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No es inmigración, es invasión

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Por Alberto Ramos |
Los movimientos migratorios no son siempre pacíficos ni amistosos, ni tampoco deseados ni solicitados. España en particular y Europa en general se encuentran hoy en esa situación. Millones de personas provenientes de todo el mundo se agolpan a nuestras puertas y entran por nuestras ventanas, y en su gran mayoría no pertenecen ni al mismo tronco racial ni a la misma civilización que los europeos. Vale decir, por lo tanto, que son totalmente incompatibles y no integrables a nuestras sociedades europeas y que esta masiva invasión se está convirtiendo en una colonización en toda regla.

El islam, por ejemplo, nos quiere imponer sus costumbres alimentarias (halal), vestimentarias (hiyab, velo, burka…) arquitectónicas (mezquitas, minaretes…), sin duda mañana lapidaciones y otras decapitaciones en plaza pública. Se pretende llevar a cabo esta imposición primero a los propios musulmanes en Occidente y después a nosotros , y eso constituye un proceso de colonización agresiva.

En los barrios con grandes concentraciones y porcentajes de inmigración, asistimos a frecuentes comportamientos de depredación sobre los autóctonos. La vida diaria de muchos europeos se ha convertido en una pesadilla. Las cárceles europeas están saturadas de criminales extranjeros. Es imposible negar la relación directa entre inmigración y delincuencia.

Las conclusiones son claras: esta inmigración es un fenómeno masivo no solicitado: es un fenómeno padecido y no deseado por los pueblos de los países de acogida. Es también un fenómeno que presenta aspectos de depredación. La agresividad de esta inmigración queda de sobra reflejada en las estadísticas criminales, por no decir directamente vivida en carne propia por muchos europeos que experimentan a diario la verdadera naturaleza de esta inmigración. Por lo tanto, no es lingüísticamente ilegítimo hablar de invasión.

Esta inmigración/invasión ocurre por varios motivos:

– Diferencia demográfica entre Europa y el Tercer Mundo que genera una brutal presión sobre nuestros países.

– Europa tiene sus fronteras abiertas y el Estado del bienestar atrae al mundo como un Eldorado.

– Diferencia moral entre unas minorías conquistadoras (sin escrúpulos y con necesidades) y una mayoría culpabilizada (esclavitud, colonialismo, Holocausto…).

Esta invasión es promovida:

– Por los gobiernos extranjeros que exportan el sobrante de su población y se benefician de las divisas que sus súbditos envian a sus respectivos países.

– Por los empresarios europeos que utilizan la inmigración para hacer bajar los sueldos y quebrar a la clase trabajadora local.

– Los ricos (y los no tan ricos) que se benefician de un servicio doméstico a buen precio.

– Las asociaciones y los abogados inmigracionistas que viven de la inmigración y de las subvenciones públicas.

– Los políticos y los sindicalistas que ven en esa masa de “nuevos cuidadanos” a futuros votantes y cotizantes, nuevos socios y nuevos miembros para sus escuálidas formaciones.

– La Iglesia, que actúa en realidad como cómplice, que ve en estos recién llegados a los pobres que necesita para su acción pastoral y social.

Las soluciones no son prioritariamente tecnológicas, ni administrativas, ni siquiera políticas. La solución pasa por un cambio ideológico total: hay que salir del redil de la ideología dominante.

– Romper con el individualismo y reanudar con el sentido de la soberanía nacional.

– Rechazar la ruptura con las tradiciones y volver a las raíces de la civilización europea.

– Tirar a la basura el antirracismo, ese “comunismo del siglo XXI”, y volver a la preferencia nacional.

– Abandonar la globalización y volver al patriotismo económico, a la identidad nacional y a las fronteras de los Estados soberanos.

Además hay que aplicar el principio de precaución que impone que no debemos aceptar más inmigrantes provenientes de países de civilización incompatibles con nuestros valores y nuestra cultura. Limitar el resto a lo estricto necesario para nuestros intereses: Europa no puede ser una inmensa ONG que reparta a los pobres del mundo el patrimonio de los europeos, ni un hotel en que se alojen a cargo de nuestro bolsillo la humanidad fracasada del Tercer Mundo.

Se aprecian unas señales que deben dar sus frutos:

Europa está en dificultades económicas. Se acabó el crecimiento ilimitado: ya no hay manera de financiar más inmigración y crear más deuda. El grifo se ha cerrado, tal vez se ha secado.

Estamos en el principio de un cambio mediático: los grandes medios del sistema ya no son creíbles y los medios alternativos ayudan a la opinión pública a saber cada día más lo que realmente pasa. En el terreno político, la casta dominante empieza a sentir como se le mueve la tierra bajo los pies.

La rueda de la Historia no deja de girar. El viento ha empezado a cambiar de dirección.

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