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Aleix Vidal-Quadras | Un análisis que no resiste un análisis

La Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales es un taller de pensamiento muy prestigiado, que ha hecho y hace contribuciones muy valiosas a la hora de entender los problemas de la sociedad española y del contexto global en el que pugna por seguir a flote. Si se examina la larga lista de publicaciones que ha producido desde su puesta en marcha hace ya un cuarto de siglo por José Mª Aznar, se hallan trabajos de los pensadores más acreditados en los campos económico, político, histórico y social tanto de nuestro país como del mundo occidental en general. Algunos de los libros o de los ensayos nacidos bajo su impulso y patrocinio son auténticamente notables y representan aportaciones decisivas a la elucidación de las grandes cuestiones de nuestra época. De hecho, cuando el ex-presidente del Gobierno eche la vista atrás dentro de veinte o treinta años, cosa que podrá hacer dada su excelente salud, estoy seguro de que uno de los logros de los que se sentirá más orgulloso, sino del que más, será la creación y consolidación de un centro de generación de ideas de tal potencia y excelencia. Por eso resulta insólito que haya surgido de FAES una Nota Editorial tan extraña como la del último número de sus Cuadernos. Desde la primera línea el lector se ve sumido en el desconcierto porque nada de lo que se le dice en este breve texto encaja con la realidad que vivimos ni es internamente consistente. Si, tal como afirma el editorialista, todo lo que nos sucede era previsible y conocido de antemano, incluso desde hace años, la pregunta que emerge inevitable es por qué no se acudió a las elecciones generales de noviembre de 2011 con un plan detallado de acción que comprendiera una estrategia completa y una agenda exhaustiva de iniciativas legislativas a implantar en los dos primeros meses de actuación del nuevo Gobierno en vez de someter a la ciudadanía a un goteo pausado y gradual de reformas específicas, prolongando la angustia y la incertidumbre que la propia Nota denuncia y provocando la creciente impaciencia de los mercados y de nuestros socios comunitarios. Un diagnóstico previo profundo y perfecto casa mal con la carrera a trompicones contra los acontecimientos a la que hemos asistido a partir del pasado enero. Tampoco parece lógica la proclamación de la bondad del programa electoral de la actual mayoría, al que se califica de referencia fundamental, cuando el propio jefe del Ejecutivo ha admitido públicamente que se ha visto obligado a desdecirse del mismo en bastantes de sus puntos esenciales. Si ese programa encerraba la solución a nuestros males, males que estaban exacta y rigurosamente detectados, la senda emprendida de abandono de sus términos centrales adquiere un carácter absurdo. Otro aspecto contradictorio con la trayectoria y la filosofía de FAES es la regañina a la sociedad civil por reaccionar ante la aparente impotencia de las elites políticas frente a la crisis alumbrando propuestas, animando debates y haciendo recomendaciones a los gobernantes. Una entidad destinada precisamente a aprovechar los mejores activos intelectuales y morales de nuestros ámbitos académico, empresarial, profesional y cultural para elaborar doctrina sobre los temas que en cada momento preocupan a los españoles no es la más indicada para descalificar como arbitristas o sedicentes portavoces de la ciudadanía a los que con la mejor voluntad intentan añadir su grano de arena al agitado bullir del contraste de perspectivas que puebla la red y el conjunto de medios a partir del estallido de las burbujas inmobiliaria y financiera. Ahora bien, FAES tiene razón cuando constata que nuestras desgracias rebasan lo económico y alcanzan lo institucional. La pena es que esta muestra de lucidez no vaya acompañada de la extracción de la consecuencia obvia: la necesidad de un replanteamiento integral de nuestro sistema político y constitucional, de nuestro modelo productivo y de nuestra contextura ética si de verdad aspiramos a superar una de las peores etapas de nuestro devenir contemporáneo. En una coyuntura en la que el ministro de Economía acaba de comunicarnos que nos encontramos al borde de no poder pagar las nóminas de los funcionarios, más vale que la sociedad se mueva y extraiga de su seno las fuerzas saludables y espontáneas que la salven de los bienintencionados administradores del statu quo porque a base de análisis que no resisten un análisis saltaremos de apaño en apaño hasta el derrumbe final.

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