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Putin, una bandera para la liberación europea

Por Alexander Dugin |

Vladimir Putin es el líder más europeo entre los otros jefes de Estado europeos. ¿Por qué? Porque sólo él ve a Europa como una potencia libre, independiente y soberana. Así Putin (como Jean Thiriart y Jean Parvulesco) está convencido de que Europa será grande sólo si sus límites se extienden desde Lisboa a Vladivostok. Putin entiende como ningún otro que para este proyecto hay un obstáculo esencial: el mundo anglosajón, la hegemonía de los Estados Unidos, el mundo talasocrático. Todas las guerras entre Estados europeos eran esencialmente guerras civiles en el contexto de la común civilización indoeuropea, con raíces comunes, con un patrimonio común, que se remonta a Grecia y a Roma. Sólo el imperio comercial marítimo británico era una desviación, que hizo revivir el espíritu de la civilización semítica de Cartago. En un duelo de Roma contra Cartago, Putin claramente está del lado de Roma, porque Moscú es la tercera Roma. Es por esto que él es el principal oponente de la hegemonía estadounidense y la oligarquía financiera mundial, defendiendo no sólo los intereses de Rusia, sino también a los intereses de Europa.

Putin es un conservador, un adversario del matrimonio homosexual, un partidario de los valores tradicionales, del honor, del patriotismo, de la familia, de la religión. Él encarna la lucha de las naciones europeas contra la élite liberal antieuropea. Así quiere Putin presentarse a los ciudadanos europeos, como alguien fuera de las élites liberales. Y quiere ser escuchado, comprendido. Rusia no quiere y no puede ser una amenaza para Europa, para una verdadera Europa europea. Rusia sólo está tratando de proteger su propia cultura y su propia tradición de los desafíos de la globalización y de la presión occidental. Putin distingue entre Europa y Occidente: Europa para él es su amiga, Occidente es la amenaza y el enemigo. Pero los intelectuales europeos más sagaces, sean de derecha o de izquierda, no piensan así.

Europa tiene raíces y tradiciones. Occidente sólo la tecnología, el capitalismo, los esquemas y las finanzas piramidales, el neocolonialismo, el imperialismo y la agresión. Los EEUU se han convertido en la víctima de sectas de maníacos que quieren manipular el Nuevo Orden en su beneficio. Putin es un símbolo de resistencia.

Para amar a Putin no es necesario amar y conocer Rusia. Esto es secundario, lo principal es amar a Europa, a la Europa real, no a la colonia americana, servil, privada de voluntad, de geopolítica, de soberanía. La Rusia de Putin es el principal soporte en la lucha de liberación nacional de Europa para su regreso a la Historia. Aun si en el futuro Rusia y Europa formaran dos grandes espacios separados en el contexto del mundo multipolar, hoy tienen objetivos y estrategias comunes. Así que Putin es ahora el nombre de Europa. Y mañana Europa encontrará su nombre, pero esto ocurrirá mañana. Mientras tanto, Putin es nuestra bandera y nuestro símbolo.

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