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7 de mayo: tercer aniversario de la presidencia de Vladimir Putin

Aymeric Chauprade |
​Hace poco era entrevistado por la agencia rusa RIA Novosti. Éste es el comentario que hice:

"He escrito en uno de mis libros de geopolítica ("Crónica del choque de civilizaciones") que los dos acontecimientos más importantes en las relaciones internacionales, desde el fin del derrumbe soviético, habían sido por un lado la llegada al poder de Putin en 1999 y por la otra el 11 de septiembre de 2001. El primero fue una señal de esperanza, el segundo una señal trágica.

Vladimir Putin ha permitido el surgimiento de un mundo multipolar. Por el contrario, el 11 de septiembre le ha dado a los estadounidenses el pretexto para reforzar su voluntad unipolar atacando e invadiendo varios países (Afganistán, Irak, Libia...).

Es gracias a la recuperación económica, política y geopolítica de una Rusia dirigida por Vladimir Putin que el proyecto de dominación norteamericano (que se aceleró con la caída de la URSS) ha podido ser frenado. Lamentablemente, ese proyecto está todavía vigente a día de hoy en Ucrania, con la sola finalidad de ahondar la fractura entre la UE y Rusia y asentar el dominio de la oligarquía del Imperio sobre nuestra Europa.

​Putin constituye un modelo para todos los que quieren un mundo multipolar en el que los proyectos de imperialismos universales​ (como el imperialsimo norteamericano o el islamista) sean frenados, en el cual los europeos se vean liberados de la dominación estadounidense y por consiguiente de la Unión Europea, que es ella misma el producto de ese imperialismo. Basta con volver a las fuentes históricas de la fundación de la UE para entender la impostura europeísta.

Pero Putin aporta un segundo balance: está contribuyendo a la recuperación de los valores tradicionales y espirituales de la civilización cristiana en Europa. Rusia se ha convertido para los patriotas apegados a los valores de la civilización cristiana en una esperanza para todas las naciones de Europa.

Una de las verdaderas fracturas del mundo contemporáneo pasa entre los pro Putin y los anti Putin. Formo parte de los primeros, no por fascinación ni alienación a un país que no es el mío, sino porque el proyecto que más se ajusta a los intereses de Francia (y Europa) es la alianza con Rusia.

​Vladimir Putin es un gran hombre y estoy convencido que quedará así en la historia de Rusia. A su lado los dirigentes occidentales, a menudo sometidos a los EEUU, aparecen como enanos efímeros en la historia de sus respectivos países. ​​"​

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