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El empobrecimiento cultural. El drama de las migraciones humanas

Por Daniel Aragón Ortiz |

El universalismo moral que nos gobierna
ha dejado a los hombres sin pasado, sin presente y sin futuro;
es decir: sin origen, sin identidad y sin posteridad.
Y así nos va. Eso se llama desarraigo.


 

Sobre las migraciones humanas hay diferentes análisis:

1. El de aquel que necesita la inmigración por cuestión económica: mano de obra más barata. Y por lo tanto la inmigración es buena.

2. El del humanista, de inmensa bondad, que en su sentimiento de culpa entiende el drama inmigratorio como si le debiera algo a esa persona que viene de un lugar empobrecido. Por lo tanto, los inmigrantes son buenos, son unas pobres personas.

3. El de aquel que odia al extranjero sin más, sin ningún tipo de análisis. La inmigración y el inmigrante son malos.

4. El de aquel que ve las migraciones de forma objetiva, sin dejarse llevar por las emociones. Intenta entender tanto la inmigración como la emigración, que son parte de un mismo fenómeno.

Mi pretensión es ser el cuarto tipo de hombre, el analítico ceñido a la realidad, y no a sus intereses y/o emociones.

Cuando en España empezó el Partido Popular con su política de puertas abiertas el paro en España se situaba en un 22.1% y la tasa de población inmigrante era de un 1,37% de la población total. 8 años después la tasa de desempleo bajó hasta situarse en un espectacular 10.53%, mientras que la población inmigrante subió hasta colocarse por encima del 7% de la población total, multiplicándose por seis (del más de medio millón a los más de tres millones).

Seguidamente, el PSOE, aprovechando la inercia económica, consiguió con Zapatero bajar el paro hasta el 8.26% en 2006. A partir de esa fecha el desempleo se desarrolló al alza, disminuyendo ligeramente en 2012, seguramente por la nueva emigración española en busca de un futuro y el retorno de inmigrantes a sus países de origen; aunque estas cifras no hay que exagerarlas tienen su lectura. Actualmente la tasa de paro se sitúa por encima del 23%, o del 26%; -el cómputo varía en función de si los datos provienen de la Encuesta de Población Activa (EPA) o de los datos de paro registrado en los Servicios Públicos de Empleo, tipo SAE (Servicio Andaluz de Empleo) o SEPE (Servicio Público de Empleo Estatal).

Por su parte la inmigración siguió subiendo hasta 2010 –situándose en casi seis millones según cifras oficiales–, cuando su afluencia empezó a menguar. Muchos dicen que debido a la crisis económica, pero la razón de ser se explica mejor si tenemos en cuenta las nacionalizaciones masivas, a un ritmo de casi 100 nacionalizaciones diarias desde hace al menos 15 años, según ciertas fuentes.

Actualmente el panorama que nos encontramos es el siguiente:

Un desempleo superior al 23%, más de 5 millones de parados. Otras cifras la colocan en el 26% y en más de 6 millones pues el cómputo se elabora de forma distinta, como se ha dicho anteriormente según qué administraciones o agencias.

Unos cinco millones de inmigrantes censados: no se cuentan los ilegales, que pueden superar el millón con facilidad, ni los nacionalizados, que se suman al cómputo nacional. La cifra puede ser, no obstante, ostensiblemente superior en cuanto a no autóctonos.

En España uno de cada cuatro nacidos es hijo de inmigrantes y entre ellos no se cuentan los hijos de padres nacionalizados. Se deduce el impacto cultural más la modificación de la composición demográfica del país. En otros sitios de Europa la cosa es aún más acentuada: Muhammad es el segundo nombre más común en Reino Unido, por ejemplo.

El 40% aproximadamente de los inmigrantes no trabajan o no encuentran trabajo. Además suponen un 30% de la población reclusa en España y copan porcentajes desproporcionados de la ayuda social “donada” por las administraciones, a la vez que hay organizaciones no gubernamentales que se dedican exclusivamente a ellos, haciendo del inmigrante su forma de vida y causa.

La emigración española se dispara y la ayuda social sólo a españoles es vista con desconfianza entre una mayoría bastante fuerte de españoles y extranjeros. Lo que durante los años 60 y 70 fuera visto como un fracaso del régimen anterior, las emigraciones de Españoles a Alemania y otros países del mundo, hoy se ve como un modelo de éxito y de necesidad en un mundo globalizado y más interconectado entre sí, cuando se trata de una catástrofe: la fuga de cerebros españoles supone condenar a España a privarse de unos logros que se llevan otras naciones.

Con todos estos datos se puede hacer una mejor lectura sobre lo que está ocurriendo, aunque de seguro que hay una inmensidad más de elementos a poner sobre análisis y/o debate. Quiero destacar que las cifras están basadas en datos oficiales, así como que son demostrables cada una de las afirmaciones.

Económicamente se dice que la inmigración ha supuesto un enriquecimiento para España, sobre todo para el asunto de las pensiones. Es cierto que mientras la población inmigrante aumentaba el paro disminuía, pero el enriquecimiento real vino del aumento de cotizaciones. Pero no de las cotizaciones de los inmigrantes, sino de las cotizaciones de la empresa por el trabajador inmigrante –que podía contratar más y más barato- y por el esfuerzo del grueso de trabajadores españoles y de autónomos, que son los que realmente llevan España adelante. España realmente no necesitaba la inmigración, la inmigración la necesitaban los agentes económicos; y en todo caso es el inmigrante quien ha necesitado a España.

Por lo tanto, ¿ha beneficiado? Sí. El empresario sin escrúpulos tuvo en su momento a disposición una mano de obra barata y una legislación que animaba a su contratación mediante diversas acciones. Si no le parecía suficiente pues deslocaliza su producción a un país que le ofreciera condiciones más ventajosas y un mercado laboral menos caro.

También benefició a los índices del consumo, pues al aumentar el número de consumidores el sector terciario se fortalece, lo cual parece bueno para España, que carece de un poder productivo e industrial fuerte.

¿Ha perjudicado? Sí. Ha perjudicado al trabajador nacional. Salarios a la baja, empobrecimiento de las condiciones en convenios laborales, entre otras cosas, muchas de ellas reconocidas incluso por miembros de sindicatos de tradición puramente obrerista. Asimismo muchos empresarios dedicados a la fresa u otro tipo de cultivos se niegan a contratar a españoles. El mito del trabajador español que no quiere hacer ciertos trabajos y que por ello la llegada del bendito inmigrante se desploma: los españoles tienen que hacer sus trabajaos como jornalero en Francia.

En todo esto el capital ha contribuido para el beneficio del tipo de hombre nº1 (más arriba descrito) y además para ello ha colaborado el hombre humanista, el demasiado humano (tipo de hombre nº2), implantando en las mentalidades una ideología de solidaridad con el foráneo, de asimilación y de interculturalización más multiculturalidad. Se lleva más de dos décadas de orgía universal, donde muchos autóctonos escupen sobre su propia patria, cultura y tradiciones, lo que ha enfadado mucho al tipo de hombre número 3 arriba descrito, que aunque yo diría que testimonial, sirve para justificar las políticas de asimilación del inmigrante, de victimización del inmigrante y la multitud de políticas de discriminación positiva, además de justificar y agrandar ese odio que se tiene a sí mismo el español. No todos se auto-odian, obviamente, pero sin duda es un fenómeno singular en Europa: ese afán de auto-aniquilación o de suicidio étnico.

Socialmente mediante la asimilación más o menos generalizada de la inmigración masiva, que no es un fenómeno natural, sino un fenómeno político y social-económico, es decir, un elemento para gobernar y para hacer dinero con impacto social, da la sensación de que las realidades orgánicas están ilegitimadas y que las fronteras y los pueblos no tienen razón de ser, destacándose la humanidad como elemento universal que unifique a todas las personas. A todo esto han contribuido los hombres primero y segundo descritos, aunando sus fuerzas, consciente o inconscientemente: lo obvio es que comparten objetivos o que al menos sus intereses se complementan.

Ahora la inmigración sigue en auge, la presión demográfica en las fronteras es cada vez mayor, interiormente los países europeos tienen instaladas bombas de relojería (ya ha habido muchos casos de violencia, como en Francia y Reino Unido) y la cobardía política para asumir un gobierno fuerte en esta materia es patente. Es evidente que dicha presión migratoria es insoportable; Europa no puede dar cabida a todo el continente africano y, sin embargo, ciertos elementos del capital sostienen que Europa necesita más inmigración para pagar las pensiones y los humanistas, los buenistas, quieren más inmigración porque todos, dicen, somos iguales.

A nivel global esto supone un empobrecimiento cultural:

1. A nivel interno las naciones receptoras pierden su idiosincrasia propia. Se diluyen en la universalidad. La multiculturalidad no es una cultura, sino de una forma para aniquilar una realidad diferenciada. Es decir, al final resulta en empobrecimiento cultural o en la sustitución de una cultura por otra cosa.

2. Los países emisores pierden sus mejores activos, a los hombres y mujeres más jóvenes y fuertes, así como su personal mejor preparado. Esos países en origen pierden todo su potencial.

3. En relación al punto 1: el auge del islam en Europa se explica precisamente por estas políticas de inmigración masiva. Y mayor impacto cultural significa incremento de la violencia, de las discrepancias y de la inseguridad.

Por lo tanto, dicho todo esto, podemos decir que bajo el drama de la inmigración hay muchos elementos en colaboración y muchos beneficiarios. Al final es el pueblo y el propio inmigrante el que sufre las consecuencias. La vida del inmigrante no debe ser un camino de rosas, siendo mano de obra barata y un elemento instrumentalizado por el capital y sus colaboradores para que el trabajador nacional vea sus condiciones laborales mermadas. Ya sabemos que el capital no tiene escrúpulos, si bien utiliza al inmigrante para cargarse los logros de los trabajadores, la crisis ha servido para justificar el abaratamiento del despido –entre otras muchas cosas más, ¡la filosofía del terror funciona!–, aplicado en dos reformas: una durante el gobierno del PSOE de José Luis Zapatero, otra con el PP al poco de entrar en el poder bajo el liderazgo de Mariano Rajoy. La crisis económica ha servido, y esas reformas lo demuestran, para que los agentes capitalistas impongan más sus criterios. El capital siempre hila fino. Por ello no hay que caer en la conclusión de que la culpa de todo lo que pasa es del inmigrante, tenemos una casta política y unos agente sociales que por lo general juegan al lucro de la traición a la patria y a la nación de muchas otras formas que no son la inmigración masiva. Si las dos reformas laborales no fueron suficientes, peor fue sin duda el timo que se presenció cuando se rescató a la banca, dejando a los españoles a su suerte y a muchos españoles en la calle (literalmente: sin casa y sin trabajo).

Asimismo en Europa hay más de cuarenta millones de musulmanes. Éstos tienen mayor tasa de natalidad y sus exigencias son cada vez mayores; en algunos países esto es tan dramático que en Suecia se habla del ramadán como una tradición nueva del país. El impacto cultural en Europa está servido, así como el impacto racial. En todo esto tiene mucho que ver la política de inmigración masiva, que ha contribuido a este auge islámico en Europa. Son ya numerosos los incidentes de índole religiosa acontecidos en nuestro continente. Su comentario bien merecería otro texto.

Se puede cerrar los ojos a lo que ocurre, pero la realidad siempre pasa por encima de quien sea: las cosas no son como queremos que sean, sino que son. Personas que van y personas que vienen, parecen necesidades del nuevo paradigma de universalidad que viene a significar que todos somos de todas partes y que todo arraigo es inútil. Al final seremos como plantas arrancadas de raíz. Desarraigados. Y todo el mundo sabe lo que le pasa a las plantas que no tienen las raíces unidas a la tierra. Se secan y mueren.

Conclusión: La inmigración masiva es una política del capitalismo que goza de multitud de colaboradores. Atenta contra el trabajador nacional y otros elementos nacionales, abusa del inmigrante y genera conflictos sociales y económicos entre las partes. Estamos ante un grupo de personas sin reservas que harán cualquier cosa por tener beneficios. El capital no tiene patria, las personas somos ganado, borregada a la que sacan de aquí y allá; les da igual el drama y el dolor que hay en todo esto.

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