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La ley Wert

Por Mari Ángeles Santiago.Escucho continuamente a los separatistas catalanes hablar de “derecho a recibir la enseñanza en catalán”, acogiéndose al “derecho a la libertad de expresión”, pero eso solo debe cumplirse cuando se trata del catalán, porque para el español (“castellano” como ellos lo llaman, porque les produce  un fuerte sarpullido pronunciar alguna palabra que derive del vocablo “España”) esa ley, básica como ellos gritan, para que se cumplan los Derechos Humanos, no existe. Tampoco han pensado en el derecho del profesorado a impartir sus clases en español, si se sienten más cómodos expresándose en esta lengua, porque el profesorado solo tiene derecho a escuchar lo que se les dice desde las máximas alturas del régimen separatista, y a callar.

 

El 12 de diciembre de 2012 pasará a la Historia porque este día hemos llegado a escuchar una retahíla de sandeces en el Congreso de los Diputados, llegando hasta el insulto personal al Ministro de Educación, una persona que, solamente habiendo estado a su lado hablando con él unos segundos, se le ve una persona inteligente, correcta en sus formas, atenta y que solo cumple con su deber.

 

Cuando no se tienen argumentos, se tiende siempre a echar manos del insulto, y cuando se llega a ese extremo, se han perdido todos los derechos, porque se ha perdido la razón, no sólo en el sentido de ser falso lo que allí se dice, sino también en el segundo sentido que encierra este vocablo: perder el oremus.

 

Hemos tenido que escuchar en el Congreso de los Diputados frases de los separatistas catalanes, en este caso Alfred Bosch, de ERC, como “Ni se le ocurra tocar a nuestros niños”. ¡Claro!, Sr. Ministro, no se le ocurra tocar a los niños catalanes para formarlos adecuadamente en Matemáticas, Historia, Geografía, Filosofía, etc., porque unos niños formados para que piensen por sí mismos no pueden ser manipulados, y eso no le interesa al separatismo, ya que su único objetivo es crear borreguitos, manipulándolos desde la más tierna infancia, para después tener un ejército dispuesto a “morir por Cataluña”, si es necesario, en cuanto alguien diga una sola palabra que no le guste al capo de turno, lo mismo que empezaron a hacer los talibanes, y cuyos jóvenes han acabado convirtiéndose en bombas humanas.

 

Ahora tendrá, Sr. Wert, que aguantar continuas manifestaciones en su contra, echarán a los niños a la calle, manipulándolos ideológicamente en contra de España y de lo malo que son y lo que maltratan a Cataluña los que gobiernan en “Madrit”. Se perderán horas de clase, pero eso ahora no les importa, solo les importa que se hable en catalán, el resto, se mira para otro lado, y ya está.

 

Conozco dos casos de dos alumnos catalanes, en este caso hermanos: la chica cursa tercer grado de Filología Hispánica, y me confesaba que no se sabía las tablas de multiplicar. Cuando le pregunté que cómo se las arreglaría si le hicieran en ese momento pasar un examen de matemáticas, me decía que tenía la calculadora. Cuando le dije que qué haría si se le acabasen las pilas a la calculadora, me contestó que para eso tenía el móvil. Le dije que el móvil estaba prohibido, porque allí podría llevar una chuleta, y me dijo que qué duro se lo ponía, que era muy exigente.

 

El segundo caso, su hermano, un muchachito que ahora acaba la ESO y que tiene potencialidades para estudiar, sobre todo Historia. Le gusta el tema, ha leído bastante y tiene buen criterio, porque sabe entender diferentes puntos de vista y elegir el que cree conveniente en cada momento, pero que se niega a continuar sus estudios porque dice que está asqueado, porque no le permiten expresarse en su lengua materna, que es el español. Cuando su madre me contó esta actitud entendí por qué, teniendo las buenas cualidades para estudiar que le veo, sus notas son tan justas.

 

Estamos perdiendo buenos cerebros por el camino, por ese afán de prohibir la libertad de expresión, cuando esa expresión se lleva a cabo en español.

 

Y volviendo a los hechos acaecidos en el Congreso de los Diputados, paso a otra de las frases que me llamaron la atención, esta vez pronunciada por Joan Tardá, de ERC: “Tendrán enfrente a un país entero en defensa de un modelo de éxito.” Y yo le pregunto al diputado Tardá que de qué país me habla, porque que yo sepa, lo que él y sus conmilitones se afanan cada día en repetir, que “Cataluña es un país”, es una mera falacia, una fantasía más del naZionalismo separatista que él abandera; y en cuanto, a enseñanza de calidad, como maestra en Cataluña, durante casi quince años, tengo que decir que la enseñanza en esta región deja mucho que desear. Nos pasamos semanas y semanas trabajando sobre tradiciones y costumbres catalanas. Perdemos días y días celebrando “La castañada”, la “Leyenda de San Jorge y el dragón” y otras muchas majaderías que lo único que hacen es restar horas para la enseñanza de materias importantes, como las Matemáticas. En la clase de música solo se enseña música catalana y, por supuesto, es obligatorio, porque así lo marca en currículum escolar, la enseñanza y el aprendizaje del himno “Los segadores”, himno de guerra que lleva implícito el odio a España y a los españoles.

 

Y una pregunta semejante le hago al diputado Bosch sobre este tema, a tenor de su frase: “Han chocado con un gigante, con una nación decidida a defender a sus hijos, a su escuela”. ¿Una nación, y además gigante? ¿Sr. Bosch, qué desayuna Vd., tres litros de vodka cada mañana? Esa megalomanía del catalanismo, fruto de la desidia por parte de los diferentes gobiernos del PP y del PSOE en el gobierno central han generado y generarán muchos más problemas en España si de una vez no se les ata corto y se les obliga, como a cualquier otro ciudadano, a cumplir las leyes. La primera de ella, la Constitución española, que juraron o prometieron en su momento, y que gracias a la cual cobran un sustancioso sueldo, a pesar de cometer continuamente graves faltas de sedición a la patria, lo que en el código civil está penado con la cárcel. Y que sepa que son muchas las familias que desean enseñanza en español para sus hijos y que por miedo a que sus hijos sean señalados y arrinconados, no se atreven a solicitarla.

 

Hemos tenido durante toda nuestra Democracia gobiernos débiles que no se han atrevido a contradecirles porque, desde el principio tomaron una palabra como muletilla, “fascistas”, y nadie quería que le llamasen eso, por las connotaciones peyorativas que este vocablo conlleva, y precisamente eso, “fascistas” es lo que son Vd., en cuando se niegan a acatar ninguna ley que no hayan redactado Vds.; “Fascistas” son Vds., en cuanto que no aceptan como interlocutores a nadie que piense de manera diferente a Vds.; “Fascistas” son Vds., los “camisas negras”, en cuanto niegan a la mitad de la población de Cataluña sus derechos lingüísticos y, por lo tanto, su libertad.

 

Se han puesto muy nerviosos en cuando el Sr. Wert ha insertado en la nueva Ley de Educación el derecho de las familias a que sus hijos aprendan en su lengua materna, porque saben que, en cuanto ese derecho exista, las escuelas en donde se enseñe exclusivamente en catalán se les van a vaciar y su proyecto de adoctrinamiento al más puro estilo hitleriano y mussoliniano se les va a acabar; ya no tendrán a unas huestes que saquen la cara por Vds.; a unas huestes que, cuando la Justicia les acuse de haber robado al pueblo, salga a la calle defendiéndoles ciegamente, porque esas generaciones habrán aprendido a pensar por sí mismas, sin directrices de ningún tipo. La idea de ingeniería social del capo Pujol se desvanecerá como un azucarillo en un vaso de agua, y sus aires de grandeza y de formar un “país”, también se desvanecerán. Todo habrá sido como el cuento de “La lechera”, y esa obsesión por salir de España lo más rápidamente posible, para que no les juzguen los tribunales españoles por haber robado el dinero con el que todos los españoles hemos contribuido con nuestros impuestos para mantener España, se volverá en su contra, y a toda costa y a la mayor celeridad posible, lo quieren evitar.

 

“No acataremos (la ley)” dice también el diputado Bosch, pues muy bien, si tuviésemos unas autoridades que cumpliesen con su deber, en ese mismo momento, el Presidente del Congreso debería haber llamado a los miembros de las fuerzas de Seguridad del Congreso, haberlos denunciado públicamente por sedición y alta traición a la patria, y deberían haber dormido ya esa noche en el cuartelillo de la policía. Y da igual que llamaran fascista a una de las máximas autoridades del Estado: Vds. han incumplido la ley y, como cualquier ciudadano, deberían haber sido detenidos al momento.

 

¿Y aún tiene la desfachatez, otro miembro de ERC, Joan Tardá, de llamar “terrorista” al Sr. Wert? ¿Él, un miembro de ERC, que hasta hace cuatro días era el brazo político del grupo terrorista “Terra lliure”, nido del que han salido los actuales dirigentes de este partido, se atreve a llamar terrorista a una persona como el ministro Wert, cuyo objetivo es librar a los alumnos españoles de ser el hazmerreír de Europa?

 

¿Y qué decir de Durán y Lérida, quien tiene dos caras? De un lado, quiere mostrarse como la máxima coherencia, hacer creer que eso es el nacionalismo catalán (“seny”, “sentido común”), y por otro, cuando el subconsciente le traiciona, nos muestra su verdadera cara: la del nacionalista separatista recalcitrante, cuyo único objetivo es llevarse para su ombligo los beneficios totales que correspondería repartir entre todos los españoles.

 

Y digo que el subconsciente le ha traicionado, porque cuando dice: "La lengua mayoritaria en el patio sigue siendo, lamentablemente, el castellano", le sale su verdadera faceta separatista y de odio a España y a todo lo español. Y cuando dice “lamentablemente”, calla de inmediato, pues le faltaba haber dicho, “pero claro, para atajar ese mal están los profesores”, porque por si no lo sabe este individuo, como maestra he tenido que morderme muchas veces la lengua, al oír a mis compañeras en los patios decirle a los niños que en la escuela se habla catalán, y a los párvulos, frases como: “¡Uf, qué feo estás…! ¿Sabes que cuando hablas en catalán estás más guapo?”

 

Cuando entré en la Escuela de Magisterio tuve que aguantar a un profesor de Geografía de Cataluña, Albert Gironés, en esos momentos alcaldable por Mataró por CiU, una frase: “Aquí, el que no aprenda catalán, ya puede coger los bártulos y marcharse, porque aquí, en Cataluña, no va a ejercer”.

 

Un una vez tuve una reunión con la inspectora en el colegio “El Farell”, de Caldas de Monbtbui. Allí, aparte de los refuerzos de párvulos daba clases de lengua española en 4º curso. Pues bien, salía de la clase de lengua española cuando me llamaron diciéndome que esta señora había llegado. Entré al despacho saludando en español y me llevé una broca monumental: “Esta es una escuela de inmersión –me dijo- y los niños en la escuela no pueden escucharte una sola palabra en castellano, incluyendo patios y pasillos”.

 

Cuando le dije qué dónde estaba el derecho a la libertad de expresión que tanto predicaban, porque con lo que me estaba diciendo no me demostraba que existiera, se quedó sin palabras, porque se quedó sin argumentos.

 

Unos meses antes, al comenzar el curso, me presenté ante la clase (niños de 9 años): “Hola, soy Mª Ángeles, y este curso os voy a dar clase de lengua castellana” –les dije. Y mi sorpresa fue mayúscula cuando uno de los alumnos (que prácticamente no sabía expresarse en español) me dijo: “ A mi, el castellano me da asco”. Tuve que frenarle en seco diciéndole que en mi clase no quería política, que la política, en su casa y en la calle, porque a mi me pagaban para enseñar, y no para hacer política.

 

Estamos hartos de oír diariamente las insensateces de los políticos separatistas, y de ver cómo las autoridades españolas siguen cruzadas de brazos. ¡Srs. del PP! ¿Todavía no se han enterado de que les hemos dado mayoría absoluta para que libren de una vez a España de las alimañas que la quieren desmembrar? ¡Dejen de lado de una vez sus complejos y, por el bien de España y de todos los españoles, actúen ya! Tienen mayoría absoluta y les ampara la Constitución. Si no quieren que España desaparezca, apliquen de una vez el art. 155 de la Carta Magna, las generaciones futuras, así como la actual, se lo agradecerán.

Mari Ángeles de Santiago y Miras es filóloga y una veterana activista defensora del español en la región catalana.

 

 

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