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Aleix Vidal–Quadras | Cambio de Sistema

España se encuentra sometida desde el inicio de la crisis hace cuatro años a un proceso de deterioro progresivo que las políticas aplicadas por el anterior Gobierno socialista y por el actual del PP no sólo no aciertan a detener, sino que, por el contrario, agravan la situación al actuar de manera excesivamente lenta y no suficientemente incisiva sobre los problemas que padecemos. Si examinamos, por ejemplo, el nivel de paro juvenil, la cifra del 52% es auténticamente estremecedora. Una sociedad en la que de cada dos activos entre 18 y 25 años uno carece de empleo se encuentra próxima al colapso porque está secando la fuente de su futuro. Si a este dato deprimente se añade el hecho de que el 18% de nuestros jóvenes parados ni estudia ni trabaja, es decir, han tirado la toalla y se debaten entre la apatía, la pérdida de autoestima y la delincuencia, la certeza de un fracaso colectivo sin precedentes se impone sin paliativos. Por supuesto, este es un elemento de nuestras presentes desgracias especialmente lacerante en la medida que afecta a la parte más vulnerable y esencial de nuestro capital humano, pero se sitúa en el conjunto de una panoplia de señales de alarma todas igualmente en rojo, la calificación de bono basura para la deuda autonómica, la rigidez del déficit público, la parálisis del crédito, la ofensiva separatista en Cataluña y en el País Vasco, la espada de Damocles del rescate gravitando sobre nuestras cabezas, y así podríamos seguir. Hemos alcanzado ese punto terrible en el que, como decía Tácito de los últimos tiempos de la República romana, no podemos soportar ni nuestros males ni sus remedios. En efecto, la obligación ineludible de equilibrar el presupuesto del Estado nos conduce a todo tipo de medidas de austeridad que derivan en recortes de beneficios sociales, de inversión en infraestructuras, de fomento a la investigación y al desarrollo y de salarios de los funcionarios, acompañadas de fuertes subidas de impuestos directos e indirectos. Semejante esfuerzo de ahorro se traduce de inmediato en una caída de la actividad económica que a su vez disminuye la recaudación tributaria con la consiguiente necesidad de incrementar la presión fiscal y el desencadenamiento de una espiral descendente y perversa que nos hunde cada vez más en el hoyo. Mientras, los dos grandes partidos se resisten a tomar de común acuerdo las decisiones requeridas para transformar nuestra estructura territorial e institucional con el fin de hacerla viable y sostenible. En cuanto a los nacionalistas, vuelan como buitres sobre el cuerpo exhausto de la Nación esperando el momento de darse el festín. El escenario se corresponde al de un próximo cambio de sistema, tal como sucedió en la Roma del siglo primero AC o más recientemente en el paso de la cuarta a la quinta República en Francia o de la primera a la segunda en Italia. Dado que este paso es inevitable, sería mucho mejor y menos traumático que los que hoy tienen en sus manos las palancas del Estado en España pilotasen esta maniobra de forma responsable y valiente, como sucedió durante la Transición, que quedarnos todos al albur de una convulsión potencialmente violenta e impredecible. Es por eso que se ha puesto en marcha la iniciativa www.reconversión.es, a la que invito a adherirse a los millones de españoles que me consta comparten el análisis que acabo de exponer.

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