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Santiago Fontenla | ¿Es Vox un grupúsculo ultramontano sin futuro?

Antonio Papell arremetía hace unos días contra Vox calificando al nuevo partido de “Grupúsculo de ultramontanos sin futuro”, tres calificativos que sería interesante analizar.


Grupúsculo. No parece demasiado acertado el calificativo teniendo en cuenta que los promotores de Vox son personas reconocidas, con amplia experiencia y, sobre todo en el caso de Ortega Lara, con una proyección pública fuera de toda duda. Personas que jamás han visto sus manos manchadas por escándalo político alguno, serias y que, además, en el caso de Ortega Lara y el propio Abascal, han peleado por la libertad y sufrido en sus propias carnes  las consecuencias de cometer el "delito" de estar orgullosos de sentirse españoles. Además, el "grupúsculo" viene aliñado con figuras públicas de altura, desde ex ministros a filósofos pasando por empresarios. No nos parece un grupúsculo.

[pullquote]Vox nos podrá gustar más o menos, pero habrá que reconocer valentía y peso específico ideológico -novedades- en una formación nueva que supone un soplo de aire fresco para aquellos que se posicionan en la franja política liberal-conservadora, que aman España y quieren un mejor futuro para todos.[/pullquote]

Ultramontanos. Parece que defender la Unidad de España se ha convertido en la diana preferida de la progresía y la derecha tibia españolas. Nombrar España y aparecerles un sarpullido es todo uno. Vox, para quien no haya leído su ideario, está muy lejos de poder ser calificado como un partido de ultras. Libertad e inteligencia parecen estar al servicio de un proyecto que en sus primeros días de vida apunta maneras muy alejadas de extremismos.

Sin futuro. Esta es otra cuestión. Depende de innumerables factores que Vox pueda triunfar. Hay que tener en cuenta que es el primer "experimento serio" que se ha puesto en marcha desde la derecha política en España. Como ya comentamos en un artículo anterior, el éxito dependerá, y mucho, de los apoyos mediáticos y financieros que pueda atraer el proyecto.

Vox no es, y creemos que no quiere serlo, un partido al estilo europeo del Front National francés o el Partido de la Libertad de Geert Wilders en Holanda. Ellos mismos, sus integrantes e impulsores, no pertenecen ni han pertenecido nunca a ese espacio ideológico que goza de todas mis bendiciones como bien saben quienes me conocen.

Vox nos podrá gustar más o menos, pero habrá que reconocer valentía y peso específico ideológico -novedades- en una formación nueva que supone un soplo de aire fresco para aquellos que se posicionan en la franja política liberal-conservadora, que aman España y quieren un mejor futuro para todos.

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