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Por qué engordan los musulmanes cuando ayunan

El Corán lo ha dicho: “Comed las cosas buenas que os hemos prodigado para vuestro sostenimiento, pero no cometáis excesos”.

Para ejercitarse en ese mandamiento de sobriedad, erigido en uno de los cinco pilares del islam, 1.300 millones de musulmanes acaban de inaugurar el mes santo del ayuno, el ramadán. Comer y beber está prohibido desde el amanecer hasta la caída del sol.

Como afirma Francisco de Andrés en ABC, la práctica, vivida con un envidiable espíritu de solidaridad en toda la comunidad musulmana, es excelente para la renovación del espíritu, pero muy pocas veces contribuye a estilizar la figura. Los estudios indican que dos terceras partes de los musulmanes ganan peso durante el mes de ramadán.

¿Razones? Cualquier dietista se llevaría las manos a la cabeza al observar la tradición común a casi todos los países árabes. De entrada, y para romper la ansiedad, la ruptura del ramadán al atardecer comienza con un aperitivo de dátiles frescos y abundante agua. Poco después de la oración de la noche la familia se sienta a la mesa para la comida principal, muy abundante en hidratos de carbono. Es tradicional que a continuación se produzcan visitas a familiares y amigos, que ofrecerán los “dulces de ramadán”, auténticas bombas caloríficas de miel y hojaldre. Antes del amanecer, a las tres y media de la madrugada, algunos se levantan para tomar la última comida permitida y coger fuerzas para resistir la jornada solar de ayuno.

Muchos no podrán resistir el exceso de comida y el poco sueño, y se tomarán una siesta reparadora por la tarde en su lugar de trabajo.

Las mujeres acumulan “factores de riesgo”. La cultura patriarcal y machista explica que las jornadas de la mujer en ramadán consistan muchas veces en prolongar sus horas de cocina, preparando la comida de la noche. Las mujeres árabes -con la salvedad de las ricas- no tienen acceso fácil al deporte, lo que contribuye a la vida sedentaria y al impacto aún más letal del ramadán en sus zonas sensibles. Muy pocas se atreven a utilizar la pesa de baño durante este mes. Craso error. La ropa holgada hace imperfectible a la mirada el progreso de su figura, y el final del mes del ayuno suele coincidir con el comienzo del mes de las lamentaciones.

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