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Antonio de la Torre | Disculpas o háganselo mirar, por favor

Algunos seguidores acérrimos del Partido Popular me han acusado alguna vez, en las redes sociales, de ver siempre lo negativo de este Gobierno, cuando critico, entre otras cosas, su política antiterrorista, más parecida a la continuidad de la que puso en marcha el PSOE, en su falaz ‘proceso de paz’ (¿dónde está la guerra en la que unos ponen la nuca y otros las pistolas?) que a defender a las víctimas.

DELATORREAcusación, como trataré de demostrar a continuación, que no se sostiene en lo más elemental. Primero, porque es difícil ver algo positivo en este Gobierno que ha defraudado a casi once millones de españoles, o a muchos de los que le dimos nuestro voto para que hiciera justo lo contrario. A los que se apoyan en que la situación económica ha mejorado les diré que empeorar la heredada de los gobiernos de Zapatero era imposible, porque el rescate europeo estaba a la vuelta de la esquina y, aunque tal vez, más traumático todavía, hubiera puesto muchas cosas en su sitio y saneado lo que el PP no se atreve.

En segundo lugar, porque salvo en las grandes cifras macroeconómicas, que vienen impuestas por Europa, poco más pueden exhibir. Cifras que, si bien es cierto que han mejorado, lo han hecho a costa del pueblo llano y de cargarse las clases medias, subiendo la carga impositiva a límites confiscatorios y sin recortar, prácticamente en nada, los capítulos de gasto, especialmente el autonómico y municipal, ni desmontar ese tejido público de empresas y organismos deficitarios, creado para acomodación de los más próximos y allegados a esos reyezuelos de taifas.
¿Y qué decir de otras políticas sociales? Seguimos reformando borradores sobre la Educación, a ver si "satisfacemos" a los que nos apuñalan con los recursos de todos los españoles, que fue lo primero que había que haberles cortado. Les estamos financiando el puñal con el que nos quieren quitar la vida (en este caso, la Unidad de España). Todo ello en lugar de recuperar las competencias, que nunca debieron cederse en este ámbito fundamental, ni aplicar las leyes existentes para embridar, o apartar, a esos supuestos representantes del Estado que lo desafían con los recursos del propio Estado e incumplen las sentencias del Tribunal Supremo.

Seguimos sin reformar una Ley del Aborto abusiva y desnortada que convierte en "derecho" lo que simplemente se trata de un asesinato. Y sin reformar esa Ley de "matrimonio" homosexual que supuso un paso más en la degradación moral que subyace al resto de las versiones de la crisis que nos asuela.

Seguimos sin modificar la Ley de Partidos ni la Ley Electoral que convierte a estos en un sistema cerrado cada vez más lejos de los ciudadanos a los que dice representar, con nombramientos a dedo en los que se antepone la fidelidad y obediencia al único Gran Elector, a la capacidad, formación y experiencia de los ciudadanos libres.

Seguimos sin tener una separación de poderes de verdad y los partidos políticos se reparten, de común acuerdo, y para su conveniencia, los principales órganos del Poder Judicial, lo que, unido al masivo e indiscriminado aforamiento del que goza la casta política (más de diez mil aforados en España frente a ninguno en USA, por ejemplo, o uno o dos en los países más desarrollados de nuestro entorno europeo), marca una división incuestionable a la supuesta "igualdad ante la Ley" que la Constitución proclama para todos los españoles. ¿Cómo van a juzgar las altas instancias judiciales con objetividad a aquellos a los que les deben esos puestos tan generosamente remunerados y que gozan de tantas otras prebendas? Lo vemos a diario con sentencias incomprensibles, autos, archivos de causas, etc., a imputados políticos, frente al rigor y dureza, incluso desproporcionada, a veces, con que se cumplen las sentencias para el común de los contribuyentes.

Seguimos sin que se haga justicia a los responsables de los delitos del terrorismo contra víctimas inocentes y poniendo en la calle a los asesinos con interpretaciones laxas y generalizadas de autos específicos y unipersonales que, para colmo de la desvergüenza, se aplican también, indiscriminadamente, a delincuentes comunes, violadores, maltratadores, etc.

La enumeración de "seguimos" podría llegar casi al infinito en este despropósito de medidas que venimos sufriendo en los últimos casi veintinueve meses de Gobierno del Partido Popular, al que le dimos, en todos los ámbitos, nacional, autonómico y municipal, diputaciones incluidas, el mayor poder que ningún partido político ha tenido desde la fallida Constitución de 1978, incluyendo los tres primeros años de transición política y el primer periodo democrático tras las elecciones de Junio de 1977.

Por eso, uno de los nuevos partidos, VOX, tiene como lema "La Solución es Cambiar".

Cambiar algunas leyes fundamentales, Electoral, de Partidos, de financiación de estos, etc.

Cambiar algunos aspectos fundamentales de la Constitución, en especial los relativos a su Titulo Octavo, reordenando las Autonomías como órganos meramente de gestión administrativa y eliminando la capacidad legislativa con la supresión de los parlamentos regionales que en el mejor de los casos, sólo contribuyen a acrecentar las diferencias ente las regiones de España, que no 'nacionalidades', históricas o no, 'realidades nacionales' ni otras fórmulas organizativas que sólo son plataformas de colocación de adeptos y fuentes de gasto incontrolado e incontrolables.

Cambiar, como primera medida, de políticos, para que la profesionalidad, formación, experiencia y, sobre todo, honradez, sean las condiciones esenciales para formar parte de alguna lista electoral y ejercer responsabilidades públicas de cualquier ámbito.

Si algo de lo dicho le parece a algunos una exageración por mi parte o un síntoma de intransigencia feroz, primero, les pido disculpas y, después, me permito una recomendación: Háganselo mirar, por favor, creo que necesitan un buen oftalmólogo o un profesional de alguna otra disciplina.

Para terminar, invito a los que nos acusan de censurar a Mariano Rajoy y a su Gobierno a leer la entrevista de Pedro J. Ramírez hoy, a José Antonio Ortega Lara, en Crónica de El Mundo y después, a que reflexionen sobre nuestras críticas. Y, como se deduce de lo anterior, si fuera eso lo único criticable…

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