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Óscar Rivas | ¿Perroflauta? Tú sí que vales

Te sientes muy ufano, perroflauta. Has quemado Valencia y quieres quemar España. Te flipa, lo que no significa que seas un pirómano vocacional. No podías elegir. Las circunstancias te negaron esa opción. O más que las circunstancias, los fascistas, que son quienes ahora gobiernan el país. ¿Fascistas, los peperos? preguntará el ignorante. Por supuesto. Todos ellos lo son. Sin excepciones. Lobos con piel de cordero. Liberales, conservadores… los mismos fascistas con distinto collar. ¿Derecha civilizada? Otra majadería, ¿cómo puede existir civilización donde gobierna la derecha? Es imposible, infieres. ¡Puto país! Cierto es que nunca te tuviste por patriota -¡que le den al patriotismo!-, pero ahora que sabes que hay tanto mal nacido como para permitir que esta morralla gobierne, lo detestas profundamente. De ahí que creas necesario prender fuego a España; que solo quemando sus malas hierbas, lograrás arrancar el mal de raíz. Eso piensas.

El problema, perroflauta, es que piensas poco, y cuando piensas, piensas mal. Estás en la edad. Se te da mejor la flauta. O el diábolo. O la mentira. Porque mientes mucho. Más que hablas. Si hasta aseguras preocuparte por los cinco millones de parados. Como si te importaran. Imagino que no ignorarás que éstos ya se hallaban sin trabajo en noviembre, cuando llegó el PP ¿por qué hasta entonces no te importaron? Por cierto, ¿dónde estabas tú en aquellos tiempos? Doy por seguro que tocando la flauta. También protestas contra una reforma laboral que, a tu parecer, favorece el poder empresarial. A mi tampoco me complace, otro día te lo cuento. Solo que meses antes de esta reforma, hubo otra reformita, en este caso del PSOE, que recortó como nunca antes los derechos de los trabajadores. Tampoco te vi en barricada alguna. Supongo que estarías en la uni estudiando, o en la calle, bailando al perro al ritmo de tu flauta, o a lo peor, hasta te encontrabas en casa con papá.

Anda, se franco, di la verdad: reconoce, perroflauta, que no eres un proletario; que el obrero más cercano a ti es un pariente lejano de un tío segundo de tu cuñada. De otro modo sabrías que quienes viven de su trabajo no tienen tiempo de montar barricadas; como tampoco los parados están por la labor de favorecer a quienes con su inepcia, agravaron su situación; prefieren invertirlo en encontrar trabajo. Son así de raros. Es lo que tiene cargar con una hipoteca. Aunque tú que sabes de hipotecas, ni de proletarios, si tampoco tu padre lo es. Es, simplemente, papá. Y tu, simplemente, su hijo. Hijo de papá. Un niño pijo cualquiera al que se le consiente el divertimento de jugar a ser proletario por un día, o dos, o tres… hasta que dure la tontería. O hasta que papá decida que se acabó y te matricule en una escuela de negocios como Dios manda. En unos años, las barricadas y el proletarismo servirán para que te eches unas risas. Qué menos. ¿Y de las rastas, el perro y la flauta? ¿Qué será de ellos? Pues para otras risas. Para entonces ya te habrás convertido en un fascista pata negra, esto es, del PSOE, ¿verdad, perroflauta? Tú sí que vales.

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