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Irak: los errores de Occidente

Irak_1991

Por Vincent Revel |

La ausencia de voluntad de los europeos para defender su identidad le permite a las nuevas comunidades extraeuropeas, presentes en gran número desde hace poco en sus territorios, reivindicar derechos puramente comunitarios, muchas veces alejados de los valores y principios de las sociedades de acogida.

Digan lo que digan nuestros detractores, el comunitarismo ha sido a menudo un motivo de división de las sociedades que lo han adoptado como sistema de organización. En el segundo conflicto iraquí, que opuso en un primer momento a los EEUU y sus sociedades privadas militares al ejército del dictador Sadam Husein, y después en un segundo tiempo a los terroristas sunitas, encantados de tener una nueva ocasión de poder combatir a Occidente, haciéndose pasar por resistentes que luchan en nombre de una libertad que desprecian y pisotean a diario, la administración norteamericana cometió un error fundamental: creer que era posible exportar la democracia, sistema político occidental, a un país de mayoría musulmana, dividido en comunidades (sunita, chiíta, kurda, cristiana). Más de 4.000 jóvenes norteamericanos han perdido la vida en esa guerra.

A semejanza de lo que hicieron después de la Segunda Guerra Mundial por Japón o Europa Occidental, los EEUU han invertido miles de millones de dólares en Irak para que este país se instalara en la vía del desarrollo que le permita consolidarse económica y políticamente, al tiempo que sirvieran dócilmente los intereses del Tío Sam.

El comunitarismo, que divide la unidad de Irak, acentuado por la locura asesina de los fundamentalistas musulmanes, ha tomado este país entregado al caos por su nuevo terreno de juego, y logra hacer fracasar la intervención norteamericana provocando la muerte de 150.000 iraquíes.

13 años después del inicio de ese conflicto, Irak sigue estando en le corazón de la actualidad internacional con la llegada en escena del Estado Islámico. Los occidentales hacen como si descubrieran con estupor las atrocidades cometidas en nombre de Alá por los yihadistas vencedores.

Después de haber todo lo posible para debilitar a Siria, apoyando a los oponentes islamistas a Bashar Al-Assad, los EEUU y sus vasallos europeos declaran ahora que es inaceptable tolerar un régimen tan bárbaro como el Estado Islámico. Después de haber financiado y armado a estos nuevos yihadistas, contra la opinión de Rusia, hay que recordarlo, Washington vuelve sobre el sendero de la guerra, como en Afganistán.

Es hora que los europeos recuperen un poco de independencia política sobre la escena internacional y de dejen de lado su ideología de la convivencia con el islam para descubrir que el mundo en el que realmente viven no es el mismo que en el que creen vivir.

¡El choque de civilizaciones es bien real! Reconocerlo no significa que debemos marchar a la guerra en todo momento, pero esta toma de conciencia nos permitiría evitar graves errores de juicio.

El mundo islámico sunita está en plena efervescencia y vive una verdadera revolución. El 90 % de los conflictos actuales en el mundo conciernen al islam. Es un hecho que no podemos ignorar.

Más allá de las explicaciones falsamente ingenuas, unos nuevos censores nos cantan los méritos del multiculturalismo, según el cual esta realidad no corresponde al verdadero islam. Debemos entender que hoy numerosos musulmanes se están radicalizando y esperan simplemente reeditar el islam conquistador de los primeros creyentes de los tiempos de Mahoma. El Estado Islámico del norte de Irak y de Siria no es desgraciadamente más que un representante entre otros muchos de esta dinámica islamista ultra violenta.

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