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"¡No soy Charlie, y menos todavía Mohamed!"

TASIN

Por Christine Tasin |
No quiero estar sometida a ningún Dios y menos que menos al dios del islam, ese que reclama violencia y guerra contra los no musulmanes, los judíos, los cristianos y los homosexuales, el que encierra a las mujeres y les niega todo derecho.

Si hubiera tenido la desgracia de nacer musulmana, me habría vuelto apóstata. Porque la libertad humana es fundamental. Y que no me vengan a hablar de la dificultad de dejar su comunidad, su círculo, su religión, su cultura... ¡Estos no son más que pretextos inventados para no vivir su propia vida!

Lo mínimo para un musulmán sería por lo menos abandonar el islam durante unos años en la edad adulta para buscarse y encontrarse, aun al precio de volver a sus sistema, pero habiéndolo elegido esta vez, en lugar de padecer una imposición.

He sido liberada de Dios por la gracia de Prometeo que he encontrado al final de mi adolescencia y me alegro de ello cada día. Sin embargo, nunca he tenido ganas de renegar de mi nombre cristiano porque el cristianismo es emancipación, aspiración a la libertad de los hombres tanto como de las mujeres, respecto por los demás, así sea judio, musulmán, homosexual o prostituta. Porque también amo con pasión nuestras iglesias, nuestras catedrales, todas las de Occidente. Nunca olvidaré el día en que por primera vez entré en la basílica de San Pedro en Roma.

Esta obra en la cual se han sucedido tantos genios, como Miguel Ángel y Gian Lorenzo Bernin, deja sin aliento. No es Dios al que he encontrado, sino al Hombre, capaz de construir un domo tal, el Hombre capaz de construir esos efectos barrocos que embriagan, el Hombre capaz de imaginar y realizar La Pietà.

Es por eso que no me molesta en absoluto llamarme Christine, porque Cristo, se crea en él o no, haya existido o no, haya sido un iluminado o el hijo de Dios, ha permitido que los hombres tengan la libertad infinita, la de renunciar a Él, la de ir siempre más lejos en la investigación, en la ciencia, en el espacio... Cristo no me molesta, no me impide vivir mi vida de atea, ni de respetar aquellos que creen pero que no intentan imponerme su visión del mundo.

Me llamo Christine, soy atea e islamófoba, y estoy encantada con ello.

¿Cómo soportar llamarse Mohamed cuando comparamos nuestra infinita libertad con la de los pobres musulmanes?

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