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De la identidad

 

RENAUDCAMUS

Por Renaud Camus |

La prensa del Sistema, vocero del proceso de sustitución de la población europea por otras llegadas de los cuatro puntos cardinales del planeta, habla constantemente del "lobby identitario", tratando con esa terminología de socavar la credibilidad de ese movimiento, de hacerlo sospechoso, casi oscuro.

Los identitarios son mucho más que un lobby. Sus convicciones están muy presentes en el cuerpo social, ya que no tanto en el cuerpo político, como para que se pueda tratar de ridiculizar o minimizar su importancia. Las ideas de los identitarios van mucho más allá de su propios militantes activos y comprometidos, sobrepasa sus fuerzas objetivas. Una gran parte de la sociedad está de una manera u otra impregnada de esas ideas. La cuestión de la identidad es una cosa demasiado importante para ser la exclusividad de los identitarios. Afortunadamente, podríamos decir. Pues eso augura el necesario e inevitable crecimiento de esra corriente.

La cuestión de la identidad no puede ser debatida sin que surja enseguida la de la supervivencia. Tanto para Francia como para Europa, podemos decir que están ambas en situación de "pronostico reservado": su propia vida está en peligro.

Estoy convencido que hay identitarios en todos los partidos, hombres y mujers que no se resignan a ver morir tan tontamente, tan suciamente, una de las más altas civilizaciones que la tierra haya nunca conocido. Sin embargo, hasta ahora ese gran rechazo a desaparecer no aflora políticamente, no de manera masiva, como debiera ser, vista la gravedad de la situación. El miedo, el aletargamiento, el adoctinamiento incesanta impiden que se manifieste. En su lugar vemos agitarse un teatro de sombras: partido remplacista de izquierda, el socialista, partido remplacista de derecha, UMP, dividido entre el hiper remplacismo de convicción de Alain Juppé y el remplacismo oportunista de Nicolas Sarkozy (el cual se pasará al otro bando cuando piense que eso le convenga para sus intereses personales). Todos con la mirada puesta en el poder para seguir asistiendo impasibles al cambio de pueblo.

Quiera Dios que el remplacismo anti identitario (es una redundancia) no llegue también de alguna manera al Front National, en el cual se ve despuntar la tentación cínica y resignada de hacer como los demás. O sea: nada. Si eso llegara a darse, no les quedaría a los identitarios (y no sólo a los militantes de los diversos grupos), a los patriotas, a los indígenas indignados por lo que se le ha hecho a su patria, más que llevar a cabo su lucha anticolonialista fuera de todo marco existente, y llevar a cabo, avanzando, combatiendo, rechazando, esa gran fuerza liberadora, independentista, remigracionista, que espero con todas mis fuerzas desde hace años.

El Papa, mientras tanto, apela a una respuesta del alma, a la cual suscribo con entusiasmo. Pero lamentablemente también llama a acoger a más inmigrantes, como si la identitad de Europa fuera la renuncia a ser ella misma, el consentimiento a la invasión, el amor de la Gran Sustitución.

Creo en las severas lecciones de los hechos, en sus bofetadas, en sus atentados. Después de todo, el islam ha jugado un papel capital, es cierto, en la formación de la identidad europea. Por su antagonismo constante, por su voluntad de conquista, por su carácter dañino polimorfo, ha forzado al continente a conocerse y a armarse. Nuestros adversarios saben quienes son. No tienen la menor duda sobre su identidad y nos la arrojan a la cara a cada instante. La nuestra, ¿deberemos aprenderla de ellos?

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