Header Ads

Trending
recent

¿Qué clase de extranjeros hemos acogido?

Alberto Ramos |
La prensa nos trae diariamente su cosecha de hechos delictivos protagonizados por individuos y grupos llegados de allende nuestras fronteras. Una cosecha tan puntual como abundante y luctuosa. Algunos le llaman hechos puntuales, otros hablan de plaga criminal. Que cada cual nombre a las cosas como su inteligencia les dicte.

Continuamente, los diarios y los iFrancia:la prohibición del burka desata la violencianformativos de televisión nos hablan de delicuentes y criminales extranjeros: narcotraficantes, asaltadores, butroneros, falsificadores, defraudadores, redes de prostitución, mafias de todo tipo y color, violaciones, asesinatos, secuestros, etc...

La pregunta que nos hacemos es : ¿Qué clase de extranjeros hemos acogido? Porque la cuestión no es sólo la cantidad de inmigrantes que se han metido en tromba en España, sino la calidad de los mismos. Por lo tanto la pregunta es: ¿Quiénes son estas gentes? La respuesta es: básicamente un muestrario fidedigno de sociedades arcaícas y subdesarrolladas moldeadas por la violencia, el incivismo y el canibalismo social: el mundo de ahí fuera, tal cual es. En el clima de laxismo, reblandecimiento y desorden moral que reina en España, los peores elementos de esa inmigración encuentran el terreno propicio para sus malas inclinaciones. Nuestro sistema, más que reprimir el crimen, lo fomenta, y más que castigar a los criminales, los protegen. Habiéndose convertido España en un refugio acogedor donde la escoria social en todas sus formas y variantes goza de privilegios, ¿como podemos extrañarnos de que el país se haya transformado en la pocilga de delicuencia y criminalidad que es a día de hoy?

El hecho de que la gran mayoría de esa inmigración proviene de países muy alejados de los estándares sociales, culturales y morales que son los de la sociedad que los recibe, no mejora la cosa. Es obvio que si los 8.000.000 largos de extranjeros que viven hoy en España fueran polacos, argentinos o (podemos soñar) australianos y noruegos, no tendríamos el enorme problema que está llevando a España hacia un escenario de desorden creciente, conflicto permanente y caos asegurado. No se trata de esablecer una jerarquía cualquiera entre las razas o los pueblos, sino de plantear las cosas desde el punto de vista de la integración y la asimilación necesarias de los inmigrantes al país y la cultura que los acoge. Y en esa cuestión el sentido común se impone: no es lo mismo lo uno que lo otro.

Sin duda el volumen actual de inmigrantes que tenemos, así fueran de nacionalidades parientes y culturas afines, generaría algunos problemas inevitables, debido principalmente a la envergadura de esa masa humana, que sin dudarlo un instante se sitúa entre los 8 y los 10 millones de unidades (contando el millón largo de nacionalizados en esta última década). Pero no tendríamos las cárceles repletas de inmigrantes en las proporciones actuales. Tampoco tendríamos las calles llenas de gentes que parecen salidos de los peores películas de serie B o de los más polvorientos libros de etnología. Y tampoco tendríamos masas cada día más numerosas y reivindicativas que quisieran imponernos sus leyes, sus costumbres y su religión, y convertirse en nuestros amos. Pero la realidad es que la gran mayoría de esta inmigración corresponde a naciones de raza, religión, cultura y moral incompatibles con el pueblo español, y por lo tanto de asimilación imposible dentro de la sociedad de acogida.

Nadie en su sano juicio puede considerar la presencia abigarrada de esta humanidad desbordante que lo está arrasando todo a su paso, es una bendición o una oportunidad para los que han visto, en el espacio de apenas unos años, como su mundo ha sido cambiado dramáticamente y puesto en el camino de desaparecer para dejar lugar a otro más acorde a los gustos de los recién llegados, y que se parece como una gota de agua a otra al que dejaron atrás. Uno se pregunta: ¿Para qué querría esta gente salir de sus países para reproducir en el lugar de llegada lo que han dejado en el lugar de partida?

Estamos ante un fenómeno sin parangón en la historia de la humanidad. Estamos siendo invadidos por gente que está destruyendo el refugio al que han llegado y avasallando al que le ofrece socorro. Nunca en ninguna parte nadie había traicionado a tal punto las leyes de la hospitalidad sin que no lo llamaran “el enemigo”. Que cualquiera de nosotros haga la experiencia de comportarse en sus países como lo hacen muchos de estos inmigrantes en el nuestro: ya veríamos el castigo que nos caería encima. El carácter agresivo e incívico que reviste esa inmigración en términos generales, y cuya máxima expresión violenta es la masiva criminalidad que ha traído en su equipaje, justifica plenamente el sentimiento compartido por un número cada vez más grande de españoles de que esta gente es el enemigo. Porque, desde luego, como amigos no se comportan.

No hay comentarios:

Con la tecnología de Blogger.