanza de la Rambla de Barcelona no se hubiera producido”


Pedro Pitarch, Teniente General retirado del Ejército de Tierra |

Llevamos casi diez días que en medios, tertulias y redes casi no se ha hablado y discutido más que del ataque a España, que han supuesto los atentados en Cataluña. Se han intercambiado acusaciones de culpabilidad. Se ha opinado demasiado sin saber, y omitido frecuentemente lo que se conoce. Y se ha mentido y desinformado en cantidad, frecuentemente por razones meramente ideológicas y de intereses políticos concretos. Y de tanto marear la perdiz al final todo queda liado y difuminado. Por ello, en el día de la magna manifestación en Barcelona contra el terrorismo, presidida por SM El Rey, voy tratar de fijar algunas ideas, objetivamente incontrovertibles, dando razones, argumentos y datos.

De todo lo sucedido, hay un pasaje sobre el que, en mi opinión, ha pivotado el drama. Tiene un nombre: Alcanar. Es un hecho incontrovertible que en ese pueblo de Tarragona, en el límite con Castellón, los yihadistas, que vivían en Ripoll (¡a 300 km!) habían “okupado” impunemente un chalet. Es innegable que éste, a plena luz y durante muchos meses, había sido utilizado por los asesinos como “cuartel general” para planear sus crímenes, almacén de sustancias y gases explosivos, laboratorio y refugio. Y es innegable que la Policía de la Generalidad (para los malpensados aclaro que es el término con el que designa a los Mossos el vigente “Estatut”) no detectó, durante todos esos meses, el gran trasiego de personas y sustancias sensibles que forzosamente fueron de aquí para allá en el eje Ripoll-Alcanar.

Fijado lo anterior ―que son hechos―, está también fuera de cuestión que dicho chalet explosionó hacia las 23:00 del día 16 de agosto de 2017. Fue una explosión de enorme potencia puesto que se oyó en muchos kilómetros a la redonda y dejó el edificio completamente arrasado. Es de suponer que los Mossos acudieron diligentemente para averiguar lo sucedido. Y, a partir de ese momento, se dieron las siguientes circunstancias:

1. Dato previo incuestionable y esencial para el análisis: el nivel de alerta antiterrorista en vigor, decretado por el ministerio del interior para toda España, era el 4 (“riesgo alto” de ataque terrorista). Estaban pues superados los niveles 1 (“riesgo bajo”), 2 (“riesgo moderado”), y 3 (“riesgo medio”).

2. El edificio de la explosión se había “evaporado” materialmente.

3. Había un muerto y un herido. Éste era de incuestionable aspecto norteafricano. Fue atendido “in situ” y evacuado al hospital. No fue interrogado por la policía de la Generalidad, ni en el lugar de la explosión ni luego en el hospital.

4. Habían aparecido más de 20 bombonas de butano (más tarde se descubrirían hasta más de 100).

5. Personada la titular de juzgado de instrucción nº2 de Tortosa (partido judicial al que pertenece Alcanar), la juez indicó a los Mossos (se supone que al más antiguo de los miembros de la Policía de la Generalidad presentes), que aquello parecía algo más importante que un mero accidente doméstico, y que posiblemente las bombonas estuvieran preparándose para un atentado. La respuesta: “Señoría, no exagere”.

6. La Policía de la Generalidad determinó que aquello era un accidente doméstico. Al ser algo supuestamente de su competencia, y muy celosos de su presunta “autonomía", no se permitió que los Tedax de la Guardia Civil “husmearan” entre los restos.

A la vista de todo lo anterior, y dando por sentado que individualmente los Mossos son tan profesionales como los de las FCSE, la conclusión cae por mera gravedad: allí se produjo, como mínimo, un horrible error de juicio. Un error que, al ser posterior e inconcebiblemente mantenido, no produjo alerta extraordinaria ni refuerzo alguno de la seguridad en Cataluña por parte de la policía autonómica. Y así, alrededor de las 17.00 del día siguiente ―es decir, ¡18 horas más tarde!―, saltó la trágica sorpresa de la masacre de Barcelona. Entonces sí que se cayó en la cuenta de ese fabuloso error: la Policía de la Generalidad se “puso las pilas” y adoptó todo el rigor de una alerta de “riesgo alto”. De esa forma, un control montado por los Mossos pudo desbaratar casi plenamente la matanza que, hacia la medianoche de ese día, los criminales pretendían perpetrar en Cambrils.

Dense las vueltas que se quieran, pero eso fue así y así he tratado de relatarlo objetivamente. Ello me llevó a expresar públicamente que (en mi opinión) “si la seguridad pública en Cataluña hubiera estado a cargo de la Guardia Civil, la matanza de la Rambla de Barcelona no se hubiera producido”. Y no lo dije por decir (en asuntos tan graves suelo hilar fino), sino porque un error de juicio tan fatal como el de la Policía de la Generalidad en Alcanar, y mantenido impunemente en el tiempo, es inconcebible en la ejecutoria de la Guardia Civil. Y vaya la que formaron en las redes y algunos medios, contra un servidor, los antisistema. Pero tanta ideología no debería tener cabida en la seguridad pública catalana. Y, en el colmo del cinismo, el señor Puigdemont echa la culpa a Madrid…

Frecuentemente ―y esto es un símil― oímos que un cirujano ha cometido un error del que se han de derivado consecuencias fatales para su paciente. Y, supongo, nadie atribuye al galeno una mala intención. Y, sin embargo, aún entendiendo que el errar es humano, se ve lógico que la familia del muerto acuda a los tribunales en demanda de castigo y reparación por el error. Pero aquí, por lo que se ve, me temo que tanto el responsable técnico como el político de todo el macabro desaguisado se van a ir de rositas y encima condecorados. Todo sea por la independencia, aunque eso ―ya lo saben― “ni por las buenas, ni mucho menos por las malas”. ¿Puede darse mayor perversión?

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