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Mestizaje y multicultura

multiculturalismo

Por Alberto Ramos |

En el cansino y onmipresente discurso "progresista" y políticamente correcto impuesto por el poder en plaza y su servicio doméstico mediático destacan un par de términos que, como mantras obsesivos de esta nueva religión, resuenan insistentemente en el aire de un mundo que corre a su perdición: mestizaje y multicultura. Ni más ni menos.

Sin embargo estos dos conceptos son contradictorios y antagónicos entre sí. Es como proponer un valor y su opuesto al mismo tiempo. Ni la coherencia, el sentido común y la lógica son virtudes conocidas para esta progresía de cerebro espongiforme y cromosomas desparejados que se ha adueñado del patio.

Veamos.

MESTIZAJE: mezcla de componentes distintos que dan origen a una nueva entidad. Varios elementos se funden en uno solo. Las diferencias se atenúan a medida que el proceso de unión se afianza y finalmente desaparecen. (El grado de afinidad original entre los grupos determina el mayor o menor éxito en el proceso y la calidad de la mezcla resultante).

MULTICULTURA: yustaposición de diferentes componentes en un mismo espacio. Las diferencias se perpetúan y, como reacción a la presión de las mismas, al choque de intereses contrarios y la competencia entre entidades de estructura incompatible, estas se acentúan hasta desembocar en el conflicto y el enfrentamiento.

MESTIZAJE: orígenes distintos + convergencia + camino compartido + meta común = fusión (y por lo tanto convivencia dentro de la unidad).

MULTICULTURA: orígenes distintos + divergencia + caminos separados + metas diferentes = desunión (y a la postre choque de los opuestos).

Una nación puede ser, sin desmedro de su cohesión y viabilidad, fruto de lo que llamamos mestizaje, de un encuentro de culturas y sangres distintas. De hecho la mayoría de los pueblos (salvo tal vez los muy primitivos que viven en total aislamiento), desde las entidades étnicas más modestas en número hasta las pueblos con historia, son el resultado, no siempre feliz hay que decir, de una mezcla. Eso es válido incluso para aquellos que están convencidos de poseer un notable grado de “pureza racial”, lo que no significa estrictamente nada fuera del sentido fantasioso que le dan los convencidos de esa mitología que se asienta más en teorías ideológicas que en hechos científicos.

Esa mezcla tiene un valor muy desigual según los componentes de esa amalgama y la antigüedad de la misma, amén de otros factores históricos, sociales, culturales, etc... Para entendernos: no es lo mismo la especie brasileña resultante de la mixtura de blancos, negros e indios que la española resultante de la combinación de celtas, íberos y godos, para simplificar. En el primer caso los componentes son muy disímiles en sus respectivas constituciones y la "convivencia" es aún muy reciente en términos históricos para haber dado un pueblo con un grado elevado de afinidad y parentesco entre los miembros de esa población. En cambio, el caso español es el resultado de la mezcla de elementos afines de un mismo tronco racial y los siglos de continua aleación han logrado un evidente grado de homogeneidad: una mezcla relativamente estabilizada. O sea, unos tipos físicos y sicológicos medianamente parecidos en términos generales, no como el caso brasileño, evidentemente.

Una mezcla de pueblos puede dar perfectamente nacimiento a una nación definida, coherente, si los componentes que lo conforman, inicialmente diferentes pero de similar jerarquía racial y étnica, se funden en una sola unidad, si este nuevo pueblo está unido por una memoria y un destino común, si su existencia está definida por una comunidad de intereses, una afinidad espiritual, unos valores compartidos, una solidaridad de objetivos, un proyecto único. Lo que es inviable es la yustaposición promíscua de grupos irreductiblemente diferenciados, aislados en sus particularismos culturales, separados sin remedio por su moral extranjera las unas para las otras, carentes de toda voluntad de unión, huérfanos de una meta unificadora, encerrados en sus egoismos tribales, enemigos de toda idea de existencia compartida bajo unos principios comunes aceptados sin reserva. Un mosaico de pueblos separados por valores incompatibles, devotos de cosmovisones extrañas entre si, no es una nación, jamás lo ha sido, y desde que las leyes sociales e históricas que rigen las sociedades humanas ya están establecidas desde los albores mismos de la humanidad, podemos decir, sin riesgo de equivocarnos, que jamás lo será.

Lo que se está gestando en Europa (el embarazo está muy avanzado y pronto dará nacimiento a un monstruo deforme) con la inmigración masiva de extranjeros de estirpes no europeas, de elementos extraños a nuesta cultura, a nuestra mentalidad y nuestro universo moral (de donde se derivan todas nuestras costumbres, usos, hábitos y leyes), no es un cambio para mejor del modelo histórico europeo, de raza blanca, de cultura grecolatina y de religión cristiana, sino una ruptura con su verdadera esencia; no una evolución lógica, natural, benéfica, sino un proceso degenerativo que está destinado a desembocar en la bastardización irreversible de las naciones europeas, en la decadencia de sus pueblos, en la corrupción de sus sociedades, en la destrucción de su cultura, en la quiebra de sus Estados, en el desorden y el caos que preceden a la muerte de las civilizaciones.

Nuestras sociedades civilizadas están ya tocadas por el germen de la degradación, y el aluvión demográfico de la mal llamada inmigración sólo puede empeorar trágicamente esa caída iniciada. Hablar de esa visión supuestamente idílica que es la “sociedad multicultural” es hablar de parajitos preñados: eso no existe, ni puede existir. Aquello que se denomina sociedad multicultural no es más que un agreado de sociedades en paralelo, unos mundos separados por abismos culturales y espirituales insalvables. Un revoltijo de etnias y razas presentes sobre un mismo territorio no conforma una sociedad, no es una nación: es una Torre de Babel, el reino de la confusión, el desorden y la discordia. ¡Quien quiera multicultura, que vaya a verla en África, en la India, en el Asia toda! La mirífica sociedad multicultural, el Edén terrenal por llegar, la Shangri-La por fin materializada, no es un proyecto de futuro, es una lacra del pasado.

Al mismo tiempo que los pueblos de cultura no occidental están reafirmándose en sus respectivos particularismos, acentuando sus diferencias con nuestro modelo que desprecian y odian de manera más o menos abierta o velada, virulenta o solapada, Occidente está en Babia, jugando a las muñecas con esas monsergas de la multiculturalidad, el mestizaje de las culturas, la diversidad, el abrirse al “Otro”, debilitándose mientras sus adversarios y enemigos se van fortaleciendo, desintregrándose al tiempo de sus competidores se van integrando cada vez más. Los países europeos van camino de convertirse en sociedades divididas y fraccionadas (paso previo a la desintegración final). La marcha ascendente hacia el progreso se ha detenido, estamos retrocediendo, nos hemos condenados al estancamiento y a la regresión. No nos elevamos, nos hundimos sin remedio.

Lo que está surgiendo sobre las ruinas del edificio que se está cayendo ya a pedazos es la creacion de unas islas raciales y culturales en acelerada extensión, ante la pasividad de unos, la complacencias de otros y la complicidad satisfecha de aquellos que cifran su éxito en la destrucción de los pueblos europeos, unas masas en rápido crecimiento que ni se funden ni se fundirán en la cultura occidental. Lo que está surgiendo es una mezcolanza heterógenea de etnias y culturas en perpetua efervecencia que ya es causa de inseguridad, marginalidad, desorden y hostilidades cada día más fuertes y explícitas.

Lo que caracterizará a Europa en el siglo que acaba de empezar serán los conflictos raciales, culturales, las guerras de civilizaciones. En España los ejércitos enemigos que ya están dentro de nuestros muros nos saltarán a la garganta en cuanto sientan el momento venido y reciban las órdenes de sus generales. Nos degollarán con el cuchillo que les hemos ofrecido. Los pueblos de ascendencia no europea, de cultura no occidental , ya han establecido sus cabezas de puente en la blanda y agujereada Europa insensatamente acogedora y tolerante. Llegará pronto la hora en que los europeos deberán luchar por su supervivencia, por su cultura, su futuro, su lugar bajo el sol, para poder seguir disfrutando de los beneficios y la protección de una civilización superior, y para no hundirse en la noche de la barbarie multicolor. Y tendrán que hacerlo en un doble frente: contra la agresión exterior que golpea nuestras puertas y contra un enemigo ya instalado en el interior de sus propias fronteras. Europa luchará o perecerá submergida por una marea de pueblos extranjeros.

El tan promovido multiculturalismo, de no ser eficazmente contrarrestado, llevará a la fatal disolución de nuestras sociedades. Resultado de una inmigración indeseable e inasumible surgirá una gran desigualdad étnica que será profundamende perjudicial para la unidad nacional, la cohesión social y la identidad cultural de los países invadidos, debido al carácter inintegrable, indigerible y disolvente de sus culturas, y al atavismo racial de esos pueblos. Esos grupos étnicos están destinados a convertirse en una rémora social, en factores de atraso, entorpecimiento y paralización del progreso de la sociedad, sometiendo a los países de acogida a los negativos efectos del doble impacto del coste económico y social y el choque cultural y el avasallamiento demográfico de esas comunidades foráneas. No pueden convivir en paz y armonía el Primer Mundo con su complejidad y el Tercer Mundo con su primitivismo codo con codo, el atraso y el desarrollo bajo el mismo techo, el siglo XXI y la Edad Media juntos como si tal cosa. Eso es una quimera, una fantasia irresponsable, una idea grotesca y peligrosa cuyos amargos frutos estamos ya recogiendo a manos llenas.

La presencia de comunidades alienígenas cada vez más numerosas está sentando las bases de un conflicto que no será racial en el sentido estrecho del concepto (un pueblo contra otro(s), un “color” contra otro(s), sino que será fundamentalmente un enfrentamiento entre dos conceptos diametralmente opuestos e irreconciliables: Civilización versus Barbarie, Progreso versus Atraso, Razón versus Fanatismo, Cultura versus Oscurantismo, Orden versus Anarquía, Modernidad versus Salvajismo. Querer construir Europa con África, Oriente Medio, el Indostán, el Sudeste Asiático, China, la América andina y caribeña, es un desvarío. Pretender enriquecer Occidente con los deshechos del Tercer Mundo es un suicidio.

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