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Los musulmanes convertidos al evangelio en España atraen a la prensa internacional

Algo más de un mes después de que el diario EL PAÍS publicara un reportaje sobre musulmanes convertidos y bautizados según la fe evangélica, el diario O Globo, uno de los más importantes de Brasil, ha hecho lo propio.

En dicho reportaje, O Globo entrevista a S. Benaessa, un joven marroquí de 34 años de edad que cursa el penúltimo año de un seminario evangélico donde se prepara para ser pastor.

La nota describe la experiencia de los musulmanes que se convierten a Cristo como “un camino duro, que en los últimos tres años va ganando más seguidores”.

“Benaessa, que hace 14 años no ve a su familia, es uno de los alrededor de cien musulmanes convertidos al cristianismo evangélico en España”, señala O Globo. En sentido contrario, informa el rotativo, “pueden llegar a unos 40.000 los nuevos devotos de Alá nacidos en cuna cristiana, cinco siglos después de la expulsión de los musulmanes de España por los Reyes Católicos Isabel y Fernando”.

El rotativo brasileño subraya el riesgo que corren los conversos evangélicos y las razones por las que evitan mostrar sus rostros abiertamente: “Para los musulmanes yo soy un infiel”, recuerda Benaessa, “Y el Corán es claro: para los traidores, la pena de muerte. Mis padres me dijeron que sólo puedo volver a verlos si me re-convierto”, relata.

También cuentan la historia de Samir, que vivía con su familia en Casa Blanca. “Samir culpaba al Gobierno marroquí por el profundo vacío interior que sentía y que el Islam no fue capaz de llenar. Al llegar a España rompió con Dios y, después de un recorrido por el ateísmo, cayó en los brazos de Jesús”.

“Lo bueno de ser cristiano es que todo puede ser cuestionado. No hay preguntas prohibidas, como en el Islam donde, cuestionar, es atentar contra Alá”, explica Samir.

"Este componente represor que muchos atribuyen al Islam no es parte del Corán", asegura la militante feminista Laura Rodríguez, de 36 años, que se confiesa “una rebelde desafiante e incurable”. A ella, no obstante, lo que la atrajo no fue la religión: “Al conocer el Islam me di cuenta de que no es una religión, sino una forma de vida. Hay una pequeña parte de este estilo de vida que es el lado espiritual”, afirma, pero a ella lo que sí le atrajo fue “la recuperación del sentido de justicia de género, la justicia social y la igualdad”.

Proveniente de una familia católica tradicional, Laura llegó al Islam a través de su trabajo como trabajadora social con inmigrantes musulmanas, aunque reconoce que si hubiera sido por la interpretación del Corán que tenían estas jóvenes, jamás se hubiera convertido. Fue tras un proceso de diez años, dice, "tomando contacto con la Teología de la Liberación Islámica, y la lectura de textos islámicos feministas, que pudo dibujar un escenario opuesto a la realidad de muchas mujeres musulmanas sumisas, rotas, humilladas y sometidas a sus maridos”.

Fuente: O GLOBO/Priscila Guilayin | Traducción y redacción: ACTUALIDAD EVANGÉLICA

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