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Por un referéndum sobre la inmigración

FABRICE

Por Fabrice Robert | Presidente del Bloc identitaire
Queridos amigos, queridos camaradas,

¡Gracias por haber venido! Hoy en Francia, el lugar en donde están los demócratas no es en el Parlamento, sino en las calles. Es en las calles que desde hace años se expresan millones de franceses, millones de franceses despreciados, engañados, insultados, pero en pie.

Fiscalidad, escuelas, paro, teoría de genero... Los temas que causan enojo no faltan. Pero hay uno que es fundamental, y es el de la identidad. ¿Que nos importa el monto de los impuestos si mañana nuestro pueblo ya no existe? ¿Que nos importa el matrimonio homosexual si mañana ya no hay franceses y son los islamistas que lo anulan?

En todos los grandes movimientos populares históricos hay una vanguardia. Junto con algunos más, el Bloc Identitaire y nuestros camaradas de Generación Identitaire, somos esa vanguardia. Nos encontramos en las primeras filas de la lucha. Desde hace 10 años le plantamos cara al enemigo. Hemos introducido en el debate público armas conceptuales como la sustitución de pueblo y de civilización, la inundación demográfica de la inmigración, la islamización de nuestra sociedad y el racismo antiblanco entre otras.

Estar en la vanguardia es demostrar que nada es imposible, que el sueño se hace realidad cuando la voluntad está presente. Ésta es la señal que hemos querido enviar con nuestra hoja de ruta sobre la remigración. No se trata de ninguna manera de una serie de provocaciones imposibles de llevar a la práctica. Por el contrario, todo es realizable y nos hemos quedado por debajo de lo que es posible.

La remigración no es un simple concepto, es una necesidad. Y es una necesidad para los propios inmigrantes. Pero aunque no lo fuera eso no cambiaría nada ya que la remigración es indispensable para los franceses y para los europeos.

Se puede poner muchas cosas en el concepto de remigración. Pero ante todo, es algo muy sencillo que se puede resumir con esta frase: "Señoras y señores, ahora os debéis ir..."

Como es ilusorio que la remigración tenga lugar con una simple llamada a la razón, se impone medidas. No voy a enumerarlas todas, pero al menos las principales, las que actuarán de manera tan sencilla como apretar un botón.

Primero: Derogación del derecho de suelo. Ese derecho nacido con la Revolución podía tener sentido cuando se trataba de hacer entrar en el cuerpo nacional, a pequeñas dosis, a belgas, polacos o italianos. El derecho de suelo se ha convertido hoy en un derecho de ocupación. Eso tiene que acabarse. Los grandes principios son menos importantes que la supervivencia.

Segundo: Derogación del reagrupamiento familial. Este reagrupamiento no es más que una larga serie de pequeñas bombas demográficas de fragmentación que golpea a nuestras ciudades. Esta reagrupación es la disolución de Francia.

Tercero: Pérdida de la nacionalidad para todo naturalizado desde menos de 10 años y que hayan cometido un delito. Porque hay que decirlo: ¡En Francia la inmigración mata!

Cuarto: Penas de cárcel sistemática para todos los empleadores que den trabajo a inmigrantes ilegales. Deben pagar, y no sólo con su dinero, sino con su libertad. La cárcel es el castigo mínimo cuando se toca a la comunidad de destino de nuestro pueblo.

Quinto: Acabar con la propaganda de Estado a favor de la inmigración y del mestizaje. Es esta propaganda masiva, industrial, hecha con el dinero de los franceses, la que permite la Gran Sustitución al anestesiar las defensas inmunitarias de nuestro pueblo. Hay que acabar con los telefilms y las telenovelas que son un insulto a la realidad, en los que se ve a escoria social de raza blanca agredir a mujeres y respectables africanos víctimas del racismo, cuando la vida real nos ofrece diariamente el relato contrario. Hay que cortar la financiación con dinero público de las cadenas de televisión que produzcan semejantes indignidades. La propaganda pro-inmigración no debe ser posible sino con fondos privados. O sea que dejará de hacerse.

Sesto: Creacion de un Alto Comisariado para la Remigración, y establecimiento de un Fondo de Ayuda al Retorno junto con una campaña de sensibilización para incitar a los inmigrantes a volver a sus países. Estamos dispuestos a pagar, pero para que se vayan y que no vengan. Estamos dipuestos a pagar a los países de origen, pero el contrato deber ser claro: ¡Guardaros vuestras masas demográficas para vosotros! ¡Si la natalidad debe ser una fatalidad, que sea la vuestra!

Séptimo: Esto es Francia. Aquí no queremos velos en las calles. No queremos prédicas en árabe en las mezquitas. Hay que prohibir las prédicas de los imanes extranjeros y la financiación extranjera de las mezquitas. El mensaje debe ser claro: el islam no es bienvenido. Francia no está en venta. Si estáis de acuerdo y aceptáis nuestras reglas, mejor, de lo contrario las puertas están abiertas para que os vayáis. Iros a llevar vuestra legendaria tolerancia a Arabia Saudita.

A todos los que dicen: "Eso no es posible, no se puede, la UE no querrá, los grandes empresarios no querrán, la chusma de las "banlieues" no querrá, los islamistas no querrán", respondemos dos cosas:

Primero. ¿Y vivir en un país invadido, eso si es posible? ¿Es eso aceptable? Vivir en una época en que vemos en tiempo real ante nuestros ojos la Gran Sustitución, en la que nos piden que soportemos los que tenemos encima hasta morir, ¿eso es aceptable? Hace 30 años, nadie hubiera imaginado que llegaríamos a esto. Entonces entre la muerte posible y la posibilidad de salvación, nuestra elección no ofrece dudas. Nos quedamos con la liberación.

Segundo. Nada es imposible, la Historia lo ha demostrado muchas veces... En 1962, cerca de un millón de europeos salieron de Argelia en pocos meses para nunca más volver. Sin embargo llevaba 130 años viviendo en lo que era su país. Y tuvieron que irse. Nada es imposible. Basta con tener detrás de nosotros la voluntad popular y de marcar el territorio político invirtiendo la relación de fuerza ideológica. Esta batalla está siendo ganada. El sistema detiene el aparato del poder, pero no tiene ya legitimidad popular.

Hemos ganado la batalla de las ideas. Por una simple razón, y es que nuestras ideas son las de la realidad. la situación es grave, la invasión tan evidente que el sistema ya no puede mentirle al pueblo.

La respuesta absoluta a esta trágica situación es el recurso sistemático al pueblo. ¿En nombre de qué decenas de millones de franceses serían más cretinos que Hollande, Valls o Cazeneuve? Para darse cuenta que el rostro de Francia está cambiando, la experiencia personal basta. Y esa experiencia nos dice que la Francia del 2015 está que arde. Hay que darle la palabra a los franceses, hay que hacer un referéndum sobre la cuestión. Hay que hacer girar la rueda del destino y reconstruir una Francia para los franceses.

La lucha apenas comienza, y se está acelerando. Una cosa es segura: sin un pensamiento identitario, sin una acción identitaria, se acabará Francia y se acabará Europa.

Nos negamos a desaparecer. ¡Estamos en pie y lucharemos para seguir siendo los dueños de nuestra tierra!

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