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Vladimir Putin juega al ajedrez mientras Occidente juega a las damas

Por John Wigth |
La permanente arrogancia de Occidente y su desdeñosa indiferencia hacia el resto del mundo nunca ha sido más evidente que en su papel en la crisis de Ucrania en estos últimos tiempos. El golpe de Estado que derrocó al gobierno electo de Viktor Yanúkovich fue el catalizador de un aumento peligroso de tensiones que no muestra señales de disminuir, con las tropas rusas tomando el control sobre la península de Crimea, cuya capital Sebastopol es el hogar de la Flota del Mar Negro de Rusia.

0El papel de los EEUU en el fomento de esta crisis y la ayuda de “campeones de la democracia” de los Estados Unidos, como el senador John McCain, se puede considerar como criminalmente irresponsable y políticamente imprudente. Esas mismas figuras políticas ahora intentan disputar el terreno moral a Moscú después del aumento gradual de las tensiones en Kiev y el apoyo dado a los manifestantes que ocuparon la plaza Maidan (muchos de ellos miembros de organizaciones neonazis).

Ningún disimulo ni propaganda puede alterar el hecho de que un gobierno elegido democráticamente fue derrocado por una turba armada, con los fascistas y neonazis jugando un papel clave, lo que revela que para Occidente la democracia no es un fin, sino sólo un medio para su fin. Este extremo se centra en la creación de gobiernos dóciles a los intereses occidentales, independientemente de si los gobiernos vienen a través de las urnas o la turba. La hipocresía en este sentido es clara.

También está claro que hay un contexto geopolítico de peso para estos eventos, que gira en torno a la lucha entre la continuación de un mundo unipolar, en el que la voluntad de Washington y sus aliados se ejecuta en cualquier lugar, independientemente del derecho internacional o la soberanía nacional, o la alternativa multipolar que significa el surgimiento de Rusia, China y otras economías emergentes.

Cuando se trata de Rusia, el resurgimiento de Moscú como un jugador global posterior al colapso del bloque soviético a principios de los años noventa se califica como un éxito notable en términos de Rusia y un gran fracaso estratégico y de política exterior de Washington y sus aliados. La capacidad de Rusia para proyectar el poder duro y el poder blando, utilizando sus depósitos de gas y petróleo como arma política, ha sido cada vez más evidente en los últimos años, lo que le permitió derrotar a objetivos occidentales en Georgia en 2008, Siria el año pasado, y ahora se ve en conflicto directo y abierto con Occidente en Ucrania. Claramente, los halcones en los EE.UU y Europa han demostrado ser consistentes cuando se trata de no aprender la lección de que Rusia no se queda atrás cuando se trata de proteger sus intereses.

El petróleo y el gas son factores clave en esta crisis. A inicio de 2009 Rusia cortó temporalmente el suministro de gas a Ucrania en respuesta a las acusaciones del gobierno ruso de que Ucrania estaba desviando el gas con destino a Europa. Un sector de la clase política y empresarial de Ucrania ha decidido unir Ucrania a Occidente desde entonces, y de tener éxito podría poner en marcha un efecto dominó que dañaría a Rusia económicamente y plantearía una mayor amenaza a su seguridad por la expansión de la OTAN hasta sus fronteras.

Dicho esto, la relación entre Rusia y Europa es, por definición, una relación de interdependencia. Europa recibe más del 60% de su gas de Rusia y Moscú depende de los ingresos que recibe en el proceso. Lo que Putin ha hecho actuando de manera decisiva con la recuperación de Crimea es llevar los hechos importantes sobre el terreno. En las negociaciones que posteriormente se producirán, éstas necesariamente girarán en torno a este hecho fundamental. La grandilocuencia se ha puesto muy de moda en las capitales occidentales en relación con la violación de la soberanía de Ucrania, de la misma manera que un matón de patio de colegio acusa al muchacho que lo golpea siguiendo sus mismos métodos de no pelear limpiamente.

La recuperación rusa de Crimea es la evidencia de que la hegemonía occidental, considerado desde hace mucho tiempo como el sine qua non de los asuntos mundiales, ya no es un hecho. También es una prueba más de que cuando se trata de política exterior, Vladimir Putin está jugando al ajedrez mientras que sus homólogos en Washington, Londres y en toda la UE están jugando a las damas.

https://www.youtube.com/watch?v=-Iu0pvZP-dM

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