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Francia: las clases medias aspiran a un golpe de Estado

J.-P. Fabre Bernadac
Los investigadores Véronique Langlois y Xavier Charpentier acaban de concluir un trabajo para mejor comprender los males actuales de las clases medias. Dirigen un laboratorio de estudios sociales llamado FreeThinking, perteneciente al grupo Publicis. Próximamente publicarán un estudio llamado "Disonancias. Las clases medias hablan de Francia después del 11 de enero, dos años antes de 2017" (fecha de las próximas elecciones presidenciales). Este estudio ha sido llevado a cabo ante 190 franceses de clase media.

Aunque los autores de este trabajo toman todas las precauciones posibles para no molestar a la casta política y mediática, y se mantienen en cierta manera dentro de los límites de la corrección política, sus revelaciones constituyen el reflejo real de esta clase popular francesa a día de hoy.

El esudio apunta a tres grandes "disonancias"

La primera: entre lo que los franceses viven, es decir una agravamiento de la situación de precaridad en una Francia que sigue cayendo peligrosamente (y de manera irreversible según algunos) y el discurso ambiente sobre la recuperación económica que no aparece por ninguna parte, hay un abismo que hace que los ciudadanos desconfien cada día más de sus gobernantes. Ante la gravedad de la situación, los franceses no entienden la falta de seriedad de las élites caracterizada por un debate político sin proyectos y centrado exclusivamente en algunas personalidades en la perspectiva de 2017. Los franceses perciben un sentimiento de negación de democracia entre los parlamentarios que no cumplen con la misión para la cual han sido elegidos, y llegan a pensar que estos están poniendo deliberadamente obstáculos a los cambios urgentes que la situación exige. Entre el pueblo y las falsas élites, hay un abismo insuperable que no ha hecho más que ahondarse desde hace años.

La segunda "disonancia": nuestros compatriotas siguen a pesar de todo relativamente optimistas y creen en "un proyecto que una a todos los franceses más allá de las diferencias religiosas y políticas", pero al mismo tiempo precisan que "hoy por hoy no ven tal proyecto en el horizonte".

La tercera "disonancia: "Por primera vez y de manera muy clara, los franceses expresan el sueño de un golpe de Estado ciudadano y republicano", advierte Véronique Langlois. ¡Ni más ni menos: un golpe de Estado! Las palabras "ciudadano" y "republicano" no son más que una pantalla para no ser señalados como pertenecientes al campo del Mal.

Conclusión, tal como era fácil imaginarlo: "Los franceses, sacudidos por los acontecimientos el mes de enero (atentados de Charlie Hebdo y el supermercado judío), consideran que han hecho su parte del trabajo al desfilar masivamente en las calles, mientras que la clase de los dirigentes políticos no ha hecho nada concreto."

¡Las cosas son dichas aquí de manera muy elegante!

En un artículo precedente expliqué que íbamos hacia una guerra civil, o cuanto menos hacia una explosión de la sociedad francesa. Para escribir esa eventualidad no tuve necesidad de un sondeo pagado por Publicis. Sólo me bastó con escuchar a las personas, en las calles, en las cuidades y en los pueblos.

Lo más revelador de este estudio es la sorpresa de los medios ante el hartazgo de las clases populares. Esta gente parece empezar a darse cuenta de la realidad.

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