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Francia está en guerra

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Por Aymeric Chauprade | Diputado Europeo del FN


Francia está en guerra con unos musulmanes, no está en guerra con los musulmanes, sino con unos musulmanes.

El islam es un mundo complejo. Necesitaríamos horas para explicar las variantes, chiítas, sunitas (y entre los mismos sunitas), las distintas escuelas jurídicas y el sufismo también.

De manera sencilla, dividiré el islam en dos. Lo que llamo el islam aclimatado por las naciones, por las culturas nacionales, por los Estados, y que hace que el islam marroquí, el indonesio o el saudita no son los mismos. Y por otra parte, el islam global, el islam que ha permanecido fiel a sus fundamentos yihadistas, a sus fundamentos históricos (y quien dice fundamentos dice fundamentalismo), el islam que se niega a formar parte de las naciones, que no le otorga legitimidad a los jefes de Estado (o muy poca), ya sea musulmanes o no, el islam que quiere restaurar el califato y establecer la ley islámica en todo el planeta. Éste es el islam que nos hace la guerra, nos guste o no.

Volvamos al conflicto entre esos dos bandos del islam. El islam aclimatado por las naciones y el islam que no lo está, el islam radical en guerra en todas partes contra las demás civilizaciones, contra los EEUU, Europa, Rusia, China, India, Israel, y tambien contra los regímenes musulmanes moderados. Esos dos bandos no son permanentes ni estables. El número de sus respectivos partidarios cambia a través de la historia.

Los servicios de inteligencia occidentales estiman la proporción de adeptos del islam radicalizado entre el 15% y el 25% de los musulmanes del mundo, incluyendo a los musulmanes que viven en suelo europeo. Esos 15% o 25% de 1.500 millones de musulmanes significan entre 225 y 375 millones de musulmanes. Podemos comparar esa masa humana con la población de los EEUU, que es de 315 millones de personas. En Francia, con 6 millones de musulmanes por lo menos, eso significaría entre 900.000 y 1.500.000 de musulmanes convencidos que la umma es superior a su pertenencia a la nación francesa, que la sharia debe sustituir a la ley francesa, y que el Corán reemplazará un día nuestra Constitución.

El argumento del hecho minoritario carece de peso. La ideología repetida hasta el hartazgo del "no hay que confundir la mayoría (de los musulmanes moderados) con la minoría (de los fanáticos) es falsa y además peligrosa. Muchos franceses se están marchando del país, y no solamente los judíos, porque piensan que la cosa está perdida, que la demografía está contra nosotros, que ellos van a ganar. Esos francese no sólo huyen del socialismo, el fiscalismo, el estatismo, sino que huyen fundamentalmente de la invasión lenta.

El vivero del terrorismo islámico, es decir los que están dispuestos a pasar a la acción yihadista, es enorme: posiblemente estemos hablando de 1.000.000 de personas. Eso no quiere decir que tenemos 1.000.000 de terroristas potenciales en nuestro país, pero quiere decir que una quintacolumna vive entre nosotros y puede en cualquier momento volverse en contra nuestra en caso de confrontación general.

Hace un tiempo fuimos testigos de la negativa por parte de soldados franceses musulmanes de servir en Afganistán. Hoy hablamos del rechazo en las escuelas del minuto de silencio por las víctimas de los atentados recientes. Es la misma lógica: para esta gente la ley del islam es superior a las leyes francesas, la obediencia y la fidelidad al islam es superior a la obediencia y la fidelidad a Francia. Esa es la definición de quintacolunma.

Es probable, y hasta cierto, que una mayoría de musulmanes en Francia condenan los ataques que han apuntado a los judios y a los policías, porque muchos de ellos los consideran injustos. Pero no es el caso del atentado contra Charlie Hebdo. Las embajadas y los servicios de inteligencia occidentales han notificado numerosss escenas de alborozo en el conjunto del mundo musulmán al saber que los caricaturistas del Profeta Mahoma habían sido asesinados. El sentimiento mayoritario entre los musulmanes es: "Se lo tenían merecido por insultar a nuestro Profeta". ¿Acaso hay que recordar que en el islam la blasfemia está castigada con la muerte, lo que es por cierto aplicado en numerosos países musulmanes, como Pakistán, por ejemplo?

¿Cómo hemos llegado a esta situación? Hay que hacer el diganóstico justo si queremos curar la enfermedad.

A nivel mundial estamos en esta situación porque la globalización dominada por Occidente, al atacar a las naciones, a su identidad, a su soberania, ha debilitado el islam sometido a las naciones en provecho del fundamentalismo islámico, por definición transnacional y globalizado.

Las políticas de los estadounidenses y europeos han destruido o debilitado todos los regímenes árabes que trataban de imponerse en detrimento de la sharia, y han liberado de esa manera las fuerzas islamistas. Los gobiernos occidentales que se han apoyado las guerras en Irak, en Libia, debilitado el régimen sirio, aislado a Irán, tienen una gran responsabilidad. El mundialismo le ha hecho la cama al islam radical, le ha hecho la cama al fundamentalismo y lo ha apoyado directamente con sus servicios especiales, y eso porque el mundialismo es, al igual que el islam radical, una ideología global que quiere matar a las naciones.

A nivel nacional, la situación es la combinación de un fenómeno cuantitativo, la inmigración extraeuropea masiva desde hace 40 años, con un fenómeno cualitativo, el despertar de la consciencia islámcia de muchos musulmanes en Francia. En efecto, muchos de esos musulmanes se han pasado al bando del islam global, lo que vuelve totalmente imposible su asimilación.

Los partidos políticos y sus apoyos mediáticos que han organizado la manifestación a Paris el domingo 11 de enero son en realidad los principales responsables de la situación actual. Hay que decirlo: han organizado la invasión de la tierra de nuestros ancestros por una cultura extranjera contra la que Europa, durante siglos había luchado con lucidez y eficacia. No tienen ninguna excusa, porque siglos de historia atestaban lo que iba a suceder. Los alemanes no podían saber lo que el nacionalsocialismo iba a producir, ya que era una ideología nueva. El islam radical no es una ideología nueva. Está en guerra contra los demás civilizaciones desde el siglo VII y eso nunca ha cesado.

Nos dicen que debemos ser optimistras, que este islam atraviesa una crisis que será remediada por los educadores y los sociológos. A esto respondo, en primer lugar, que nunca confiaré, para remediar el Mal, en los mismos que lo han inoculado y fomentado su desarrollo durante 40 años. En segundo lugar, Francia vale demasiado para mí como para que acepte tomar el riesgo tan enorme de confiar en la reforma del islam, en su sumisión final a los valores y las instituciones franceses. Hay muy pocas posibilidades de que esto ocurra, simplemente porque el Corán es, para los mismo musulmanes, el Verbo increado de Dios, que no se puede por lo tanto cambiar una sola coma. Las raíces del totalitarismo se encuentran en el mismo islam, en sus textos sagrados, el Corán y los hádices sobre todo. Si el monstruo no es el islam, por lo menos está en el islam, y más concretamente en sus textos sagrados.

¿Acaso esta vieja nación cristiana que tiene 1500 años, la nación de las catedrales, del Monte Saint-Michel, de las Luces que también forman parte de nuestra historia, acaso esta nación que han sido tanto en la historia mundial y que todavía importa, debe entregar su porvenir a la apuesta de que el islam va a reformarse y que el genio malo que ha generado acabará por volver a meterse en la botella?

Nos dicen que una mayoría de musulmanes es pacífica. Sin duda es cierto, pero una mayoría de alemanes también lo era antes de 1933, antes del nacionalsocialismo. Una mayoría de rusos, de chinos, de camboyanos, eran pacíficos antes de llevar a cabo los abominables crímenes en nombre del comunismo. Cuando el totalitarismo se apodera de una minoría consecuente y activa, el argumento de la minoría pacífica se cae por sí misma.

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