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¿Y ahora, qué?

Por Francisco Albanese |

¿Por qué un pensamiento radical? Porque va hasta la raíz de las cosas, es decir “hasta el núcleo”: cuestiona la cosmovisión sustancial de esta civilización, el igualitarismo, porque este último, utópico y obstinado, está conduciendo a la humanidad hasta la barbarie y el horror económico, a través de sus contradicciones internas.


Guillaume Faye, Arqueofuturismo.



Sí, Guillaume Faye tenía razón. En 1998 tenía razón y hoy la sigue teniendo.  Fue y es cuestionado, y aún así sigue teniendo razón.

Si en el año 2016 aún no has leído, al menos, los libros L’Archéofuturisme (1998) y La Convergence des catastrophes (2004) de la autoría de Guillaume Faye, pues deberías plantearte la idea de leerlos. Si en el año 2016 aún no sabes quién fue Dominique Venner y cuál fue el motivo que lo llevó a cometer suicidio en la catedral de Notre Dame, en París, deberías comenzar a averiguar. Si en el año 2016 aún no conoces el concepto “Grand Remplacement” (o Gran Reemplazo) acuñado por Renaud Camus, deberías entrar a familiarizarte con el término.


Si en el año 2016 aún no comprendes por qué ocurren atentados de inspiración jihadista en el seno de Europa, es que necesitas urgentemente conocer a los tres autores antes mencionados, y también dejar tu cómoda ignorancia de lado, antes de que la realidad te golpee en la cara de la peor forma. O te explote, literalmente.


Bueno, se dice que la mejor defensa es el ataque, y algunos optarán por defenderse atacando a la violencia e intolerancia fundamentalista mediante el uso de una bandera en sus perfiles de redes sociales. Y demostrar su descontento de forma civilizada, es decir, llorando cibernéticamente y clamando que #todossomos(introducir lugar afectado aquí).


La Toma de la Bastilla marcó el comienzo de una nueva era para Occidente, una nueva era en la cual sus pilares serían Igualdad, Libertad y Fraternidad, primero entre franceses, y luego, como un virus, se expandiría de manera universal, incluso entre aquéllos que no creen en estos lemas llenos de altruismo y esperanza. O que tal vez ni siquiera les importa.


A partir de la Toma de la Bastilla, que es el puntapié inicial de la Revolución Francesa, comienza a fraguarse una nueva “época dorada” (para los adoradores de las ideas progresistas y democráticas), creando el caldo de cultivo espiritual que propiciaría lo que se vive en Europa, y sobre todo en Francia, el día de hoy. Y es que si no imperaran valores –que, con los siglos, se han transformado en obsesiones– como la fraternidad universal, actualmente no existiría la necesidad enfermiza de incluir refugiados por el afán de hacerlo, por darles alguna oportunidad, por demostrar al resto que “nos estamos preocupando de todos”, porque “queremos que nuestro amor vaya a todos los confines del mundo”, y si nuestro amor no llega al mundo, pues que el mundo se acerque a nuestro amor.


Y así nació #WelcomeRefugees.


Esto no es una guerra táctica, no es una guerra de la razón. No hay nada estratégico en llevar el infierno a un lugar del cual no pretendes salir a menos, claro, que tus objetivos vayan más allá de la razón, más allá de la vida cotidiana, que es lo que marca la diferencia entre el tipo que se lanza en una guerra espiritual, y el tipo que se dedica a disfrutar la vida, abrazar refugiados y abrir fronteras mientras el enemigo le declara la guerra en forma absolutamente indiscreta.


¿Y ahora, qué? ¿Qué otra cosa tiene que pasar para que el discurso progresista que propone que la intolerancia y el rechazo a las masas colonizadoras se debe a la ignorancia y el miedo a lo desconocido, choque con la violenta y cruda realidad y deje de ser repetido como un mantra, para que niños dejen de prender velas por víctimas mientras sus cerebros siguen lavados con lo positivo y necesario de la entrada de refugiados? ¿Ignorancia de qué, cuando es obvio el peligro inherente en dichas masas, cuando ni siquiera son un peligro en potencia, sino que un peligro revelado y latente?


¿Qué más quieren, qué más necesitan para comprender de una vez por todas lo altamente suicida de la etnofobia y xenofilia?




Las sociedades europeas, hoy en crisis, están listas para ser traspasadas por unos pensamientos radicales determinados, armados con un proyecto de valores revolucionarios y de una contestación completa, pero pragmática y no utópica de la civilización mundial actual. (Guillaume Faye, Arquefuturismo.)



¿Y ahora qué? Quizás es tiempo que los progresistas dejen la utopía atrás, y pongan atención a las palabras de Faye.

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