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Félix de la Fuente | ¿Pasarían el test de democracia?

Más vale prevenir que curar, dice el refrán, y un chequeo médico de vez en cuando nos puede evitar muchas enfermedades. Pero cuando los síntomas de que en nuestro organismo algo no funciona bien, recurrir al médico no sólo es recomendable, sino absolutamente necesario, incluso aunque en esta última situación el chequeo ya no llegue a tiempo.

Dudo de que en las circunstancias actuales, dada la degradación democrática a que hemos llegado, sirva ya para algo nuestro test democrático. Y, sin embargo, antes de rendirnos y tirar la toalla, debemos agotar todas las posibilidades de curar esta sociedad democráticamente moribunda, como es la de algunas autonomías, y quizás también la de toda España.

Está clarísimo en el Tratado de la Unión Europea que para ingresar como Estado miembro es necesario cumplir con ciertos requisitos democráticos. Como el señor Artur Mas y todos su acólitos parece que al fin se van percatando de que Cataluña quedaría fuera de la Unión Europea en un hipotético caso de independencia y de que no pueden seguir por más tiempo engañando a sus fieles -y digo lo de fieles porque ya se ha metido de por medio la jerarquía católica catalana, siempre amiguísima del poder-, conviene que tengan muy presente que deberían dar un giro copernicano en materia de democracia, si algún día intentan solicitar el ingreso en la UE.

No obstante, como puede ser que yo me equivoque -ojalá me equivocara-, debemos recurrir a un especialista en temas democráticos para que nos dé su informe y nos recomiende el tratamiento. Y aquí surge ya la primera gran dificultad. En principio podríamos pensar en el Tribunal Europea de Derechos Humanos (de Estrasburgo) del Consejo de Europa como especialista en derechos humanos, pero un tribunal tan mediatizado por los intereses nacionales como es el de Estrasburgo, compuesto de prestigiosos juristas pero muchos de ellos puestos a dedo por la gobiernos nacionales, no sé si merece mucha confianza.

Tendremos que recurrir, como solución menos mala, a algún organismo de la Unión Europea, bien sea la Comisión Europea o el Parlamento Europeo, muy preocupados ambos por las violaciones de los derechos humanos en China, Corea del Norte o Cuba, es decir de unos países situados al otro extremo del mundo, pero muy cegatos cuando se trata de países cercanos. Y aunque esta no sería la solución ideal, sin embargo estas dos instituciones de la Unión Europea, que son las encargadas de controlar si un país cumple con estos mínimos democráticos cuando solicita el ingreso en la Unión Europa, deberían ser los responsables de velar porque se sigan cumpliendo estos mínimos democráticos una vez que un Estado ha ingresado en la Unión Europea. Aunque tengo también mis serias dudas de que para estos organismos no cuenten más los intereses políticos de sus gobiernos o de sus partidos que los intereses de los ciudadanos, no nos queda otro remedio que confiarnos a ellos.

Espero, pues, que la Unión Europea, que tan solícita ha sido para someter a los bancos a un test de estrés, no tendrá inconveniente en someter a un test de democracia a nuestra sociedad, sabiendo, además, que este test apenas le va a costar nada y de que puede realizarlo desde Bruselas, pues tiene todas las fuentes de información en sus manos.

Sin embargo, por si acaso, les podríamos dar alguna pista a estos organismos de la UE para facilitarles el trabajo y para que así les resulte más fácil el diagnóstico:
¿Qué piensa la UE del adoctrinamiento de muchos niños españoles en las escuelas?

¿Qué piensa de la falta de separación de poderes, falta que está más acentuada aún en las autonomías?

¿Qué piensa del hecho de que con dinero de todos los españoles se esté propagando y fomentando la independencia, que solo defiende una parte de la población?

¿Qué piensa de que toda la población esté sufragando a unos partidos políticos y a unos sindicatos en los que no creen?

¿Qué libertad de expresión tiene una sociedad donde casi toda la prensa está subvencionada? ¿No se trata, además, en estos casos de auténticas ayudas del Estado, que están expresamente prohibidas en los tratados, por ser un ataque a la libre competencia?

¿Cómo se puede hablar de libertad a decidir en Cataluña, cuando la población ha estado sometida durante 30 años al pensamiento único y a un control casi absoluto de los medios de comunicación y a través de la enseñanza?

Si queremos controlar nuestro estado de salud democrática, es muy urgente que nos sometamos a este test. Si estamos bien, ¿por qué vamos a temer nada? España va bien y estamos viviendo en Jauja. Pero podría ocurrir también que muchas CCAA, y entre ellas la catalana, no pasaran el test de democracia y que el resultado obligara a los demás estados miembros a expulsarnos de la Unión Europea por nuestro ínfimo grado de democracia.

Félix de la Fuente es autor del libro Glosario jurídico-político de la Unión Europea

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