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El antisemitismo en los tiempos de la gripe del pollo

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Alberto Ramos |
Recientemente ha sido publicada una nota bajo el título siguiente: "El sionismo reconoce que el Estado Islámico es bueno para Israel", acompañado por un corto vídeo de una entrevista de Bernard-Henry Lévy en una cadena de televisión francesa.

Algunos comentaristas, que podemos llamar "sionistas de guardia", han calificado la nota de antisemita, y por extensión a MD de web antisemita. Como yo soy el autor de esa nota, me veo en la necesidad de aclarar algo al respecto, aunque sólo sea por deferencia a este medio, que se ve injustamente atacado sin motivo y sin mayores argumentos, con la que es sin duda una de las mayores (sino la mayor) invectivas de nuestra época: antisemistimo.

Como el antisemitismo no está en ninguna parte de esa nota, ni en la intención ni en la concreción del comentario, salvo evidentemente en el ánimo del que profiere la acusasión, procede una pequeña puesta a punto para dejar claro a dónde se sitúa el problema, si en el acusado o el acusador.

La nota consta de dos partes: la transcripción (abreviada) de unos comentarios de un analista sionista (un tal Frédéric Encel) a un diario digital judío. Estas palabras son completadas por las del famoso "filósofo" BHL (así se le conoce en Francia al ubicuo y eterno Bernard-Henry Lévy, el charlatán mayor de la República Francesa, si es que se puede decir tal cosa sin ser acusado de... ¡antisemitismo!).

Lo que realmente corresponde a mi pluma son, poco más o menos, las últimas líneas que dicen así: "Ya sabemos por boca de los propios interesados a quién beneficia el crimen, como reza la célebre máxima. Y qué intereses fue BHL a defender a Libia en su momento. Y qué grupos de poder están detrás del Estado Islámico, que casualmente es tan beneficioso para Israel."

En resumen: Como nos imaginamos que los detectives en antisemitismo no acusarán al par de comentaristas judíos señalados en la nota del crimen supremo, debemos conjeturar que el antisemitismo está en las palabras finales del redactor de la misma. Esas palabras no hacen más que constatar que los mismos aludidos admiten estar interesados y alegrarse por los acontecimientos ocurridos o en curso en distintos países árabes o musulmanes del Norte de África y de Otiente Medio. O sea que mis palabras no hacen más que repetir de alguna manera los propios comentarios de los dos mencionados y comprobar que, de acuerdo a sus declaraciones, el Estado que ellos sirven y la ideología de la cual son fieles abogados (o mejor dicho: soldados), están detrás de los sucesos que desgarran y ensangrientan desde hace años esas regiones del planeta, para mayor beneficio de Israel y los superiores objetivos del sionismo. Lo dicen ellos, y habrá que darles algún crédito por ello, me parece: las "primaveras árabes" son buenas para Israel (no para los países árabes, sino para Israel) y el Estado Islámico trabaja para los intereses del Estado hebreo (pagado o ad honorem, eso no nos lo dicen). A eso se reduce el supuesto antisemitismo de la nota. La montaña ha parido un ratón.

Con el antisemitismo pasa como con el sexo para los represores de la cosa y con los obsesos sexuales (a menudo son los mismos), o sea los que tienen una relación particularmente enfermiza con el sexo y los temas sexuales: ven sexo en todas partes. Su relación obsesiva y maniática con el tema les lleva a distintas formas de demencia y delirio, cuando no a estados de agresividad incontrolada y recurrente. Los obsesos del antisemitismo no son únicamente gente con algún grado de trastorno mental, sino que a menudo son peligrosos. Es necesario cuidarse de esta clase de perturbados.

Ven a un hámster comiendo pipas: ¡antisemitismo! (¡o sexo!), ven una tabla de surf: ¡antisemistimo! (¡o sexo!), ven un bolígrafo de cinco colores: ¡antisemitismo! (¡o sexo!), ven a un bocadillo de calamares: ¡Auschwitz! (¡o una orgía!), etc, etc...

Antisemitismo sería decir, por ejemplo (y para irnos a los extremos), que los judíos se merecieron (o se merecen todavía) las famosas cámaras de gas. Recoger alguna noticia en que se critica la política de Israel o el papel de ciertos grupos judíos organizados e individuos sueltos (lobbíes, organizaciones, intelectuales...) se llama información, libertad de prensa... Reproducir las propias palabras de aquellos que protagonizan la información obedece además a la voluntad de ser lo más fiel posible a la fuente original. Claro está que algunos consideran (deberían explicarnos por qué) que los judíos, sobre todos los sionistas (judíos y no judíos), deben gozar del privilegio de la intangibilidad, o sea que sus personas y sus actuaciones no pueden ser criticadas, sometidas a examen, ni ser objeto de debate y controversia. O sea que los judios deben ser un grupo humano (¿sobrehumano?) con unos derechos superiores al resto de la humanidad. Si eso no es racismo, que venga Popeye y nos lo diga.

El antisemitismo es, según los diccionarios, la aversión a los judíos y el deseo o voluntad de excluirlos de tal o cual sociedad, mediante distintos medios. Así en breve. Debemos admitir con toda honestidad que, salvo casos muy puntuales, lo que se señala habitualmente como antisemitismo no guarda relación alguna con la verdadera definición del concepto. Hoy todo se ha vuelto antisemita, cuando se aborda un tema judío sin la debida reverencia al Pueblo Elegido, a las políticas de Israel o a los manejos de las organizacones sionistas. Un judío ha sido multado por exceso de velocidad: antisemitismo. Un judío se ha visto obligado a viajar de pie en un autobús: antisemitismo. Alegrarse de que Roman Polanski haya sido detenido por violar a una niña de 13 años: antisemitismo. Decir que Soros es más feo que pegarle a un padre: antisemitismo. Informar que Strauss-Kahn es un auténtico depredador sexual: antisemitismo. Dudar de que Netanhayu sea un hombre de paz: antisemitismo. Constatar que las mayores redes de tráfico ilegal de órganos tienen su sede en Israel: antisemitismo... Y así sin solución de continuidad. Se busca instaurar un clima de terror sicológico y una represión intelectual que impida cualquier crítica a un objeto que se ha vuelto un tabú, quizás "El" tabú de nuestra época: el judaísmo organizado, el sionismo político.

Con el antisemitismo pasa como con el famoso racismo que supuestamente cangrena nuestras sociedades occidentales: es una industria que le reporta cuantiosos beneficios de todo tipo a los que viven de la denuncia y represión de la cosa. Si no hay antisemitismo (o racismo) no hay beneficios. Como el antisemitismo es realmente un producto raro en estos días, se declara antisemitismo todo lo que no sea lamerle los tirabuzones a la judería, de la misma manera que toda actitud que no sea lamerle las babuchas a la morisma es considerado islamofobia. Así funcionan las cosas, así es el negocio. Es la industria de la culpabilización del hombre europeo y occidental para mejor someterlo y aniquilarlo. Pero esa ya es otra historia.

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