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Así es el nuevo terrorista musulmán: puede beber alcohol, fumar cigarrillos, comer carne de cerdo o traficar con drogas

El terrorismo yihadista más extremo y violento se ha asentado en España y quizás suponga ya la mayor amenaza para la seguridad del país.

Un informe editado el pasado mes de enero por el Ministerio de Defensa, que se hace eco de informaciones del Centro de Nacional de Inteligencia (CNI) y de las fuerzas de seguridad, alerta de «síntomas inquietantes» de la presencia en la península y Melilla de individuos o células de la Takfir wal-Hijra (Anatema y Exilio), el grupo «precursor de la propia Al Qaida» y la «más radical de las versiones del salafismo yihadista» de la que se tiene noticia.

Esta corriente, partidaria de la «yihad sin reglas» y que aspira a convertir todo el planeta en un «califato mundial bajo un gobierno regido exclusivamente por la sharia o ley islámica», tiene bases en Barcelona, Valencia, Málaga y Madrid, entre otras zonas. Según el estudio Movimientos Islamistas en España del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), el centro de investigación de Defensa, que firman dos de los más reputados analistas de Defensa sobre este tema (José María Blanco y Óscar Pérez Ventura), tanto el CNI como los servicios de información de la Policía ya han detectado movimientos de Anatema en cuatro mezquitas de Barcelona y dos de Valencia, «dirigidas por imanes argelinos y marroquíes». En ellas se «practica el proselitismo y la captación de nuevos seguidores, utilizando como señuelo la formación religiosa».

Aunque los expertos españoles reconocen que la Takfir «no posee una ideología muy elaborada» y solo se inspira en el «retorno a un islam primigenio», sus métodos violentos no conocen límites. «Como la más radical de las versiones del salafismo yihadista, los takfirís no dirigen su hostilidad solo contra los responsables políticos y fuerzas de seguridad contemplados como adversarios, sino también contra el conjunto de la sociedad que sostiene y elige democráticamente a esos gobiernos», afirma el informe. «Este grupo también considera enemiga a la población musulmana que no apoya la causa yihadista, incluidos ancianos, mujeres y niños», explica el documento.

Según el IEEE, «nada es ilícito para un takfirí, ni está fuera de sus límites, para perseguir una yihad sin reglas». Se les permite «no cumplir los preceptos del islam» con tal de pasar «lo más desapercibido posible dentro de las sociedades y entornos occidentales que pretenden aniquilar».

Pueden beber y comer cerdo

Un takfirí puede beber alcohol, fumar cigarrillos, comer carne de cerdo, vestir como un occidental, no llevar barba, no realizar los rezos obligatorios en la mezquita o incluso delinquir y traficar con drogas para poder conseguir recursos para llevar a cabo la yihad, como ocurrió con, al menos, dos de los autores del 11-M. Precisamente, en relación con los atentados de Madrid, el estudio del Ministerio de Defensa sostiene que la Takfir fue el «motor ideológico» de la masacre de la capital de España, hasta el punto de que en el piso de Leganés en el que se produjo el suicidio colectivo se encontraron archivos en varios ordenadores que hablaban sobre este movimiento y su ideología.

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