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Hindu Kush o el negacionismo del genocidio de 80 millones de indios por el islam

Jean-Patrick Grumberg |

“Los sultanes Bahmani, que gobernaban en la India central, se habían propuesto masacrar a 100.000 hindúes por año, y todo indica que cumplieron con ese plan…” Así cuenta François Gautier, ex corresponsal en la India del diario Le Figaro y de la revista Marianne, autor de “Una mirada sobre la India” (Ginebra, 2009). Pero en 1399, el famoso Timur superó eso: hizo matar a 100.000 hindúes en ¡UN SÓLO DÍA!

En su libro “El crecimiento de la población musulmana en la India”, el profesor Kishori Saran Lal calcula que entre el año 1000 y el 1525, 80 millones de hindúes fueron asesinados (eso sin hablar de hambrunas y otras calamidades engendradas por las guerras). “Sin duda el mayor holocausto de la historia de la humanidad”.

Las palabras del profesor Lal, cuyo cargo de director de Investigaciones Históricas del Consejo de la India (ICHR) y miembro del Consejo Nacional de la Educación y la Investigación de la India (NCERT) testimonian de su respetabilidad, están confirmadas por numerosos historiadores, como Alain Daniélou, Will Durant, Sitaram Goel y Koenraad Elst.

Ciudades enteras fueron incendiadas y sus poblaciones pasadas a cuchillo. Cada campaña sucesiva hizo decenas de miles de víctimas y millones de mujeres y niños fueron reducidos a la esclavitud. Cada nuevo invasor musulmán elevaba literalmente su montaña de cráneos hindúes. De tal manera, la conquista musulmana de Afganistán en el año 1000 fue seguida de la aniquilación completa de la población hindú de esta región, lo que se conoce todavía hoy como “Hindu Kush”, “la masacre de los hindúes”.

Sin embargo, este terrible episodio de la historia de la India ha sido ocultado. De las numerosas historias de la India que utilizamos como referencia, dice Koenraad Elst, apenas unas pocas, como la de Jacques Dupuis (1912-1997, agregado de Historia y diplomado de hindi en la Escuela de Lenguas Orientales) lo menciona. El historiador y sociólogo belga Koenraad Elst (“Negationism in India”) trata de la negación de las atrocidades musulmanas en la India. “Esta negación de las atrocidades musulmanas ha borrado todo un capítulo capital de la historia india, haciéndola desaparecer no sólo de los manuales de Historia, sino también de la memoria de los indios. Estos revisionistas han sido y son indios marxistas, comunistas, empezando por el mismo Nehru que, para “denigrar la identidad hindú de la nación india, se dedicó a borrar el horror de las invasiones musulmanas en la India”, según explica Elst. “Son los propios hindúes los que han negado constantemente el genocidio” confirma François Gautier. Y añade: “Bajo el impulso de Nehru, tres generaciones de historiadores y de intelectuales indios marxistas se han esforzado por persuadir a sus compatriotas y al resto del mundo que nunca hubo un genocidio musulmán cometido contra los hindúes”.

Elst nos recuerda que: “Nehru, el primer líder de la India independiente, era un gran admirador de la URSS. Fue él quien inició la estatización de la India sobre el modelo soviético”. Nehru admirador de la Rusia de los millones de muertos: eso ya dice mucho acerca del personaje, es casi una confesión….

Así, el negacionismo en la India, de inspiración marxista se ha dedicado a borrar de los libros de Historia escritos después de la independencia india en 1947 toda referencia al horror de las invasiones musulmanas y a denigrar a la identidad hindú de la India, atacando a los partidos políticos como el Jana Sangh (el precursor del Janata Party), el cual a principio de los años 20 del siglo pasado se esforzó de contrarrestar la influencia creciente de la Liga Musulmana que empezaba a reclamar la creación de un Estado separado para los musulmanes de la India. El escritor revolucionario y activista comunista Manabendra Nath Roy ha podido decir: “El islam ha cumplido en la India una misión de igualitarismo y fue por eso que fue bien recibido por las castas desfavorecidas. Es una cuestión de lucha de clases del todo justificada entre las fuerzas progresistas (los musulmanes) y las fuerzas feodales (los hindúes de las castas altas)”.

El historiador francés Alain Daniélou que ha vivido en la India durante 20 años, donde aprendió el sanscrito y estudió la música india, se queja del “prejuicio islamizante del indianismo francés”. El historiador belga Koenrad Elst añade: “El indianismo francés del siglo XX parece haberse inspirado en gran medida de este negacionismo, por ejemplo en “La historia de la india moderna”, publicado en 1994, libro que es considerado una referencia entre los indianistas. En el capítulo “El esplendor mogol”, Marc Gaborieau, director del Centro de Estudios de la India y de Asia del Sur, habla en términos elogiosos del emperador Aurangzeb, quien tenía la reputación (incluso entre los musulmanes indios) de haber sido el más sanguinario y el más perverso de los emperadores mogoles de la India. Aurangzeb ha concentrado sobre su persona el odio de los hindúes militantes que le atribuyen destrucciones sistemáticas de templos y conversiones forzadas masivas… Esta imagen maniquea debe ser seriamente corregida, dice Gaborieau”.

“Desgraciadamente”, continúa Koenraad Elst, “Aurangzeb se sentía tan orgulloso de sus actos que los hizo archivar debidamente y éstos han llegado hasta nosotros”. Elst nos recuerda que Aurangzeb (1658-1707) no sólo construyó una enorme mezquita sobre el más venerable templo hindú de Benarés, la ciudad santa hindú, templo que previamente hizo arrasar, además ordenó la destrucción de TODOS los templos de la India, entre ellos el Kashi Vishvanath, uno de los más sagrados del país, el de Krishna en la ciudad de Mathura, el templo de Somanath en el Gujarat y el templo Treka-ka Thakur en Ayodhya, e hizo construir mezquitas en su lugar. El número de templos destruídos por Aurangzeb se cuentan no por cientos, sino por miles. Aurangzeb no se contentó con destruir templos, también hizo eliminar a los paganos: “Ahmed Khan hizo saber a su Majestad que 2000 hindúes fueron ejecutados porque continuaban con sus abominaciones religiosas”, cuenta una crónica de la época. El gurú sikh Tegh Bahadur fue decapitado por protestar contra las conversiones forzadas de Aurangzeb. El propio hermano del emperador, Dara Shikoh, fue ejecutado por haber mostrado interés por la religión india.

“A lo largo de toda su historia”, escribe Daniélou, “el hinduísmo ha demostrado una notable tolerancia, permitiendo a los cristianos de Siria, a los mercaderes árabes, a los parsis y los zoroastrianos de Irán, a los judíos de Jerusalén, perseguidos en sus tierras, establecerse en la India y poder practicar su religión en total libertad”. ¿Se puede decir otro tanto de los musulmanes?

“Nunca insistiremos bastante sobre el horror de las invasiones musulmanas en la India. Ignorarlas porque pertenecen al pasado es ridículo, ya que estas repercuten todavía en los acontecimientos políticos actuales”
, insiste Koenraad Elst en su libro “El negacionismo en la India”.

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