Header Ads

Trending
recent

Esperanza Oña | El que ilumina

He estado 12 días de vacaciones. Ya incorporada al trabajo, me he traído muy buenos recuerdos con reflexiones y consideraciones inevitables. Cada viaje nos abre la mente, nos permite aprender y nos ayuda a ser más iguales a los demás. Creo que vemos con claridad rotunda que hay más mundo y más personas, con sus luces y sus sombras.

Vietnam es un destino interesante. A lo largo de la historia ha sufrido mucho con todo tipo de guerras e invasiones. De hecho, hace poco que se reunificó el territorio bajo una sola bandera. El partido comunista vietnamita controla el poder y es el único que se puede presentar a las elecciones. Lo mismo sucede en cada país dirigido por esta ideología “bondadosa” tan alejada de la Democracia que no admite oposición.

Pienso que Ho Chi Minh fue un líder imprescindible, sin leyenda negra conocida, querido por su pueblo, patriota y entregado a su causa. Pero también creo que los políticos actuales de aquel país viven de las rentas apropiándose de una figura grande y engrandecida, casi divina, a la que se hacen ofrendas, que aparece en los billetes, edificios oficiales y en cada rincón del país. La utilizan para controlar y para justificar la exclusión de cualquier otra tentativa electoral.

Me ha gustado Vietnam: los paisajes, la comida, las compras, los templos y pagodas, los túneles del viet cong, el caos del tráfico, el calor y la infinita humedad. Las flores, el café aromático inconfundible, los mercados masificados, han quedado grabados en mi memoria con afecto sincero. Por lo anterior y por sentido común, lamento que la sombra comunista impida definitivamente la libertad y el progreso a una población cansada de abusos, tristezas e intromisión. Ahora la injerencia no es exterior, es interna e ideológica, pero impide y ralentiza.

Los discursos libertarios de IU en España se dan de bruces con la realidad. En Vietnam la enseñanza es gratuita sólo hasta los 12 años y no existen programas de seguimiento asistencial. En consecuencia es frecuente ver a los niños trabajando en horario escolar. Después deja de ser obligatoria y debe sufragarse por los padres y el Estado. Naturalmente muchos niños, ante la falta de recursos económicos familiares, abandonan su formación. La Universidad es gratuita, pero con condiciones. Si el licenciado trabaja en algo que no es lo que estudió, tiene que devolver el dinero del coste de su carrera. El Estado no le garantiza un empleo acorde a su preparación y sin embargo le castiga duramente si encuentra otro que le permita sobrevivir.

La asistencia sanitaria ni es universal, ni gratuita. Sólo lo es para los vietnamitas menores de seis años. En consecuencia, la falta de atención médica es notable y peligrosa, especialmente entre la población mayor que casi vive en el abandono ante esta prestación.

La jornada de trabajo sólo está regulada para los funcionarios. El resto de la población vive en una eterna dinámica laboral. Al despertar, ya nos invade la actividad que no cesa en ningún momento del día. Comen, guisan y lavan los utensilios, en la puerta de sus negocios. En ellos duermen y la familia entera participa de este único modelo común en todo el país. Curioso y entrañable, pero evidenciando carencias demasiado básicas.

Fui, naturalmente, a visitar el mausoleo de Ho Chi Minh. Jamás en mi vida había visto tal veneración impuesta, ni tanto respeto obligatorio a las formas. Estoy segura de que el líder vietnamita no lo deseaba. Él había expresado su voluntad. Quería que a su muerte lo incineraran y esparcieran las cenizas por el norte, centro y sur de la nación. No le obedecieron y el partido comunista ha convertido su cadáver embalsamado en centro de peregrinación política y religiosa.

Nos exigieron falda por debajo de la rodilla a las mujeres y pantalón largo a los hombres, los brazos cubiertos y estirados a ambos lados del cuerpo, no portar ningún objeto y pasar sin parar. Silencio y seriedad absolutos en todo el recinto. Por dentro y por fuera. He visitado multitud de lugares dedicados al culto católico a lo largo de mi vida y jamás se me ha obligado a semejante parafernalia. Resulta sorprendente que los que son enemigos de la religión y la consideran el opio del pueblo, sean más papistas que el papa. Así es la vida. Así es la política. Así es el comunismo.

Ho Chi Minh significa “el que ilumina”. Ese no era su verdadero nombre. Dudo mucho que dedicase su vida a un objetivo que ha terminado convirtiéndose en idolatría nacional a la fuerza. A pesar de ello, respeto la trayectoria del patriota vietnamita. Con todo ello, me ha encantado Vietnam.

No hay comentarios:

Con la tecnología de Blogger.