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Antiyihadismo rico, antiyihadismo pobre


Por Yolanda Morín | 

Decía yo hace un tiempo en una charla que ofrecí en la Universidad del País Vasco sobre los movimientos identitarios europeos, que en relación a la línea informativa ofrecida por los grandes medios y grupos mediáticos europeos sobre este tema, un periodista o es un parado o es un simple asalariado sin valoración propia. Esta afirmación, que a primera vista parece una ocurrencia con voluntad sarcástica y descalificadora, en realidad describe un hecho comprobable.


El periodismo de los grandes medios (de eso se trata), lo que se denomina la prensa “mainstream” o del Sistema, es una simple (y eficaz) herramienta, al servicio de una determinada élite política y financiera que tiene, para la defensa de sus intereses, a una legión de plumiferos a sueldo.

Los periodistas de esos medios no son informadores, sino propagandistas, manipuladores, falsificadores, inquisidores. La función primera de estos funcionarios es la de “crear opinión”, interpretar los hechos en la clave prevista (según unas pautas establecidas) y contar la versión “adecuada” de la realidad. Quién paga manda, y quién manda exige un servicio acorde al precio que paga por él.

La gran prensa no nos presenta noticias, no entrega información, sino que nos cuenta historias, fábulas, hasta cuentos de hadas. Su trabajo no consiste en proceder a la descripción precisa y sin artificios de los hechos observados, sino en la interpretación subjetiva de los mismos para adecuarlos a una versión previamente establecida. En esa versión los roles están repartidos de antemano, los resultados son conocidos sin las previas comprobaciones de rigor. Al quedar la figura final diseñada a medida ya sólo falta combinar los elementos necesarios de la ecuación para obtener el resultado deseado.

No hablamos aquí de opiniones. Cada cual tiene la suya. Se trata de la diferencia entre la descripción objetiva de unos hechos para servir a la verdad y la tergiversación interesada al servicio de una causa.

En estos momentos, vemos desarrollarse un caso de libro de lo que aquí comentamos. Los ejércitos sirio e iraquí, auxiliados cada uno por su lado por sus aliados, están llevando a cabo sendas ofensivas para ganar terreno a los yihadistas y recuperar el control de ciudades bajo el dominio de estos. El grueso de las operaciones en curso se sitúan en el cerco de Alepo en Siria y de Mosul en Irak, ciudades parcialmente en manos del Estado Islámico todavía. Día tras día, la prensa escrita y los informativos de TV nos relatan de muy distinta manera lo que ocurre en esos dos frentes. El entusiasmo por los avances de las tropas iraquíes contrasta con la condena por los progresos sirios.

¿El porqué de esa diferencia? Recordemos, por si fuera necesario para algunos despistados, que la lucha del gobierno sirio contra la sublevación armada y el terrorismo islamista cuenta con el respaldo de una coalición internacional encabezada por Rusia, mientras que el gobierno de Irak, en similares circunstancias, cuenta con el apoyo de una coalición distinta, ésta encabezada por los EEUU. ¡Apareció el peine!

Los bombardeos de la aviación rusa sobre las posiciones de los grupos yihadistas son equiparados continuamente a crímenes de guerra contra una población civil, que al parecer es el principal objetivo de las bombas rusas. En el otro frente, los bombardeos de la coalición occidental liderada por los EEUU son descritos de manera totalmente acrítica, y hasta entusiasta, incluso cuando nos consignan que estos causan bajas entre la población civil. Mientras que en el primer caso, todo son críticas y reprobación por los muertos civiles, en el segundo, curiosamente, esa indignación y reproches dejan paso a una manifiesta satisfacción en el reporte de los detalles de la ofensiva iraquí. Aquí sólo hay triunfos militares por los que hay que felicitarse, mientras que en Siria los éxitos del ejército no son más que crímenes de guerra y derramamiento de sangre de inocentes. Sin embargo el enemigo es el mismo, los hechos ocurren al mismo tiempo en las mismas circunstancias, pero en un caso todo está bien y en el otro todo está mal.

Habrá que convenir que hay un antiyihadismo rico y otro antiyihadismo pobre. El sectarismo de nuestra prensa es tan evidente como lamentable. Y sobre todo tan perverso como los amos a los que sirve y los objetivos que estos persiguen.

@yolandamorin


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