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Aleix Vidal-Quadras | El PSC vive en otro mundo

He leído recientemente los tres ejes básicos en los que el candidato socialista a la Generalitat Pere Navarro piensa basar su campaña de cara a las elecciones del próximo 25 de noviembre. El primero consiste en recuperar “con los recursos disponibles e ingenio” las políticas de Bienestar Social centradas en la educación, la sanidad, los servicios públicos y la lucha contra el paro. El problema es que ya no hay recursos disponibles en la medida que los había porque estamos inmersos en una crisis y antes de ella los hemos despilfarrado, concretamente en medidas disparatadas como las del Gobierno Zapatero en los años de 2009 y 2010. Por mucho ingenio que le ponga, el amigo Navarro, que se sepa, carece del poder milagroso de multiplicar los panes y los peces. El segundo estriba en poner a punto un nuevo sistema fiscal para que “paguen más los que más tienen”. Después de que un Gobierno de centro-derecha haya incrementado el impuesto sobre la renta y el impuesto sobre los rendimientos del capital a niveles superiores a los que consideran adecuados los comunistas de Cayo Lara, el ingenioso Secretario de los socialistas catalanes deberá esforzarse mucho para superar esta hazaña de Cristóbal Montoro. Además, a partir de una determinada presión fiscal sobre las clases más productivas y más dinámicas de la sociedad -no estamos hablando de los multimillonarios porque éstos tienen sus propios métodos para vivir de manera fiscalmente cómoda y si se les incordia demasiado simplemente deslocalizan sus patrimonios- la recaudación baja, la recesión se agrava y todo el mundo sale perdiendo, especialmente las capas más vulnerables del país, eventualidad que es de suponer un acendrado socialista no desea. Y el tercero pretende “avanzar en el autogobierno catalán”. Teniendo en cuenta que el autogobierno catalán ha conducido a Cataluña a la quiebra después de tres décadas de políticas intervencionistas y malbaratadoras, historia de un fracaso en la que destaca con luz propia la etapa del tripartito, la insistencia en proporcionar más competencias y más dinero a una clase política nacionalista especializada en provocar desastres no parece el camino idóneo a seguir. Es curioso que esta luminaria de la izquierda catalana no contemple para nada en su planteamiento alguna medida que genere riqueza real, que favorezca la actividad empresarial, que elimine trabas a la libertad económica o que mejore la competitividad del tejido productivo de la Autonomía que aspira a volver a gobernar. Cuando se reflexiona sobre las causas profundas que nos han arrastrado a la presente catástrofe, es inevitable concluir que la existencia de políticos en puestos de máxima responsabilidad que no tienen ni idea de cómo funciona la economía, que carecen de los más elementales conocimientos técnicos sobre los mecanismos que garantizan la prosperidad y que se alimentan intelectualmente de cuatro tópicos ideológicos arcaicos, explica perfectamente nuestros males. Las encuestas le vaticinan a Pere Navarro un sonoro fracaso, pero esta circunstancia justiciera no debe alegrarnos demasiado porque todo indica que se avecina el triunfo de un proyecto consistente en hacer pedazos el marco político, jurídico y económico que nos asegura a los españoles, catalanes incluidos, una mínima esperanza de superar nuestras graves dificultades actuales. Desdichado pueblo catalán, perdidas por completo sus tradicionales mesura, continuidad, seny e ironía para precipitarse en brazos del extremismo, la ruptura, la insensatez y la tensión mandibular.

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