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El jefe de Cultura del Ayuntamiento de Santander dice que todo el Islam es “malo y perverso”


El jefe del Servicio de Cultura del Ayuntamiento de Santander, Enrique Álvarez, ha asegurado en un artículo publicado este martes en la edición impresa de ‘El Diario Montañés’ que “el Islam es una religión mala y perversa” por varias razones.

Una, porque niega la “cualidad esencial de Dios, el Amor, y la niega en sí misma y en sus efectos, o en el mayor de todos ellos, que es la Encarnación y la obra redentora de Cristo, que se sustenta necesariamente sobre su divinidad”. Otra, porque niega el “libre albedrío humano”, la “autonomía de las leyes naturales” y la “igualdad esencial en dignidad y derechos de todos los seres humanos”. Y otra –por si lo anterior resultara “mera especulación teológica”, dice–, “porque el Islam ha traído al mundo desde el minuto uno hasta el día de hoy, un sinfín de guerras, de odios y de divisiones irreconciliables, tanto en su ámbito interno como en sus relaciones con la cristiandad, a la que por cierto también contribuyeron a envenenar más de lo que ya lo estaba por causa del cesaropapismo”.

“Es insensato reaccionar ante el terrorismo yihadista favoreciendo al Islam moderado”

Por todo ello, el jefe del Servicio de Cultura del Ayuntamiento de Santander considera que “es tremendamente insensato reaccionar ante el terrorismo yihadista favoreciendo al Islam moderado en nuestras sociedades”, y asegura que “los pueblos europeos” deben tomar conciencia de que –“hasta donde la democracia lo permita”, apunta a modo de matiz– “urge restaurar la religión de Cristo y limitar al máximo la de Mahoma”, pues de lo contrario “estos muertos de Barcelona y los de París y los de Londres y los que vengan” habrán derramado “muy inútilmente” su sangre, “para el avance del Islam”.

Álvarez argumenta que “si partimos de la base de que lo que llamamos el Mal es lo moralmente perverso, lo que daña por el placer de dañar, es decir, lo diabólico, ya podemos entender, por poca cultura religiosa que uno tenga, que ese mal se caracteriza precisamente por su afición a disfrazarse de bien y, de hecho, por su cercanía al bien”, y en este sentido asegura que “los primeros que conocieron la divinidad de Jesucristo fueron los demonios” y que “quienes más deben soportar la proximidad, incluso física, de éstos son los santos”.

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