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Yolanda Couceiro Morín | La invasión de los ‘mojamé’

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Josep Maria Albaigès edita el libro `Els secrets dels noms catalans´, una completa guía que habla del origen y significado de los nombres catalanes y que incluye curiosidades onomásticas.

Lo más destacable de la obra, además de la ingente labor que recoge más de 7.000 nombres catalanes y sus orígenes, es que constata que Cataluña, como España, está inmersa en un proceso real de sustitución de la población autóctona y, como consecuencia de ello, de suplantación cultural.

Afirma Albaigués que entre los nuevos nombres que se utilizan en Cataluña ha visto muchos Washington o Nelson. El año pasado en el Baix Empordà el nombre número uno fué Mohamed.

En la Comunitat Valenciana, donde el 16,7% de la población es extranjera, se han inscrito en el Registro más mohameds que Joseps o Vicents. Mohamed, con 3 de cada mil nacidos, ocupa el lugar número 71, y Josep el 72, con la misma proporción pero con un caso menos -76 frente a 75-, mientras que Vicent, cinco puestos más abajo, apenas da nombre a 2 de cada mil nacidos.

Pero no es un problema exclusivo de Cataluña o la Comunitat Valenciana. El aumento de la inmigración, y en especial de la población musulmana, se ve reflejado también en los nombres más frecuentes en toda España. En el caso de la población masculina, nombres como Mohamed o Mohammed se encuentran entre los 30 más usados en nuestro país.

Los datos hablan por sí mismos: España ya tiene más de 7 millones de inmigrantes. Teniendo en cuenta que en su mayoría están en una franja de edad joven y fértil, podrían representar perfectamente el 20% de la población en edad de trabajar. Y teniendo en cuenta sus altas tasas de natalidad, podrían superar el 50% de nacimientos en España en poco tiempo.

¿Sólo aquí? Nada más lejos de la realidad. Mohamed es ya el nombre más usual entre los recién nacidos en Inglaterra, por encima del muy inglés Jack, que se había mantenido como nombre más popular durante catorce años.

La progresión de Mohamed es paralela al crecimiento de la población musulmana en el Reino Unido, donde 2,4 millones de personas, el 3,3% de los ciudadanos, tienen como religión el Islam.

Son datos que llaman a la reflexión. Una reflexión que debe partir de análisis realistas, alejados de lo políticamente correcto y del ‘buenismo’ al que nos tienen acostumbrados los ‘progres’ europeos. La inmigración ha comenzado a desgastar nuestras primeras y más arraigadas lineas culturales. Es el principio del fin.

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