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¿Por qué no surge en España un líder político como Putin, Trump o Marine Le Pen?



Por Yolanda Couceiro Morín | Publicado originalmente en La Tribuna del País Vasco |

Juan Donoso Cortés (1809-1853) fue una persona esclarecida y un pensador de primera fila. Fue un visionario que predijo el triunfo del comunismo y el derrumbe de la civilización al que asistimos ahora. Fue hombre de Estado, diplomático, orador, escritor, filósofo y teólogo. Sus discursos, artículos y ensayos se tradujeron al francés, italiano, alemán e inglés. Los grandes políticos de la época leyeron a Donoso Cortés. Influenció el pensamiento del jurista y filósofo del derecho alemán Carl Schmitt, que le consagró un estudio ("Teología política", 1922).

En una respuesta a un obispo francés, éste decía así:

A Mons. Gaume.
Las palabras en español que subrayáis en la inestimable carta que acabo de recibir me llevan a responderos en mi propio idioma, ya que me es muy difícil expresarme correctamente en otras lenguas.
Antes que nada, os debo un millón de gracias por la bondad que me habéis demostrado al enviarme un ejemplar de la obra en la que habéis explorado tan resuelta y profundamente los abismos de esta sociedad agonizante.
La lectura ha sido para mí extremadamente triste y deliciosa: extremadamente triste por la revelación de grandes y formidables catástrofes; deliciosa por la manifestación sincera de toda la verdad. La verdad es siempre deliciosa, aunque sea triste.
Mis opiniones y las vuestras son prácticamente idénticas. Ni usted ni yo tenemos ninguna esperanza. Dios ha hecho la carne para la pudrición y el cuchillo para la carne podrida.
Estamos tocando ya con las manos la mayor catástrofe de la Historia. De momento, lo que veo con más claridad es la barbarie de Europa y su despoblación dentro de poco tiempo. La tierra por donde ha pasado la civilización filosófica será maldecida; será la tierra de la corrupción y de la sangre. Después vendrá... lo que tenga que venir.
Nunca he tenido ni fe ni confianza en la acción política de los buenos católicos. Todos sus esfuerzos para reformar la sociedad por el medio de las instituciones públicas, es decir por medio de las asambleas y los gobiernos, serán perpetuamente inútiles.
Las sociedades no son lo que son a causa de los gobiernos y las asambleas: las asambleas y los gobiernos son lo que son a causa de las sociedades. Será por consiguiente necesario seguir un sistema contrario: será necesario cambiar la sociedad y después servirse de esa sociedad para producir un cambio análogo en sus instituciones.
Ya es tarde para eso como para todo lo demás. A partir de ahora la única cosa que queda por hacer es salvar las almas alimentándolas, para el día de la tribulación, con el pan de los fuertes.
Mientras tanto, nada podría serme personalmente más agradable que la aprobación de un hombre tan eminente como usted y de entrar en relación con él en estos momentos de grandes trastocamientos en Europa. Os ruego, pues, que aceptéis la expresión del reconocimiento de este su servidor.

Berlín, el 24 de agosto de 1849.
Juan Donoso Cortés

La receta del filósofo y político español estaba claramente expuesta: hay que cambiar la sociedad para que ésta cambie sus instituciones. Pero ese cambio de instituciones no será posible mientras no haya quienes estén en condiciones de operar ese cambio. En España, el pueblo que lo debe realizar parece incapaz de llevar a cabo tal empresa, las inteligencias necesarias para ello son hoy por hoy escasas, aisladas, perseguidas e ignoradas como para que éstas puedan influir decididamente en la marcha de los acontecimientos. Las instituciones que padece esta sociedad aletargada no podrán ser cambiadas por esta misma sociedad mientras siga en su modorra incapacitante.

¿La realidad española, enfrentada a desafíos que demandan respuestas urgentes y decisivas, se inscribe en la tónica general europea o constituye una excepción a la regla? La evidente realidad responde a esta pregunta sin ambages. La falta de respuesta española, su inmovilismo, su inacción, se opone a la corriente general que se observa en el resto del continente. Mientras a nuestro alrededor los pueblos se agitan y se organizan, aquí hacemos la siesta.

En toda Europa crece y se acrecienta el movimiento identitario, bajo siglas y matices distintos en los diferentes países. La situación en las naciones de nuestro entorno difieren en la forma pero el fondo que anima y define ese movimiento es el mismo: el rechazo al programa de aniquilación de nuestra civilización y al exterminio, primero cultural y al final demográfico, de los pueblos europeos.

Cualquier observador medianamente atento a la realidad española notará la diferencia existente entre esa derecha (nacionalista, identitaria, patriótica, etc...) europea y la situación española: la ausencia (o la debilidad) de una alternativa de derecha popular y social creíble, atractiva y con posibilidades de éxito en la escena nacional. Esa alternativa cuenta en España con pocos seguidores, contrariamente a otros casos en Europa. La docena de formaciones existentes de este tipo en España (enemistadas las unas con las otras por motivos de la más diversa índole) apenas logran rellenar un estadio de fútbol con todos sus votantes reunidos. ¿Cuáles son las razones de esa escasa y desintegrada oferta de la "derecha reaccionaria"? Sin duda son variadas y podemos enumerar unas pocas sin querer embarcarnos en un profundo análisis:

- Una falta de oferta que haya sabido dar con la tecla adecuada.

- Por el lado de la demanda, la ausencia de un sentimiento nacionalista español fuerte.

- La herencia franquista y el tabú que conlleva.

- El hecho de que la inmigración no constituye en España una de las mayores preocupaciones, al contrario que en el resto de Europa, salvo Portugal que comparte con nosotros esa falta de rechazo masivo al fenómeno de inmigración. ("La inmigración es la primera preocupación a nivel de la UE en todos los Estados miembros, salvo España y Portugal")

En todo caso, hay una realidad objetiva que no podemos dejar de constatar. En toda Europa el movimiento patriótico está en pleno ascenso. Salvo en España. Aquí no es que estemos en pañales, es que no tenemos parto a la vista, ni siquiera hay síntomas de embarazo. No es que estemos retrasados respecto de otras naciones vecinas, es que todavía no hemos salido a andar. Otros países están más o menos avanzados en el camino que los ha de llevar a la liberación. Nosotros ni estamos ni se nos espera en esa carrera que otros ya han empezado. Peor aun: nosotros vamos al revés de la marea que se está levantando en toda Europa. Es como el famoso chiste de aquél que iba por la autopista en sentido contrario y pensaba que los que se venían de frente eran unos locos. Pues eso, en España estamos muy ufanos de ser los únicos cuerdos. Así nos va y peor nos va a ir, porque el futuro va a ser muchísimo más grave que lo que estamos viviendo. Y estamos muy mal equipados para lo que se nos viene encima.

Los movimientos patrióticos no se improvisan de la noche a la mañana. Miramos con admiración teñida de (sana) envidia al FN francés y a su dirigente Marine Le Pen. Y soñamos con tener algo equivalente aquí. Pero es que el arraigo y la fortaleza de ese partido es el resultado de más de 40 años de lucha política, y es la consecuencia de una corriente de fondo cultural, social, ideológico, espiritual, que viene gestándose desde hace tiempo. Marine Le Pen no ha surgido por generación espontánea.

La buena semilla no es nada sin un terreno adecuado y unas condiciones ambientales óptimas en el que germinar. Sin embargo mucha gente no percibe esta evidencia. Es por eso que oímos frecuentemente en algunos ambientes: "Esto lo arregla un Putin", "Necesitamos a una Marine Le Pen", "Un Trump es lo que hace falta ". O sea, un hombre (o una mujer) providencial que enderece el rumbo errado de la marcha de las cosas.

La cuestión está mal planteada. Esto es como poner el carro delante de los bueyes. Es posible que en España existan esas personas, que tengamos esa buena "semilla", pero las condiciones para que germine no son las óptimas. Basta con asomarse a la calle, meterse en un transporte público, ir a un supermercado, o simplemente ver la televisión. La sociedad española es, en términos generales, de pésima, cuando no de ínfima calidad. Décadas de sistemas escolares analfabetizantes, de degradación de los valores y la moral, de baja politiquería, de destrucción de las bases de una vida nacional sana, etc..., han llevado a la catastrófica situación actual. ¿Qué cultura, qué moral, qué espiritu habitan la generalidad del pueblo español? ¿Podemos hablar todavía de un pueblo español en las condiciones actuales, de dispersión, de balcanización y enfrentamiento? ¿Y de esa materia prima atomizada y alienada puede salir una Marine Le Pen, un Putin, un Trump..? De ese barro sale un Pablo Iglesias, hijo legítimo de la sociedad, o digamóslo sin rodeos ni mojigaterías, del pueblo español actual.

No sé si cabe hacerse ilusiones razonables sobre un posible cambio en los tiempos futuros. El pesimismo se impone. Decía un hombre sabio (aunque sólo lo fuera por la sentencia siguiente): "A menudo he visto malos volverse buenos, pero nunca he visto a un tonto volverse inteligente". El pueblo español es más tonto que malo, y por ello mismo ofrece pocas perspectivas de cambio.

Sobre el porqué del grado de decadencia del pueblo español habrá que encomendarse a los especialistas de la cuestión. Es un misterio para el común de los mortales. Sin duda todos tenemos algunas ideas al respecto, pero eso no importa aquí. Lo que si está fuera de toda duda es que no es que necesitamos esa personalidad providencial y salvadora personificado en la figura recurrente de nuestro histórico Don Pelayo (que si), sino un pueblo que produzca ese Don Pelayo. El carro detrás de los bueyes. Y ese pueblo parece ser inexistente a día de hoy. El pueblo español sólo puede producir (de momento) Pablitos Iglesias, como ha producido un Rajoy y anteriormente un Zapatero. Ambos han sido elegidos dos veces seguidas por una mayoría de votantes: ¿hace falta mayor prueba del pésimo estado mental e intelectual de la mayoría de la mayor parte de la sociedad española? ¿Cabe alimentar razonables esperanzas de recuperación a corto plazo en estas condiciones?

Se oye decir a menudo que en España hace falta una Le Pen, un Putin, ahora se dirá un Trump. Algunos retroceden en el tiempo y sueñan con la llegada propicia de un Pelayo. El problema está mal planteado. No es que no necesitemos una Le Pen, un Putin o un Trump, que sí, lo que necesitamos es un pueblo que produzca ese tipo de líderes, ese tipo de personalidades. Y hoy por hoy la sociedad española no está en posición de producir nada que se parezca ni de lejos a una Le Pen, un Putin o un Trump, por no hablar de un Don Pelayo. Todos esos personajes no nacen en el vacío, sino que surgen de unas circunstancias históricas y nacionales concretas, son los hijos de una cultura determinada, de un estado mental único.

Soñamos con unos cambios que nos encaminen por la senda de la salvación, pero esos sueños no reposan de momento sobre ninguna base sólida y real: esperamos el milagro de una transformación que nos rescate de la inferioridad y el desastre en el que estamos sumidos, pero el hombre o la mujer que ha de liderar esa lucha no asoma en el horizonte, por la simple razón de que el terreno de dónde habría de salir no porta en sí el germen que ha de materializar esa esperanza.

Parece que estamos condenados a llevar siempre medio siglo de retraso con el resto de Europa.

1 comentario:

  1. La (mal llamada) ultraderecha europea se caracteriza por defender a los autóctonos y su cultura con miras hacia la modernidad, y sobretodo, no tienen ninguna dictadura que les acompañe.

    Cuando se habla de ultraderecha en España rápidamente nos viene la imagen de Franco, privilegios para la Iglésica y pensamientos castos de otro siglo. Y ciertamente, la imagen que dan tampoco dista mucho de todo eso.

    Aunque en España surgiese un político realmente liberal y con un par (no como Albert Ribera)... no tendría nada que hacer, porque la ideología de la mayoria del pais es ya comunista.
    Es lo que tiene permitir adoctrinamientos en los colegios públicos y entradas masivas de inmigrantes con posterior derecho a voto que pueden decidir sobre nuestro futuro.

    Ya es tarde...

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