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¿Qué se esconde tras la inmigración musulmana?

LTY.- Al margen de los intereses de diversa índole (dinero fácil o cálculos electorales a mediano plazo, para cuando estos musulmanes, una vez conseguida la nacionalidad, estén en condiciones de votar para sus benefactores), algunos apreciamos algo más en esta anormal simpatía hacia el islam y en esa alarmante tolerancia hacia su agresiva expansión actual.

Desde hace ya algunos años se viene observando en Cataluña (en determinados círculos e instancias) una sorprendente e inquietante deriva filoislámica que ha tomado una fuerza inusitada en los últimos tiempos, y que sin duda irá a más, a tenor de los episodios que se producen a diario en esa dirección.

A contramano del sentir mayoritario de una sociedad que experimenta un creciente rechazo al fenómeno de la invasión musulmana y la islamización rampante que conlleva, los partidos locales de izquierda y nacionalistas, haciendo gala de una extraña inclinación y benevolencia hacia esa ejército de intrusos, se desviven por ellos y multiplican los gestos amistosos en esa dirección.

En esa política se ven secundados, por una prensa y una televisión de andar por casa, no ya acríticas, sino francamente exaltadotas del mundo religioso-cultural árabe-musulmán, a las que se añade un elenco variopinto de "intelectuales", artistas y saltimbanquis de difícil clasificación, algunos de ellos sin oficio conocido pero con una verborrea afilada, todos ellos entregados por igual a esa fascinación por el islam que es la marca de identidad de esta caterva de "bellas almas" unidos todos en la voluntad de demoler su propia cultura.

Como telón de fondo de esa embelesada admiración y de ese insólito respeto por el moro (aquí en el sentido histórico y aun costumbrista del término: musulmán. No todos ellos son de origen magrebí, sino muchas veces paquistaníes o negros africanos) y sus infinitas lacras morales, sociales, culturales y espirituales, se afirma un progresivo antiespañolismo que no lleva camino de remitir, sino que anticipa la ruptura definitiva (primero sicológica y después quien sabe...) con la patria común.

Se verifica el movimiento siguiente: cuanto más antiespañol es el partido o el medio de comunicación, más proislámico se muestran estos en sus manifestaciones y valoraciones.

Cuanto más agresivamente expresan su desapego de España y todo lo que le atañe, en contrapartida más se prosternan ante el islam.

Cuantas más ofensas y agravios profieren contra todo lo que de una manera u otra, significa o personifica "lo español", más amables, respetuosos y complacientes se manifiestan con el rebaño de Mahoma.

Y mientras el idioma de Cervantes es ya cuestionado como un idioma extranjero para la enseñanza, no obstante ser hablado en Cataluña desde hace 1000 años, y marginado cuanto más posible para la vida institucional y oficial, reducido a una mínima expresión indigna de su categoría e irrespetuosa con la historia, en "casa nostra" ya se está introduciendo el árabe (¡y el beréber -o tamazig!) en el sispero en tema educativo primario (de momento en horario extraescolar, en las escuelas públicas y con profesores pagados por la Generalitat). Y no es la primera vez que la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona, en aparente competición por atraerse el favor de esa legión de futuros votantes, han editado folletos y comunicados en árabe y catalán, pero no en castellano. Incluso en pasadas elecciones se vieron en las paredes de Barcelona carteles electorales en árabe (!?).

Desde hace varios años ya, Cataluña permite que se celebren con grandes helogios las fiestas musulmanas, tanto la fiesta de la Asura como la fiesta musulmana del cordero, que TV3 de Cataluña retransmite en directo, íntegramente y con subtítulos en catalán, ante la presencia babeante de ternura de altos funcionarios autonómicos, el rezo multitudinario en algún polideportivo del barcelonés distrito del Ravalistán (antes Raval), amena y pintoresca barriada donde las distintas policías del Estado desmantelan un grupo terrorista cada 15 días como promedio.

La TV catalana, correa de transmisión mediática del Gobierno autónomo se dedica sin empacho a exaltar el islam y presentarlo ante los ciudadanos como un hecho normal y positivo, desprovisto de toda conflictividad y perfectamente integrado, y demuestra tener la voluntad, los medios y el santo cuajo de dedicarse a halagar el sentimiento islámico de esta marabunta que se nos ha metido en casa sin permiso y que está convirtiendo a Cataluña (el resto de España no es diferente) en una sucursal del Magreb, de Oriente Próximo y de Pakistán bajo la atenta mirada y la cretina complacencia de los tarados que nos gobiernan.

¿Qué hay detrás de este continuo homenaje al islam, de esta antinatural simpatía, a contracorriente de la razón y de la misma Historia, por estos invasores orientales, nuestros enemigos históricos más pertinaces y sanguinarios, que vuelven de nuevo con la misma prepotencia y arrogancia (sin desenvainar en esta ocasión el alfanje, pues los recibimos con los brazos abiertos) que en siglos lejanos para destruir y conquistar nuestro país y poblarlo con su hormigueante prole? ¿Afinidad espiritual? ¿Voluntades compradas? ¿"Donativos" en petrodólares?

No es de descartar que los mismos que se gastan fortunas para fomentar el islam en el mundo, y construir mezquitas, algunas de ellas de proporciones faraónicas, a mayor gloria de Alá tanto en tierras de creyentes como en tierras del infiel, también se dediquen a "invertir" estratégicamente en los sectores "creadores de opinión", en los órganos de información y propaganda, en las empresas manipuladoras de conciencias y lavadoras de cerebros, además de los centros de poder y decisión, en una palabra: los medios de comunicación y la clase política.

Pues si bien hay imbéciles, que por elemental esnobismo seudointelectual o por puro papanatismo progre y multicultural están abonados a este movimiento y trabajan ad honorem por esta causa, también debe haber otros, más espabilados, que han visto ya en esta nueva situación un filón de halagüeñas perspectivas preñadas de billetes verdes, una oportunidad única de llenarse los bolsillos a poco esfuerzo con la tradicional política de sobornos y "bakchichs" (propinas) de la cultura árabe-musulmana.

En Cataluña, como en el resto de España, no faltan los flojos dispuestos a vender a su madre por un puñado de monedas, o mejor dicho, por alguna Samsonite repleta de "cromos" de Benjamín Franklin de curso legal (billetes de cien dólares). El tiempo nos irá diciendo si este novedoso cariño por el islam es genuino o está motivado por razones más prosaicas y al mismo tiempo "sonantes".

Acerca de los motivos no siempre desinteresados de algunos simpatizantes del islam y de no pocos promotores de la islamización de Occidente, se puede leer lo siguiente en "El Código Eurabia", parte IV, disponible en este blog.

"La creación de Eurabia es una de las traiciones más grandes de la historia de la civilización occidental. ¿Significa eso que todos los federalistas o los que participaron en el Diálogo Euro-Árabe son malvados? No, la realidad no es tan simple. Como Hugh Fitzgerald (vicepresidente de Jihad Watch) precisa, “una clase de gente se ha hecho rica con el dinero y los sobornos árabes; abogados, hombres de las relaciones públicas y diplomáticos, periodistas, profesores de universidad y funcionarios.”

"Sin embargo, mientras que la ignorancia, la corrupción y la búsqueda de la conveniencia para conseguir el poder personal explica algo del comportamiento de las élites de Eurabia, no puede explicar el comportamiento de TODOS esos miles de personas que han estado implicadas en estas redes. Algunas de ellas se han convencido de que lo que hacían era por una causa justa, y no es otra razón que la vanidad humana la que exige que justifiquemos nuestras acciones cubriéndolas con una pátina de bondad".

En otras palabras: en esta empresa de islamización que sufrimos, están los tontos útiles que trabajan gratis para los muslines porque creen sinceramente en la bondad de su desvario islamófilo, y están los pícaros sin conciencia que han vendido su alma al diablo por divisas constantes y sonantes. Dios los cria y ellos se juntan.

Al margen de los intereses de diversa índole (dinero fácil o cálculos electorales a mediano plazo, para cuando estos musulmanes, una vez conseguida la nacionalidad, estén en condiciones de votar para sus benefactores), algunos apreciamos algo más en esta anormal simpatía hacia el islam y en esa alarmante tolerancia hacia su agresiva expansión actual. Asistimos, como consecuencia de un severo reblandecimientode las meninges de aquellos que dirigen la cosa pública, al encumbramiento de las nulidades, al entronizamiento de todo lo turbio y lo inferior, que tiene como efecto este acercamiento a nuestros enemigos declarados, y esa sumisión a las influencias corruptoras de un mundo mahometano que es la negación de nuestra identidad moral y espiritual es el sello indeleble de la degradación de la cultura dominante y de la esterilidad de las clases dirigentes, ineptas y agotadas, incapaces ya de liderar ningún proyecto de grandeza para esta sociedad desarbolada y confusa, disminuida en su antigua estatura por el predominio de las mediocridades satisfechas.

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