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Un conocido intelectual egipcio afirma que la orina de camello tiene efectos curativos

Un prestigioso intelectual afirma que en la turística ciudad de Marsa Matrouh existe un centro médico especializado en sanar a sus pacientes con orín de camello.

Zaghlul Al-Naggar fue invitado (como personaje estrella) a un conocido programa de la televisión egipcia el pasado mes de septiembre en el que declaró que existe un hospital  donde el personal sanitario, siguiendo los sabios consejos médicos del “profeta” Mahoma,  suministra a los enfermos orina de camello como terapia para curar sus afecciones. El ínclito muslim, típico personaje cuya presencia es imprescindible en cualquier show o feria, además de defender como salutífera la ingesta de orines... sentenció: “En todas las farmacias occidentales se venden productos elaborados con orines de mujer”. Naggar, como experto en desvaríos islámicos, bien conoce que el Enviado de Alá, la Paz sea con él, aconsejó a unos enfermos tomar como medicina orines de camello, tras lo cual sanaron y engordaron; es más, el aludido científico, que tiene menos luces que la cabra de la Legión*, es sabedor de que las micciones de Mahoma, como se asegura en los textos canónicos islamitas, también poseían un poder curativo indudable, por lo tanto, es lógica su fascinación y fe en los efectos sanatorios de las meadillas de camello.

En el transcurso del programa intervinieron Khaled Montaser y Sayyid Al-Qemany, intelectuales ambos que no gozan de gran predicamento ni simpatía entre los seguidores del “Profeta”. Montaser espetó al atrabiliario vejestorio: “Las toxinas del organismo son expulsadas por la orina, por consiguiente, ¿es saludable beber orina? Respondió altanero el agareno con un argumento irrefutable: “Yo soy mayor que usted y más docto; nada puede enseñarme, porque durante generaciones he ilustrado a personas como usted”.  Por su parte, Quemany,  después de exigir a las autoridades que iniciaran una investigación para averiguar si realmente existe el centro médico-urinario, preguntó sarcástico a Naggar: “¿Debería beberme los orines de mi mujer?”. Pero el poder curativo de los derivados del camello, cosa que ignora Qemany, también es conocido en Arabia Saudí, donde Faten Abdel-Rahman Khorshid, la más prestigiosa y galardonada científica del reino, declaró en 2010 que podía curar el cáncer mediante unos ungüentos elaborados a base de orina y excrementos de camello.

La Ciencia islámica, esa gran desconocida que tanto nos puede enriquecer, avanza imparable para pasmo de cristianos y judíos. Y buen ejemplo de ello es el asombroso descubrimiento científico del saudí Bin Baz, un sabio jurisprudente, que anunció al mundo en 1999: “La Tierra es plana ... y  todo argumento contrario debe ser considerado como parte de una conspiración occidental”.

En España, por el momento, no nos podemos quejar, porque Junta Islámica y Webislam, su vocero, nos han ilustrado sobre las últimas y más sorprendentes novedades historiográficas, que son el producto de fecundas y rigurosas investigaciones científicas. Gracias a los cuates de Webislam, los bien subvencionados por Rajoy, sabemos que Leonardo Da Vinci profesaba la fe mahometana; que Colón era musulmán y que al llegar a América encontró a nativos cuyos nombres eran Muhámmad, Alí e Ihabhim; que no existió jamás la invasión mora de España; que Messi se ha convertido al islam; que los magrebíes llagaron al Nuevo Mundo en el siglo X; que el himno de España es de origen marroquí...

*Blanquita.

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