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El Gobierno de Merkel sigue en fase de negación

Por Vijeta Uniyal | 

El ataque terrorista del pasado lunes contra un mercado navideño de Berlín mató al menos a 12 personas e hirió a otras 50. El Estado Islámico se ha atribuido la responsabilidad por la embestida del camión, que seguía las recomendaciones de la revista de Al Qaeda, Inspire, de forma similar al atentado del 14 de julio en la ciudad francesa de Niza y a los innumerables atropellos en Israel. Ahora los europeos sienten lo que viven los israelíes cada día.



Unos policías, en el mercado navideño berlinés donde el pasado día 19 se produjo un atentado con camión. (Imagen: pantallazo de un vídeo de RT).

Hace unos meses, Alemania sufrió una serie de atentados inspirados por el ISIS y varios intentos frustrados terroristas. A pesar de que casi todos los atacantes habían emigrado recientemente desde Siria o Afganistán, la canciller alemana, Angela Merkel, en plena contienda electoral por la reelección, ha seguido diciendo que no existe "relación" entre los atentados en el país y la migración masiva sin controles desde los países árabes y musulmanes.

Con un año electoral por delante, Merkel y sus socios de coalición también quisieron eludir otro ataque masivo sexual, el de Colonia.

Para agravar la injuria, la alcaldesa de Colonia, Henriette Reker, prevé celebrar un gran espectáculo la próxima Nochevieja en la plaza mayor de la ciudad. Tras un año de elaborado encubrimiento, la ciudad iluminará la escena del crimen como parte de un espectáculo multimedia. "La ciudad de Colonia ha anunciado la celebración de un espectáculo multimedia en la zona colindante que rodea la famosa catedral gótica, cerca de la principal estación de trenes", informó el medio estatal Deutsche Welle.

"Colonia enviará imágenes positivas al mundo", dice la alcaldesa de la ciudad. El espectáculo, costeado por los contribuyentes, se titula "Derivas del tiempo en Colonia". El "artista de la luz" que dirige el espectáculo, Philipp Geist, considera que la escena del crimen es un "lugar estupendo para un montaje artístico".

De los casi dos mil hombres exclusivamente musulmanes que se calcula que violaron, agredieron y robaron a más de 1.200 mujeres, casi todos los atacantes han logrado quedar en libertad. Ralf Jäger, ministro de Interior de Renania del Norte-Westfalia, admitió hace poco que "la mayoría de los casos siguen sin resolverse".

Se calcula que unos 1.800 agentes de policía prestarán servicio en Colonia en Nochevieja, frente a los sólo 140 del año pasado. Se han levantado barricadas en el centro de la ciudad para controlar el flujo de las multitudes. Se ha instalado una barrera para contener a la multitud en la catedral histórica de la ciudad y la zona anexa. La policía dispondrá puestos de observación y helicópteros para vigilar a la multitud, y desplegará la policía montada y seis vehículos blindados para vigilar los posibles disturbios. "No se reparará en costes", aseguró la alcaldesa. En un importante año electoral, el Gobierno quiere gastarse hasta el último céntimo del contribuyente en defender la ciudad.

Antes incluso de que pueda enfrentarse a una matanza real, la fortificación de Merkel presenta sin embargo algunas grietas graves.

A tan sólo días de Nochevieja, el sindicato de la policía del estado de Turingia, al este de Alemania, ha escrito una carta abierta explicando la ruinosa situación del orden público en medio de la crecida de los delitos a manos de inmigrantes. "[Ustedes] nos están dejando completamente abandonados e impotentes ante una fuerza superior", dice la desesperada nota dirigida al ministro de Interior de Turingia. El sindicato sostiene que los políticos han sido varias veces informados de las deterioradas condiciones en que ha tenido que trabajar la policía. "¿Pero qué cambia? Nada. En su lugar, a uno le da la impresión de que hay desinterés".

Negándose a reconocer la crisis de orden público ante el repunte de la ola de crímenes cometidos por migrantes, los medios y políticos alemanes están apuntando al mensajero.

Su último objetivo es el jefe del sindicato de la policía alemana, Rainer Wendt. El crimen de Wendt, tras una serie de violaciones este diciembre, fue contar la evidente verdad. "Los criminales están valiéndose de las fronteras abiertas", dijo.

Ralf Stegner, número dos del Partido Socialdemócrata (SPD), y ferviente defensor de la política de Merkel de "bienvenida a los refugiados", denunció las palabras de Wendt como "lo más políticamente desagradable y estúpido que se puede oír".

Wendt también ha sido atacado por cuestionar el guante de seda con que los tribunales alemanes acostumbran a tratar a los "refugiados" violentos y criminales. Sven Rebehn, presidente de la Asociación de Jueces de Alemania, llamó a Wendt "El Donald Trump de la política nacional", al parecer el mayor insulto que se le puede ocurrir a un progresista alemán estos días.

El Gobierno de Merkel puede convertir el centro de Colonia en una fortaleza impenetrable durante uno o dos días, pero la amenaza no va a desaparecer. El problema reside en la región del Ruhr que rodea Colonia. "¿Han convertido los clanes extranjeros la región del Ruhr en una zona de exclusión?", pregunta el principal periódico alemán, Die Welt, a pocos días de Nochevieja.

Mientras, se ha sabido que representantes de la comunidad árabe le dijeron a la policía en Ruhr: "La policía no ganará una guerra contra nosotros porque somos demasiados".

La canciller Merkel, las élites dirigentes de Alemania y los medios pueden seguir poniendo una sonrisa sobre la migración masiva e incontrolada de los países árabes musulmanes, o suprimir las noticias que informan del aumento de los delitos en el país, pero no pueden esperar que se esfume el deterioro del orden público en el país.

Como demuestra el desesperado ruego del sindicato de policía, el Gobierno de Merkel ha decidido ignorar la crítica situación de la aplicación de la ley, al menos por ahora. Debería resultar obvio hasta para el observador casual que al Gobierno sigue sin importarle las víctimas de su propia política fallida sobre "refugiados": parece que Alemania va camino de otro año duro.

Vía Gatestone Institute

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